Presencia de Hispanoamérica I

Identificador: DM-140.
Publicación original: Novedades, 23 de abril de 1951.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Hispanoamérica, cultura occidental, identidad y reserva histórica.
Ilustración de Presencia de Hispanoamérica I

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

I

La gigantesca pugna en que ha venido a parar la Historia contemporánea, obliga a puntualizar realidades y conceptos con una exigencia de precisión mayor que nunca. A todos nos va en ello el propio destino.

Permítanos el lector ceder ahora la voz a quienes, en Méjico, en Iberoamérica, han asumido la tarea de propugnar los caminos que verdaderamente pueden enderezar el acaecer histórico. Del que hace una semana citamos, boletín del Centro Mejicano de Estudios Sociales “RUMBO NUEVO”, abril de 1951-, es lo siguiente:

“Bajo el nombre de cultura occidental entendemos ese orden especial, espiritual y material, que se formó por la integración de los valores de la cultura grecorromana con los que tienen su base en el cristianismo…

“La esencia de esa cultura se puede fijar en los siguientes elementos: 1.- Un sentido de vida ultraterreno, es decir, una concepción de la vida terrena como etapa inicial de una vida superior inmortal. 2.- La valoración humanística, porque una de sus bases es el sentido de la dignidad humana. 3.- La idea de lo social equilibrada con la individualidad del ser humano. 4.- La gran disciplina en todos los órdenes del pensamiento y de la estética.

“Gracias a esa síntesis equilibrada a que llegó la cultura occidental, podemos considerarla como la forma de la vida que más se ajusta a la jerarquía natural de los valores, y como la forma superior de existencia conquistada por los hombres.

A pesar de esas excelencias, “ha entrado en un período de decadencia sumamente peligroso porque tiene gérmenes de destrucción en su propio seno, y por tener frente a sí pujantes concepciones de la vida que avanzan en forma arrolladora.

Estas últimas, aparte la labor de socavamiento de sus quintas columnas, están “aprovechando el resentimiento de los pueblos asiáticos… (mantenidos, hasta hoy, de intento, en atraso técnico y económico) para lanzarlos a una lucha total contra los hombres de Occidente”.

Pero lo más grave es que lo occidental decae, a ojos vistas, “por la intromisión de ideas disolventes que quebrantaron su orden de valores. A partir del renacimiento se rompió el equilibrio de la idea social con la individual, para fijarse el eje en el reinado desbordante del individuo; la vida dejó de concebirse en esa forma extratemporal, que infundió el cristianismo, y se han relajado las normas clásicas del pensamiento y sentido estético occidentales”.

“La nueva vida de Occidente, la de la Época Moderna, tiene su mejor expresión en las formas típicas de la existencia norteamericana, que casi ya nada tienen que ver con el mundo occidental. Y ÉSTE (subrayamos nosotros) ES EL MAYOR PELIGRO EN ESTA LUCHA. OCCIDENTE ESTÁ RESQUEBRAJADO PARA ENFRENTARSE A LA GRAN CRISIS CONTEMPORÁNEA…” Por ello, infortunadamente, es que “se presenta a la batalla sin ánimo victorioso”.

Delineada así, en su cruda realidad, la situación de hogaño, que abarca incluso el dato desolador de una Europa que lo mismo teme la invasión soviética que la “liberación” norteamericana, se puede valorar, con una perspectiva justa, lo que significa, lo que puede ser para el mundo el hecho “Hispanoamérica”, con sus 153,000,000 de almas y un futuro demográfico alentador, ya que no falta quien juzga que, en su conjunto, las comunidades iberoamericanas son las “de crecimiento más veloz del mundo” (Philip M. Hansen y Conrad Taenber, en “Corrientes Demográficas Mundiales”, editado por el Fondo de Cultura Económica).

Los pueblos indoespañoles “representan el último reducto auténtico de la cultura occidental, y, en el naufragio de los tiempos modernos, han sabido conservar, casi intactos, los valores de la vieja Europa, que España les transmitió”.

¿No resulta, así, que el dato “Hispanoamérica” aparece como providencial, al asumir un sentido de reserva de la Historia: reserva con la que poder escribir la especie humana, en lo venidero, capítulos muchísimo mejores que los recientes?

Importa observar, además, que Iberoamérica “ha logrado (en buena parte, al menos) la síntesis de las formas occidentales con los modos peculiares de los pueblos asiáticos, que se heredaron a través de las viejas culturas precolombinas… Nuestro espíritu, conscientemente explorado y vibrantemente exaltado, puede ser la nueva posición frente a un mundo que perece…”

Por estos caminos del pensamiento, es pues, por donde de veras habrá que establecer lo que significa para el planeta la presencia de Hispanoamérica. Retrasada, sí, en las técnicas del dominio de la materia, es, con todo, importante reserva demográfica de lo occidental, su más importante reserva moral, y –circunstancia felicísima y agorera-, al mismo tiempo, su índole mestiza apunta la superación del conflicto Oriente-Occidente mediante una síntesis de vivencias, tomadas de uno y otro, que pueden conducir al viejo desiderátum histórico de la unidad efectiva del género humano, en una etapa en la que ya no se hablaría más de orientales y occidentales, sino, sencillamente, de hombres.

De hombres que se integrarían –a través, claro está, de sus patrias y respectivos submundos culturales- en una única, común y superior civilización de universales alcances.

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