Presencia de Hispanoamérica VII
Publicación original: Novedades, 4 de junio de 1951.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Historia e Hispanidad, Política y sociedad, Fe y vida religiosa.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
VII
Bloque Económico Hispanoamericano.
Sugestión de Pío XII.- El Boletín del Centro Mejicano de Estudios Sociales publica un sugestivo estudio, del economista Héctor Bernardo, sobre la viabilidad y posibles caracteres de un bloque de las economías hispanoamericanas.
Comienza por recordar la siguiente iluminadora indicación pontificia, hecha en mayo de 1948:
“La economía nacional, en cuanto que es economía de un pueblo incorporado en la unidad del Estado, es en sí misma una unidad natural, QUE PIDE EL DESARROLLO MÁS ARMÓNICO POSIBLE DE TODOS SUS MEDIOS DE PRODUCCIÓN EN TODO EL TERRITORIO HABITADO POR EL MISMO PUEBLO. Por consiguiente, LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES TIENEN UNA FUNCIÓN CIERTAMENTE POSITIVA Y NECESARIA; PERO SOLAMENTE SUBSIDIARIA. La alteración de estas relaciones ha sido uno de los grandes errores del pasado, cuya vuelta podría favorecer fácilmente la situación que, a la fuerza, padece hoy un buen número de pueblos. EN TALES COYUNTURAS, ACASO FUERA CONVENIENTE EXAMINAR SI UNA UNIÓN REGIONAL DE DIVERSAS ECONOMÍAS NACIONALES NO HARÍA POSIBLE DESARROLLAR MÁS EFICAZMENTE QUE ANTES LAS FUERZAS PRIVADAS DE LA PRODUCCIÓN”.
¿Mitologías?— Estas palabras de Pío XII se avienen perfectamente con la corriente contemporánea de formación de grandes bloques de naciones.
Si Iberoamérica se encuadra con sagacidad dentro del marco de esta corriente histórica, su integración en un peculiar bloque económico afirmaría desde luego sus vínculos culturales y políticos, haría más efectiva la autonomía del conjunto y afianzaría la de cada uno de los países miembros del bloque, nos expresa Bernardo. Al propio tiempo, mejoraría a plazo no largo el nivel de vida de su población.
Observa Bernardo que no se puede tildar de mitológica esta aspiración. Más mito resulta la “unidad continental”, porque América, aparte de las diferencias culturales, no es por otros respectos un continente unido, tampoco. Se recuerda la afirmación de Staley, de que “las afiliaciones económicas de gran parte de Sudamérica, lo mismo que las afiliaciones culturales de la América Latina, en general, se orientan hacia Europa; son, pues, anticontinentales”.
Hacia la suficiencia económica.- Hispanoamérica debe aspirar a bastarse a sí misma –dentro de las obvias limitaciones que impone la realidad- de acuerdo con la sugerencia pontificia antes dicha. Contra ello conspira la excesiva división de nuestros pueblos, que de cuatro virreinatos y tres capitanías generales se trocaron con la independencia en 19 repúblicas (sin contar Puerto Rico).
Ahora bien, superando este inconveniente, integrándose a través de subregiones económicas obvias, como podrían ser Méjico y el Caribe, los Estados andinos (Bolivia, Perú, Chile) y Sudamérica central y meridional (Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil), la unión económica de todos nuestros pueblos permitiría a cada una de las zonas recién nombradas “disponer de una cantidad enorme de productos, sobre todo materias primas esenciales y de valor estratégico que le (asegurarían) la independencia respecto de otras economías, y las posibilidades de un desarrollo integral”.
“Estas posibilidades no han sido aprovechadas hasta ahora, precisamente por las trabas que han significado su extremada división (la de Hispanoamérica, se entiende) y la política económica impuesta por las grandes naciones, actuando como monopolio de compra”.
De esto se concluye, desde luego, que nuestra aspiración debe polarizarse a vernos libres de nuestra condición subalterna de meros productores de materias primas, así como de la esclavitud económica extrema que suponen los monocultivos que a veces se nos imponen y que dan, como en Puerto Rico, por resultado, una pobreza excesiva y completamente opuesta, por cierto, a sus reales posibilidades económicas.
En consecuencia, y como primordial cosa, debe inferirse que Hispanoamérica requiere una intensiva industrialización, y, al mismo tiempo, una diversificación inteligente de su agricultura, para lograr el ideal autonomista en materia económica que preconiza Pío XII. Se ve claro, desde luego, cómo ello elevaría necesariamente nuestro nivel de vida.
En nuestro siguiente artículo, terminaremos la síntesis de este bosquejo del economista Bernardo.

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