XX. Prescott y la Conquista
Publicación original: Novedades — Sección Editorial, 24 de mayo de 1948.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Historia e Hispanidad.
Gajos de la epopeya
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
XX
PRESCOTT Y LA CONQUISTA.
El con justicia célebre historiador norteamericano Prescott jamás pudo desprenderse por completo de los prejuicios que los anglosajones y protestantes suelen tener respecto al papel histórico de España y del Catolicismo. Sin embargo, la pericia de Prescott en las disciplinas de la Historia, al estudiar concretamente la de la Conquista de México, impuso en forma ineludible a su espíritu mucho del fulgor de la verdad. La expresión de ésta, en sus labios, asume un excepcional valor de objetividad, porque el manifestarla no es resultado de mirar las cosas desde posiciones tomadas previamente a la investigación, sino todo lo contrario. Inclusive hay que reconocer que el interés de la raza y la religión que predominan en la psicología del pueblo a que Prescott perteneció, le exigían el ocultar en el impenetrable ámbito de su conciencia algunas verdades por él dichas. Pero resulta que, vista ya de cerca la impotente grandeza material y moral del héroe y de la hazaña de la Conquista, los prejuicios inevitables de Prescott –que ensombrecen, aquí y allá, el texto de su obra- no fueron capaces de acallar el entusiasmo que por fuerza suscita la consideración de una estupenda y heroica realidad, y el gran deseo que de afirmarla y publicarla brota, por impulso espontáneo, en el que, quiere ser investigador de hechos positivos y no propagandista de un interés político.
Ello explica, entre otras cosas, ciertos notabilísimos juicios de Prescott sobre Cortés y sus obras. La substancia verdadera de estos juicios es compartida por cuantos no tienen telarañas en los ojos y por quienes carecen de compromisos con los actuales enemigos del fundador de México. Las palabras con que los enuncia son conocidas de los estudiosos de nuestra Historia. Mas nuestro interés se finca en darlas a conocer al público no especialista. Insistir no en la novedad, que no tienen, sino en quién las dice. Las avala y realza, el provenir de una mentalidad adversa a aquello por lo que Cortés luchó y triunfó: la cultura hispánica y católica como médula de la autenticidad de México.
Escuchemos lo que afirma Prescott sobre el modo de hacer la Conquista, no sin censurar a quienes quisieren ocultar lo que él juzga las crueldades y crímenes –y que, digámoslo de paso, no siempre lo son- del capitán extremeño y sus hombres:
“Lo excesivo de la crueldad de los conquistadores no puede medirse por lo excesivo de los padecimientos del pueblo invadido”… “En el presente caso gran parte de los crueles trabajos que pasaron los sitiados, puede imputárseles a ellos mismos, a su patriótica y desesperada resistencia… No entraba en los deseos ni en los intereses de los españoles arrasar la ciudad ni exterminar a sus habitantes; y lejos de ello, cuando cayeron prisioneros algunos de éstos, se les trató afablemente, se cubrieron sus necesidades y se trató de infundirles un espíritu de conciliación. Y TODO ESTO NO OBSTANTE LA NEGRA SUERTE QUE ELLOS RESERVABAN A LOS CAUTIVOS CRISTIANOS”… “Considerada en su conjunto, desde la invasión hasta la toma de la capital, se verá que la Conquista de México fue llevada respectivamente con poca inhumanidad”… “Los compañeros de Cortés no usaron de crueldad para rendir a sus míseras víctimas”.
Y de Cortés en concreto, en esto de la crueldad, agrega:
“No era cruel por mera crueldad: no permitía que se ultrajase a enemigos indefensos, lo cual parecerá que es pequeña alabanza, pero que ciertamente es una excepción de la conducta que generalmente seguían los conquistadores de entonces”. (Nosotros podemos añadir: “y de ahora”, recordando que un compatriota de Prescott –con representación oficial-, dio su aquiescencia al asesinato de Mussolini con todo el infrahumano sadismo de que en ello se hizo gala)… “Aun se pudiera añadir que era severo en exigir el cumplimiento de las órdenes destinadas a proteger las personas y propiedades de los conquistados; lo cual no era poco arriesgado…”

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