Presencia de Hispanoamérica VIII
Publicación original: Novedades, 11 de junio de 1951.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Historia e Hispanidad, Política y sociedad.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
VIII
Los escollos.- No se escapa a Héctor Bernardo cuáles serían los obstáculos a que lógicamente tendría que enfrentarse el intento de constitución del bloque económico iberoamericano. Exteriormente, la oposición norteamericana. Interiormente, los sacrificios locales, “los ingentes gastos que impone un cambio de estructura y la lentitud del proceso”.
Sobre lo primero tenemos como elocuente botón de muestra los debates que en la reunión en Méjico de la CEPAL (Comisión Económica Para la América Latina) acaban de manifestar la oposición de la representación norteamericana a la tesis de la necesaria industrialización de los países iberoamericanos (o latinoamericanos, como inadecuadamente se les nombra), así como el no velado interés en que sigamos siendo básicamente exportadores de materias primas e importadores de mercadería industrializada.
A pesar de ello, hay que hacer sostenidos esfuerzos por llevar a la convicción de los Estados Unidos que, a la postre, una economía saneada de Iberoamérica –merced a la asequible autosuficiencia- puede asegurar más firmemente sus posibilidades de compra, sobre todo mientras “la situación monetaria internacional y la escasez de dólares en el mundo”, les lleve a “abrir sus puertas a las exportaciones de los países de moneda débil” –lo son la mayor parte de los hispanoamericanos- “o admitir que éstos impongan restricciones a las importaciones provenientes de su zona”. A un país, o a muchos –como ocurriría en este caso- “es imposible obligarlo a comprar si no tiene medios de hacerlo”.
La dificultad sube de punto si se atiende al hecho de que la integración del bloque requiere la inyección de fuertes capitales, que, hasta donde es posible prever, tendrían que ser predominantemente norteamericanos. Advierte Bernardo que es posible pensar que podría ceder la oposición norteamericana en vista de la perspectiva de ingentes inversiones, pero como ello sólo sería en vista de seguridades y ventajas que les fuesen ofrecidas, “queda siempre el interrogante de qué clases de seguridades serían exigidas y cuál el monto del provecho apetecido”.
Los medios.- Para sortear las dificultades antedichas y otras que omitimos para no ser prolijos, tendríase, en primer lugar, que convencer a los Estados Unidos de que su interés, en el presente, ha de inclinarles “más bien a incrementar las inversiones de capital que aumenten el ingreso nacional y permitan una ampliación del poder de compra de los consumidores hispanoamericanos, antes que a disminuir el nivel de vida de gran parte de su población, admitiendo la competencia de los productos más baratos de la producción hispanoamericana. Algo de ello surge ya, en las conclusiones de la Comisión Mixta brasileño-norteamericana para el estudio de la situación económica del Brasil”.
Por otra parte, propone Bernardo, entre otros, los siguientes medios, que con cautela y medida habrían de ponerse en práctica, ya que es cosa asaz compleja el conjunto de transformaciones que todo eso requeriría:
a) Reducir en lo posible el coeficiente de exportación proveniente de países no iberoamericanos, con medidas que pueden incluir depreciaciones monetarias uniformes de los miembros del bloque, elevación de aranceles dentro de su área, cuotas discriminatorias de importación, control de cambios, etc.
b) Unión aduanera general o regional, ésta dentro de las zonas del bloque “más aptas para ello”. Tal medida aumentaría la fuerza de nuestro sistema de exportaciones y compensaría los sacrificios que obviamente tendrían que realizarse para ello.
c) Acuerdos sobre mercancías. La industrialización de Iberoamérica exigiría seguir importando maquinaria y materiales necesarios para mantener la producción. Ello pide “un coeficiente relativamente alto de exportación”.
Eliminar, entonces, la competencia entre los países de nuestro bloque, en materia de oferta de materias primas, al exterior, sería una medida primaria para sostener el precio ante los compradores foráneos. Esto acarrearía mayores ganancias, aun suponiendo la concurrencia en los mercados mundiales de otros oferentes. Esta medida pediría desde luego singular prudencia para no dar lugar al monopolio de compra, que probablemente tendría mayor fuerza.
Colaboración con países afines.- Al integrarse el bloque iberoamericano, “la tendencia cultural lo inclina a la colaboración más estrecha con aquellos países con los que guarda mayor afinidad espiritual, y en primer término con España”, la que industrialmente podría complementarse con nosotros, sin que esto quiera decir que se ignore la circunstancia de que España misma pide mayor desarrollo “y un aumento de su ingreso nacional por una mejor productividad, lo que a su vez requiere inversión de capitales”. “Pero creemos que mediante un sistema de “clearing” pueden solucionarse dentro del bloque muchas de las dificultades que es preciso superar, y que, de este modo, pueda tal vez España convertirse en la cabeza de puente de la América Hispana hacia Europa, como lo fue de Europa hacia América”.
Reflexión final sobre el bloque económico.- Para concluir, oigamos esta sincera consideración de Héctor Bernardo, que debe estar presente ante las inevitables objeciones:
“Se nos dirá que en muchos casos los esfuerzos tendientes a la integración de un bloque hispanoamericano, y, especialmente, todo esfuerzo de complementación con España exigen un sacrificio suplementario, en cuanto suponen el mantenimiento de industrias no costeables en régimen de competencia y por tanto el pago de precios más altos que los que se obtendrían dentro del mercado libre. Pretender negarlo sería ignorar la realidad a la que queremos permanecer apegados. Pero renunciar a la integración económica de la Hispanidad por razones de este carácter, ¿NO SERÍA RENUNCIAR A LA AFIRMACIÓN DEL PRINCIPIO DE LA INSTRUMENTALIDAD DE LA RIQUEZA, SOBRE EL CUAL SE BASÓ TODO EL ESPLENDOR VISIBLE DEL ORDEN CRISTIANO?”

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