Profecía del Comunismo

Identificador: DM-119.
Publicación original: Novedades, 21 de noviembre de 1950.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Donoso Cortés, liberalismo, comunismo y previsión histórica.
Ilustración de Profecía del Comunismo

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Si los hombres han de enfrentarse, sin afeminados circunloquios, a la realidad de esta hora patética; si no se tiene miedo de la verdad; si no nos acomete el vértigo ante la consideración de las trágicas e inminentes posibilidades históricas, vale la pena no revivir –porque su vitalidad es hoy más poderosa que cuando fue escrita-, sino tan sólo recordar esta página profética que primero vio la luz hace un siglo:

“De todas las escuelas, ésta (la liberal) es la más estéril, porque es la menos docta y la más egoísta. Como se ve, nada sabe de la naturaleza del mal ni del bien: apenas tiene noticia de Dios, y no tiene noticia ninguna del hombre. Impotente para el bien, porque carece de toda afirmación dogmática, y para el mal, porque le causa horror toda negación intrépida y absoluta, está condenada, sin saberlo, a ir a dar, con el bajel que lleva su fortuna, al puerto católico o a los escollos socialistas. Esta escuela no domina sino cuando la sociedad desfallece: EL PERIODO DE SU DOMINACIÓN ES AQUEL TRANSITORIO Y FUGITIVO EN QUE EL MUNDO NO SABE SI IRSE CON BARRABÁS O CON JESÚS… EL SUPREMO INTERÉS DE ESTA ESCUELA ESTÁ EN QUE NO LLEGUE EL DÍA DE LAS NEGACIONES RADICALES O DE LAS AFIRMACIONES SOBERANAS; y para que no llegue, por medio de la discusión confunde todas las nociones y propaga el escepticismo, sabiendo, como sabe, que un pueblo que oye perpetuamente en boca de sus sofistas el pro y el contra de todo, acaba por no saber a qué atenerse… ESTE PERÍODO ANGUSTIOSO, por mucho que dure, es siempre breve; el hombre ha nacido para obrar, y la discusión perpetua contradice a la naturaleza humana, siendo, como es, enemiga de las obras. Apremiados los pueblos por todos sus instintos, llega un día en que se derraman por las calles y plazas pidiendo a Barrabás o pidiendo a Jesús resueltamente, y volcando en el polvo las cátedras de los sofistas”.

“La escuela liberal, enemiga a un tiempo de las tinieblas y de la luz, ha escogido para sí no sé qué crepúsculo incierto entre las regiones luminosas y las opacas, entre las sombras eternas y las divinas auroras. Puesta en esa región sin nombre, ha acometido la empresa de gobernar sin pueblo y sin Dios; empresa extravagante e imposible: sus días están contados, porque por un punto del horizonte asoma Dios, y por otro asoma el pueblo. Nadie sabrá decir dónde estará en el tremendo día de la batalla, cuando el campo todo esté lleno con las falanges católicas y las falanges socialistas”.

La Historia se ha encargado de dar la razón a estos pensamientos –cuya exactitud, a la verdad, sólo puede asombrar a los superficiales- y que dio a la imprenta el insigne Donoso Cortés, hace cien años. El virus interno de disolución aparejado en la ideología liberal, ha ido cumpliendo lógica y fatalmente su proceso hasta el punto de crisis que ahora vivimos. Quienes se han empecinado –a través de lustros y decenios- en negar las infaustas, pero ciertas, posibilidades históricas del comunismo, pueden medir, ahora, a la luz de estas ya remotas advertencias de Donoso, la imperdonable dimensión de su error, del cual el mundo entero puede hoy sufrir las malhadadas consecuencias. Su culpable equivocación nos ha puesto a todos en bordes abismales, de los que no es fácil saber si podremos retirarnos a tiempo.

Cierto es que ese punto de la “profecía” de Donoso, que atañe a la etapa final de previsiones, al día en que, en Occidente, “el campo todo esté lleno con las falanges católicas y las falanges socialistas”, no parece de inmediata proximidad. Sin embargo, ¿quién sabe?... Hay un fenómeno evidente en los años contemporáneos, y es el de la pasmosa aceleración que han sufrido los procesos históricos. Las transformaciones del mundo, de la primera gran guerra acá, hubieran requerido en otras edades el transcurso de centenios. Piénsese, tan sólo, en las increíbles alteraciones en el surgimiento de nuevos poderes y en su desaparición, en el torbellino de cambios políticos, económicos, espirituales y de todo género que el mundo resintió desde la aparición del fenómeno fascista en lo que tuvo de universal, hasta su dramático hundimiento, y hay que convenir en que esos cuatro o cinco lustros resumen la intensidad de cuatro o cinco siglos de la Historia anterior. Ante este dato, sobrado objetivo, ¿quién puede barruntar, con probabilidades de acierto, la mayor o menor lejanía de los posibles acontecimientos por venir?

Empero, algunos clarísimos signos de la hora apuntan ya esa disyuntiva final de la predicación donosiana. Ahora que, desde luego, tales signos no se encuentran en ciertas mistificaciones del genuino movimiento mundial de las rectificaciones católicas que pueden salvar a la especie. No están en esas corrientes que lo mismo en Francia, que en Italia o en Méjico, por ejemplo, ostentan por hoy el marbete equívoco e inaceptable de un catolicismo que quiere sincretizarse con un liberalismo que, a su vez, busca por dondequiera una tabla de náufrago a qué asirse. Tales corrientes, faltas de ímpetu y autenticidad, tarde o temprano tendrán que dejar el sitio a los grupos que tengan la visión correcta de lo que para el mundo piden las verdaderas reivindicaciones cristianas. La auténtica defensa de nuestra civilización sólo la harán quienes se percaten de lo que el Evangelio en realidad exige al hombre en este episodio decisivo, que a todos –buenos y malos- nos compromete a jugar a cartas descubiertas. Lo mismo las que apuestan a Barrabás, que las que apuestan a Jesús.

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