Novedades del régimen
Publicación original: Novedades, 12 de enero de 1953.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Política y sociedad.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
¿ESPERANZAS?- Debe reconocerse que la actividad del nuevo régimen está logrando reencender en bastantes espíritus la apagada llama de la esperanza en el porvenir inmediato. Explícanlo la iniciada depuración administrativa con su obvio complemento que es la incipiente aplicación de la ley de responsabilidades de funcionarios, la baja en el precio de algunos artículos de primera necesidad, amén de la novedad de ciertas líneas de política substantiva, entre las que merecería subrayarse la anunciada promoción preferente de la economía agrícola en el sexenio que comienza. No obstante ello, esa “vieja lágrima” de las interminables desilusiones obliga a la opinión general a suspender los juicios definitivos, hasta no ver realidades más amplias y cumplidas aún. Aguarda, también, menos parsimonia y menos recato en las declaraciones de fuente oficial acerca de los grandes intereses inmateriales de la nación. Hay en esta órbita aspectos medulares como el de una sensata rectificación de las tendencias educativas o del desquiciador régimen legal de las relaciones familiares, sobre los que todos –salvo pequeños núcleos sectarios- desearíamos lenguaje explícito y hechos positivos de recuperación nacional.
SI HUBIERA BUEN SEÑOR…- Hay que insistir en que el meollo de todos nuestros problemas es un problema político. Medítese un poco y se convendrá en que todo: economía, administración, moral pública y privada, higiene, urbanismo, seguridad en el trabajo, civilidad de las costumbres, decoro e hidalguía en el carácter mejicano, el ejercicio multiforme de la libertad, el desarrollo de las artes, el ímpetu creador en todos los órdenes, la plenitud nacional, en suma, tienen su piedra de toque en la honrada y eficiente gestión del poder político que ponga las condiciones para que todo ello pueda ser. Del mejicano, como exclamó del Cid el pueblo de Castilla ante la incomprensiva acrimonia de Alfonso VI, cabría afirmar: “¡Dios! ¿Qué buen vasallo, si hubiera buen señor!”
MUJER, POLÍTICA Y SUFRAGIO OBLIGATORIO.- Cuantos tienen sentido de la justicia, siguen aplaudiendo el reconocimiento legal de la aptitud política de la mujer mejicana. Nunca es tarde cuando el bien llega. Pero, a riesgo de repetir conocidos pero unánimes comentarios, ¿nos llegará alguna vez la dicha de que, el sufragio –ahora masculino y femenino- sea realmente efectivo? Si tal hora suena, puede estar cierto el Estado de que saldrán sobrando esas totalitarias sanciones ilegales con que se ha dado en amenazar a los que no votan en los comicios públicos. No habrá ciudadano o ciudadana que se alce de hombros con indiferencia y se quede en casa el día de elecciones. La expresa y dramática obligatoriedad del sufragio vendría a ser, simplemente, “flatus vocis”, una declaración hueca por innecesaria.
POLICÍA.- El incrédulo asombro popular llega también a las medidas de depuración policíaca metropolitana y a la enfática promesa de que se logrará ahora la idoneidad de los cuerpos de seguridad. Hasta la fecha cuando los mejicanos hemos traspuesto nuestras fronteras, nos ha herido cruelmente el contraste de la policía de otras latitudes. Sin salir del continente, el vestuario, el sólo talante de un policía norteamericano, chileno o argentino, verbi gratia, son ya anuncio de una verdadera e intrínseca respetabilidad. La comparación ineludible ha resultado siempre más dura aún al trabar con ese guardián del orden cualquier leve e incidental relación viva y directa. En Buenos Aires, por ejemplo, el policía se distingue por su cortés eficiencia para el transeúnte. En alguna comisaría bonaerense, en ocasión de algún trámite migratorio, pudimos leer una elocuente convocatoria que contenía los requisitos mínimos físicos, intelectuales y morales para ingresar en los cuerpos policíacos. Casi nos parecía todo ello cosa de sueño al recordar a muchos de nuestros gendarmes de humanidad desmedrada, uniforme raído y lustroso, ilustración ínfima, aire de intranquilizadora hamponería y conducta atrabiliaria o francamente delictuosa. La evocación no podía ser más depresiva para nuestro orgullo de mejicanos… ¿Se acabará, al fin, de veras situación tan inverosímil, abrevesada y vergonzosa?

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