¿Quiénes son los bárbaros?

Identificador: DM-221.
Publicación original: Novedades, 27 de octubre de 1952.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Fe y vida religiosa, Política y sociedad, Prensa y medios.
Ilustración de ¿Quiénes son los bárbaros?

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Se ha inaugurado en la Ciudad Eterna una iglesia puesta bajo patrocinio de San León, papa primero de este nombre, y llamado “el Magno”, quien en memorable episodio logró persuadir al “azote de Dios”, Atila, de que prescindiese del saqueo de Roma. Esto ha dado coyuntura, ante una muchedumbre de 150,000 católicos, para una alocución pontificia singularmente vigorosa, cuya materia, intención y énfasis exigen subrayarse.

La “cabeza” de un colega capitalino refirióse a la noticia como a un llamado del Papa contra los bárbaros. Y comentaristas poco atentos o extrañamente unilaterales se apresuraron a dar al discurso papal un sesgo exclusivamente anticomunista. Casualidad, si se quiere, pero aquella “cabeza” y estos comentarios consuenan a maravilla con la táctica en uso desde que existe el estado de “guerra fría”; glosar sólo en contra del comunismo cuanta declaración vaticana condena lacras y señala riesgos históricos de nuestro tiempo.

La verdad es muy otra. Al tenor de los conceptos que del discurso se cablegrafiaron, el Jefe de la Cristiandad, más que convocar expresamente a una cruzada, hace a todo el mundo, y más viva al cristiano, una nueva advertencia, paternal, angustiada, sobre el peligro, sin precedentes equiparables, de lo que bien podría llamarse, sí, la barbarie de estos días. Barbarie tan absoluta y decidida en su inmisericordia, que se comprende “muy bien que hoy en día resultaría vano pedir al Papa que se adelantara (hacia ella) para detenerle y evitar que propague la ruina y la muerte”. El Pontífice, al propio tiempo, señala con valerosa franqueza, propia de su oficio de pastor, cuál sea la índole de los nuevos bárbaros, de los lobos que amenazan ahora al rebaño confiado a su custodia.

Esto último es lo más notable, y viene a corroborar la ortodoxa sensatez de las actitudes que han rechazado con noble insurgencia el falso dilema “capitalismo o comunismo”, y que han proclamado que estas dos posiciones son al par enemigas del nombre cristiano.

En efecto: “Hoy en día –expresa Pío XII-, no sólo Roma e Italia, sino el mundo entero amenazado. No nos preguntéis quién es el enemigo ni cómo va vestido…” Es obvio, en este lenguaje, el esmero en resguardar la estricta posición apolítica de la Iglesia. Pero ello no impide la claridosa firmeza que a renglón seguido indica en dónde se encuentran y quiénes son todos los bárbaros modernos: “El enemigo se halla en todas partes… Sabe ser violento y sutil. EN ESTOS SIGLOS ÚLTIMOS (SUBRAYAMOS NOSOTROS), TRATÓ DE PROVOCAR UNA DESINTEGRACIÓN MORAL, INTELECTUAL Y SOCIAL DEL Cuerpo Místico de Cristo… Quería naturaleza sin gracia; razón sin fe; libertad sin autoridad y algunas veces autoridad sin libertad. Es un enemigo que cada vez SE HA HECHO MÁS PRECISO, CON UNA IMPLACABILIDAD QUE NOS ASOMBRA…”

Sin asomo de duda, se está aludiendo así no sólo a la actual amenaza comunista, sino igualmente a todo el previo proceso anticristiano –y aun antirreligioso- de los “siglos últimos”, que viene a descararse, a hacerse “más preciso” e implacable y “violento” en el amago soviético, pero que tuvo sus primeros estadios en la llamada Reforma en la “Ilustración” volteriana del Siglo XVIII y en la corriente liberal. Secuencia histórica e ideológica que, “sutil”, empezó por pregonar –nos lo recuerda el Pontífice-: “Cristo, sí; la Iglesia, no”; y que, según tiempos y circunstancias, avanzaba otro paso para afirmar algo más todavía: “Dios, sí; Cristo, no”; para finalmente, cuando la coyuntura lo permitía o aconsejaba, adelantar incluso la declaración abierta de su meta última, coincidente con la que en el comunismo siempre ha sido expresa y sin tapujos: “Dios ha muerto, o, más bien, Dios no existió jamás”.

Los bárbaros, en consecuencia –recojamos la expresión del colega “cabecero”, no son en la mente del Vicario de Cristo solamente las fuerzas del bolchevismo militante, sino también todas aquellas otras que le prepararon y le siguen aún desbrozando el camino –no está muy claro si ciega o deliberadamente- para consolidar su ya actual prepotencia.

Tales son las fuerzas que de siempre han sido enemigas del sobrenaturalismo cristiano. Las que declararon la fe patrimonio de los espíritus débiles y quisieron deificar la razón, incluso en la persona de una mujerzuela en el acto de satanismo público más abominable de la Historia que profanó el sacro recinto catedralicio de Notre Dame. Las mismas fuerzas que fueron, con todo cálculo, inconsecuentes predicadoras simultáneas de la desorbitada libertad individual –“libertad sin autoridad”-. Las mismas fuerzas que persisten, con ímpetu cotidiano y creciente, en difundir publicaciones y espectáculos “que matan la modestia en la juventud y destruyen el amor en el matrimonio”. Contumaces en desterrar a Dios de la vida familiar, de la escuela, de la vida pública, de las reuniones “donde se decide la paz o la guerra”, y que criminalmente siguen provocando ésta con la prédica de “un nacionalismo que (a ella) conduce”.

Malicioso, vano empeño querer reducir los alcances de cuanto el Papa ha venido afirmando siempre sobre las causas que han originado la presente humanidad: esclava de “una economía sin Dios, un derecho sin Dios y una política sin Dios”.

No es sólo el comunismo, no es él solo…

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