Técnicos municipalistas

Identificador: DM-225.
Publicación original: Novedades, 24 de noviembre de 1952.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Política y sociedad.
Ilustración de Técnicos municipalistas

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

En Méjico, el interés por lo municipal suele adolecer del vicio de lo intermitente y esporádico. Nos falta la atención sostenida, la devoción constante e intensa que exige la importancia del problema de nuestro Municipio, que es nada menos que un problema de verdadera frustración histórica de una institución básica y de una tradición ilustre.

Estos días, siquiera, se han subrayado en la prensa destacados tópicos municipalistas. Por una parte, el Senado ha tenido el tino de rechazar un viejo proyecto de alguna legislatura local, que pretendía extender a las capitales de los Estados el impopular sistema que rige a la fecha en el Distrito Federal, es decir, pedía para aquéllas la desaparición del municipio correspondiente a la atribución de las responsabilidades administrativas al Ejecutivo de cada entidad federativa. La actitud senatorial no puede ser, en esta vez, más obviamente encomiable.

Por otro lado, la Secretaría de Bienes Nacionales ha hecho declaraciones muy atinadas en lo general sobre la conveniencia de difundir en el país la idea del plano regulador de las poblaciones. Ojalá que, sin incurrir en la totalitaria manía de despreciar lo valioso que pueda haber en las manifestaciones espontáneas del crecimiento urbano, se extienda la convicción de que es preciso impedir que ese crecimiento sea anárquico e imprevisor.

A lo anterior, hay que agregar la importante iniciativa de instituir un Banco Nacional de Crédito Municipal con las participaciones fiscales de los municipios, que constituirían a éstos en los solos accionistas y que servirían para financiarles sus servicios públicos. En esto último, digámoslo de paso, apunta la ventaja de independizar al Municipio de los Gobiernos de los Estados, pero habría que evitar también cualquier pretexto para que una indeseable ingerencia de la Federación no convirtiese la medida en un simple cambio de servidumbre para las comunas y las sujetase, a la postre, a la esclavitud de una colosal centralización de alcances nacionales.

Este proyecto nos ha hecho pensar que, si alguna vez llega a cumplirse, puede ser el camino más expedito para obtener algo de lo mucho que hay que tener presente no obstante que nuestras tristes realidades de hogaño lo hagan aparecer como distante y utópico: la preparación en Méjico de un equipo considerable e idóneo de técnicos en toda la variada gama de asuntos municipales.

Ello sería factible si el Banco que se sugiere, al entrar en funciones, asignase una partida suficiente para sostener un Instituto de Estudios Municipalistas, cuyos egresados vendrían a ser, al cabo de no mucho tiempo por cierto, una poderosa fuerza de capacidad técnica que ayudaría a transformar en grado increíble el aspecto material de nuestras comunas, el funcionamiento de sus servicios públicos y aun la misma eficacia general del gobierno de las localidades.

La formación de técnicos municipalistas la venimos propugnando desde hace dos lustros. Y aunque el problema previo de nuestros municipios –como el de toda la Nación- es fundamentalmente moral antes que técnico, forzoso es pensar en todos los aspectos. Por si alguna vez se resuelve lo medular, bueno es tener pensado lo que lo accesorio pide.

Resuelto el problema de moralizar el Municipio y de darle un Estatuto de veras conforme con sus esencias sociológicas –del que por hoy carece-, considérese lo que significaría la existencia de técnicos especialistas en el urbanismo en el amplio sentido del vocablo, y que hicieran de la ciencia de la ciudad una carrera y profesión de seguro, honrado e importante porvenir, para quienes las preocupaciones municipales, los problemas de las localidades y su resolución fuesen la propia inquietud y oficio. Cuánto se lograría, con ello, en orden a terminar con la ineptitud y la falta de interés de los funcionarios administrativos en lo comunal.

En estrecha comunicación de datos con los municipios, en entusiasta colaboración con los congresos municipales que periódicamente ya se celebran, estos especialistas, a través del Instituto o Institutos de Municipalismo, promoverían estudios y prácticas de urbanismo así rural como citadino en los múltiples aspectos de lo sociológico, económico, jurídico y estrictamente administrativo. Sus observaciones, sus estadísticas, sus conclusiones, sus intercambios de referencias y de literatura con los organismos municipales del extranjero, llegarían a integrar un acervo invaluable de consulta rigurosamente técnico, a disposición de toda la vasta red nacional de municipios. Y el equipo humano constituido por tales especialistas sería una oferta constante y una posibilidad idónea de servicio de que cada localidad podría echar mano en todo momento como coadyuvante para asesorar o para resolver en forma directa sus peculiares problemas urbanísticos a la luz de una experiencia vasta, de un criterio profesional y responsable.

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