Mundo y Demonio
Publicación original: Novedades, 31 de julio de 1950.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: comunismo, orden cristiano, vida espiritual e historia.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Recordemos y ponderemos esta observación, hecha en los trágicos comienzos de la última república española: “Se venía repitiendo mecánicamente que vivíamos una edad puramente materialista, desespiritualizada, utilitaria. Y, de pronto, estalla en España la agitación. Y la agitación se inicia con quemas inútiles, fanáticas, de iglesias y conventos. Y a la luz de estas hogueras, alguien ve esta escena de un grandísimo valor aclaratorio: uno de los incendiarios muestra en sus manos un puñado de billetes de Banco encontrado entre los escombros, y los arroja a las llamas, gritando: -¡Para que no se diga que venimos a robar!... “¿Qué es esto? Habíamos quedado en que la hora era de frío materialismo utilitario. Y de pronto, se inicia la revuelta quemando billetes de Banco. Esto es algo que está más allá de la guerra egoísta de los intereses. Esto no es la lucha de clases. Esto es, otra vez, la guerra elemental de las dos potencias sobrenaturales… (Si durante) aquellas hogueras de ayer, en torno de las cuales bailaban epilépticamente los incendiarios, con los ornamentos del culto, se hubiera aparecido ahí, como antaño, el Maligno, con sus cuernos de sátiro y sus nalgas peludas de macho cabrío, nadie, ni los mismos incendiarios, se hubieran extrañado. Porque la escena era toda propia para ello: toda de proporciones desaforadas, de vibración fanática, de sobrenaturalismo…”
Nos hace persistir, por hoy todavía, en el tema satánico, la lectura del documentado libro de don Joaquín Cardoso, S.J.: “EL COMUNISMO Y LA CONSPIRACIÓN CONTRA EL ORDEN CRISTIANO”, publicación de “Buena Prensa”, de México. Leerlo sin prejuicios, con vigilante rigor crítico, y darse cuenta de que tras de la mampara del movimiento comunista batallan con vigor antes no igualado las fuerzas obscuras de la Historia; enterarse de cuáles fueron –hace dos siglos y uno antes de Marx- los orígenes de la oculta conjura contra Occidente, contra nuestra civilización cristiana; darse cuenta de la sagacidad más que humana con que esta conjura ha ido coordinando dispersas potencias malignas, y de cómo –bajo su embozada rectoría- las ha hecho confluir, más de una vez, en un solo frente de combate en contra de nuestra cultura, todo ello alecciona y a la vez nos descifra el misterio de muchas situaciones y acaecimientos históricos, que, de otra manera, parecerían contradictorios y sin sentido. Obras como ésta -no obstante que nos parezca poco concluyente en alguna de sus referencias al nazismo- son utilísimas, porque nos dicen circunstancias que pertinazmente se han querido mantener en secreto. En rigor, hoy día son imprescindibles de leerse por quienes no quieren hacer el papel de tonto en vísperas, por ignorar el íntimo y esencial significado de lo que ahora acontece en el planeta y que sea lo que en realidad está en debate en el actual proceso histórico que a todos nos alcanza y hiere.
Después de leer este volumen, no se puede menos de advertir que, tras de la conjura anticristiana que hoy culmina –como en su manifestación de mayor violencia- en la pujanza internacional del comunismo y de otras fuerzas irredentas, militan una sagacidad y una tenacidad diabólicas, que exceden con mucho la ordinaria perspicuidad y energía de los hombres.
No; Calibán no es una mera simbología, para uso de vacuas literaturas moralizantes. Quienes sostenemos su realidad invisible, pero positiva, y manifiesta y ferozmente operante para el ojo sin prejuicios materialistas, podremos aún aparecer, ante más de uno como “exagerados”. Pero ello nos recuerda, invenciblemente, lo que nos escribe un fraterno corresponsal de tierras uruguayas, espíritu alerta y superior, de esos que nos reconcilian con la especie: “Exagerar es una forma del “tendimus ad alto”, de esa vocación del alma hacia lo absoluto. Es ya un modo de estar en el cielo, o en el infierno… Por lo demás, esto de exagerar es relativo. Parece exageración todo cuanto no encaje en la mentalidad del hombre medio de estos tiempos. La santidad, el misterio, los milagros y cuanto trasciende los moldes estrechos del racionalismo todavía vigente es “exageración”… Pero, por otra parte, si bien se mira, el mundo actual es mucho menos racional de lo que se supone. Vientos de locura soplan de todos los puntos del cuadrante. Liberalismo, racionalismo, positivismo, totalitarismo, industrialismo y cuantos “ismos” circulan por ahí, ¿qué son sino locura? ¡Y qué locura! Locura mendaz, locura de fariseos, locura que se disfraza de “sentido común” y de “razón”. En suma la locura mezquina del diablo… Cada vez veo más el mundo como un mundo de posesos. Hemos llegado a una altura de los tiempos en que el hombre vuelve a ser puesto frente a la realidad “agónica” (en el sentido de “lucha” que da Unamuno a ese vocablo) de su ser. Lo sobrenatural nos envuelve. Dios y el diablo se disputan nuestras almas. En lo íntimo somos un campo de discordias. Aquel ser armónico cuya figura ideal nos muestran los autores clásicos de Occidente, se acabó. Somos unos pobres seres descoyuntados. Y el descoyuntamiento es lo contrario de la armonía y la proporción. Esto me explica el fracaso de Occidente. Con su apego burgués al ideal alicorto de la “mesure”, Occidente renegó del destino del hombre. Occidente ha querido hacer al hombre “humano, demasiado humano”; esto es, demasiado “humus”, demasiado barro. Pero los ángeles, los buenos y los malos, no han tardado mucho en volver por el hombre…”
Y aquí se nos permitirá terminar con la secuencia de la observación que comenzó este artículo, acerca de las quemas madrileñas de mayo de 1931: “Estamos en el polo opuesto de todas las palabras frías y grises con que hasta ayer, se nos anunciaba la nueva era y la nueva cultura: laicismo, escepticismo, razón, tolerancia. Nada hay ya racionalista ni laico. Todo es divina o satánicamente religioso. La razón dio sus últimas flores y está seca. Ahora todo cuanto ocurre tiene más profundas raíces de maravilla y sobrenaturalidad. Ninguno de los estímulos utilitarios y prácticos que pueden formar el repertorio mental de una generación positiva, puede explicar suficientemente el furor heroico con que han sido abofeteados, desinteresada e inútilmente, los Cristos y las Vírgenes. Hay que recurrir, para explicárselo, a un soplo maligno y sobrenatural, que cruza el mundo, como viento del sur, en contra del otro soplo aromado de la Gracia de Dios…”
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