XV. Cortés y el municipio mexicano

Identificador: GE-013.
Publicación original: Novedades — Sección Editorial, 19 de abril de 1948.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Historia e Hispanidad; Política y sociedad.

Gajos de la epopeya

Ilustración de XV. Cortés y el municipio mexicano

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

XV

CORTÉS Y EL MUNICIPIO MEXICANO.

Cortés manifestó durante la conquista de Anáhuac, y después de la caída de Tenochtitlán, durante el tiempo de su gobernación, un notable sentido jurídico. Hay que atribuirlo, lo mismo que a sus latines de Salamanca y a sus años en el oficio de escribanía, a una personalísima tendencia sostenida, además, por la en él viviente tradición secular española, tan entrañablemente popular, que no concebía que los negocios públicos y privados pudiesen marchar bien si no era conforme a Derecho.

Ese espíritu jurídico explica la formalidad ejemplar con que, en la playa de Vera Cruz, primero en Tepeaca o Segura de la Frontera, después al comienzo de la campaña de aislamiento de Tenochtitlán-, y, finalmente, tras la derrota de los aztecas, en Coyoacán, don Hernando logra la fundación de sendos municipios según la usanza tradicional española. Es particularmente notable el nacimiento del municipio veracruzano, porque se realizó merced a la antiquísima y de verdad democrática institución peninsular del “concejo abierto”, en el que todos y cada uno de los vecinos emitían en forma directa su voto. En esa ocasión se trataba de dar base jurídica a la empresa conquistadora. Para ello no bastaban los deficientes títulos que a Cortés había conferido Velásquez, quien no tenía facultad para poblar en tierras continentales.

En la imposibilidad de comunicarse desde luego con la autoridad regia, los compañeros de Cortés se constituyeron en cuerpo político, Y dice así la relación en que a aquella autoridad –la reina doña Juana y Carlos V- se da cuenta del suceso: “…nos juntamos todos en concordes de un ánimo y voluntad, y hicimos un requerimiento al dicho capitán (Cortés), en el cual dijimos que, pues él veía cuanto al servicio de Dios Nuestro Señor y al de vuestras majestades convenía que esta tierra estuviese poblada… le pedimos y requerimos que luego nombrase para aquella villa que se había por nosotros de hacer y fundar alcaldes y regidores en nombre de vuestras reales altezas… Pareciéndonos, pues, muy excelentísimos príncipes, que para la pacificación y concordia dentre nosotros y para nos gobernar bien convenía poner una persona para su real servicio que estuviese en nombre de vuestras majestades en esta villa, y en estas partes, por justicia mayor y capitán y cabeza… y visto que a ninguna persona se podría dar mejor el dicho cargo que al dicho Fernando Cortés… le proveimos en nombre de vuestras reales altezas, de justicia y alcalde mayor, del cual recibimos el juramento que en tal caso se requiere: y hecho como convenía al servicio de vuestra majestad, lo recibimos en su real nombre en nuestro ayuntamiento y cabildo por justicia mayor y capitán de vuestras reales armas, y ansí está y estará hasta tanto que vuestras majestades provean lo que más convenga a su servicio”.

Y Bernal dice, además, que se hicieron alcaldes y regidores a Alonso Hernández Puerto Carrero y Francisco de Montejo. Y asimismo, se hizo la designación de los cargos castrenses de capitán para las entradas y de maestre de campo y de alférez; los policíacos de alguacil mayor y de alguaciles de real; y los hacendarios de tesorero y de contador. Todo ello, ante la fe del escribano real competente.

Posteriormente, se hizo la traza de esta Villa Rica de la Vera Cruz, señalándose en el terreno escogido lo correspondiente a la iglesia, a la plaza y a las atarazanas según el uso de España. Y además, se alzó una fortaleza “desde en los cimientos”, obra en el que Cortés, para ser siempre el primero en todo lo que supone acción fundacional, “comenzó el primero a sacar tierra a cuestas y piedras e ahondar los cimientos”: con lo que tenemos el magno rasgo tan simbólico, de que Cortés fue, cronológicamente, el primer constructor de edificaciones de tipo occidental en México.

“Así fue como se fundó Veracruz, por un acto de suprema democracia, el primero en el Nuevo Continente”. Y hay que agregar que era también la primera raíz de la Nación y del Estado mexicanos.

Ello fue el 24 de abril del año de gracia de 1519. Puntualmente. EL SÁBADO DE ESTA SEMANA se cumplirán cuatrocientos veintinueve años de acaecimiento tan memorable para México y para toda América. Lo doloroso es que no consagramos un recuerdo, una celebración –siquiera modesta-, para fasto tan verdaderamente grande y nacional que merecería la mayor pompa.

Y lo que es el colmo: más recuerdan el fasto del 24 de abril los extranjeros que los mexicanos. Cuatro años hace, un norteamericano, muchas veces alcalde de Milwaukee, vino de visita para pasar esa fecha en tierra mexicana. Buen chasco se habrá llevado al ver que por acá nadie se acordaba de acontecimiento tan extraordinario desde tantos puntos de vista, y tan apretadamente vinculado a nuestros orígenes históricos. Hay que pensar en lo que se diría en los Estados Unidos si allá pasase algún año totalmente inadvertido el aniversario del desembarco de los llamados “peregrinos” del “Plymouth”; suceso, por cierto, que, comparado con la fundación de Veracruz, viene a ser en la constelación histórica una estrella bien pálida y menor.

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