Presencia de Hispanoamérica V
Publicación original: Novedades, 21 de mayo de 1951.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Hispanoamérica, Europa, política exterior y defensa de Occidente.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
V
HISPANOAMÉRICA Y EUROPA.- La política exterior hispanoamericana, al igual que la interior, debe asumir –en días que es de esperar no sean remotos- la fuerza que da un bloque consciente y orgánicamente trabado por la unánime convicción, en sus miembros, de la solidaridad de origen, destino e intereses. La reiteración de esto, hecha por el internacionalista argentino Amadeo, que citamos en nuestro último artículo, da lugar a la consideración de cuál sería, en tal hipótesis, la básica postura iberoamericana frente a Europa, que, después de los Estados Unidos, viene a ser la segunda realidad externa que nuestros pueblos deben tomar en cuenta.
Desde luego, hay que suscribir la afirmación del doctor Amadeo cuando establece la inanidad de ese mesianismo americano de mal cuño que hoy día se nos quiere servir hasta en la sopa. Ese mesianismo, que tiene turbios orígenes, quiere dar por cerrado el ciclo europeo de nuestra civilización. Y hay que decir que la actual postración de Europa, salvo el caso de una hecatombe guerrera de inmensas magnitudes, es solo transitoria, y de nada vale negar que aún está vigente el primado cultural del continente europeo, en nombre de un americanismo desorbitado y puerilmente arrogante.
Ello no impide que atendamos, al mismo tiempo, a ese otro dato objetivo que es la madurez alcanzada ya por los pueblos americanos. Ello debemos hacerlo sentir y entender a Europa con lúcida e irreprochable firmeza. Sin actitudes de mozalbetes en la “edad de la punzada”, con naturalidad y sobria desenvoltura, hay que hacer comprender cuán inaceptable nos resultaría cualquier pretensión de tutoría o de “formas coloniales de trato”.
Ahora bien, si –como esperamos fervientemente- las aversiones, resentimientos y rivalidades en el interior de Europa son superadas en el próximo futuro, y ésta llega a constituir una unidad con personalidad jurídica, de acuerdo con lo que la nueva Historia exige, Hispanoamérica “debe buscar con ella una íntima inteligencia en las relaciones de poder”. Como en veces anteriores hemos sostenido, ello otorgaría al bloque iberoamericano la posibilidad de un –para él- necesario equilibrio “entre las dos fuerzas primordiales que (lo) circundan”.
DEFENSA DE OCCIDENTE.- De esta suerte, dentro del esquema de Amadeo, una política hispanoamericana con sentido comunitario, podría tener en Europa eficaz contrapeso ante cualquier posible veleidad imperialista norteamericana. Por otra parte, nuestra interna unidad daríanos una economía próspera –asunto de que nos ocuparemos por separado- y un peso internacional que nos permitiría el entendernos en calidad de pares “con Europa y los Estados Unidos en la tarea de salvar a Occidente”.
Y hay que hacer notar que, puntualmente, la participación de Hispanoamérica en función de una política de signo comunitario, sería lo que podría dar, a esta defensa que ahora se quiere hacer de Occidente, la tónica de la autenticidad –de la que, por desgracia, ha estado ayuna hasta estos momentos-. Al bloque hispanoamericano, que está exento de responsabilidad por la crisis presente, correspondería poner las cosas en su punto y lugar, para que no fuesen los intereses liberalcapitalistas los que se tratase de salvar con el pretexto de la civilización cristiana. En verdad, la batalla contra el Oriente no cristiano sólo puede interesarnos medularmente cuando de corazón, y no sólo de palabra, se entable en nombre “de esos valores cuya sombra siquiera queremos salvar”.
Repetimos que no puede juzgarse como inminente una acción comunitaria hispanoamericana, pero lo cierto es que –una vez lo decimos- la Historia de estos tiempos se escribe muy de prisa. Ante la consideración del papel decisivo que nuestra comunidad de países puede desempeñar, urge preparar el espíritu y el músculo. Ver con perspicuidad hacia delante, darse cuenta de la objetividad de las posibilidades por venir, y obrar en consecuencia desde ahora, es sabiduría. Y, desde luego, deber inescapable.
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