Moral, escuela y patria
Publicación original: Novedades, 3 de septiembre de 1951.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Universidad y educación, Fe y vida religiosa, Política y sociedad.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Más de una ocasión –por deber inescapable de mejicanos-, desde esta tribuna periodística, nuestra voz se ha alzado para urgir la represión de la inmoralidad y para apremiar la intensiva y sagaz promoción de la moralidad, señalando para ello la insubstituible eficacia de la acción organizada y conjunta.
La nuestra no era más que una entre las escasas voces que, con esa intención, de vez en cuando, se hacían oír un momento para naufragar enseguida en el océano de otros bien diversos géneros de comentario que, al par de las noticias, palpitan en infinita variedad en la prensa de hogaño.
A este propósito, subrayábamos que, no obstante la inverosímil capacidad de resistencia al mal de que Méjico ha dado pruebas, estamos llegando ya, en cierta manera, a sus límites; a terrenos sociológicos en los que puede avizorarse ya un comienzo de disolución general y de envilecimiento colectivo, a relativamente corto plazo.
Ahora, aunque esta reacción debió producirse cuando menos hace varios lustros y no “al cuarto para las doce”, por fin, una entidad que agrupa en sus cuadros a miles –se dice que centenas de miles- de católicos, promueve públicamente una campaña contra el venenoso virus que mina a marchas forzadas la vitalidad de nuestro espíritu.
El lenguaje que para ello usa dicha organización, el planteo del problema y la indicación de medidas de boicot y de acción penal que expresa, aunque incompletos aun dentro de su carácter general, resultan –a todas luces- atinados y justos. Ya otras organizaciones han comenzado a manifestar su adhesión a la plausible campaña. Y voces singulares, pero muy significadas, le aplauden asimismo su atingencia.
De éstas, asume autoridad excepcional la del Procurador de Justicia del Distrito y Territorios Federales:
“Pienso que el problema de la inmoralidad es un problema vital para Méjico… En la actualidad se hace necesario que el hombre vuelva por el respeto de sí mismo… Mientras exista la idea de que todo se arregla con dinero, que éste todo lo puede, y que su valor, el valor de los pesos está sobre cualquier otro, no creo que pueda corregirse toda la inmoralidad ambiente. La única solución radical del problema ESTÁ EN LA RECRISTIANIZACIÓN ABSOLUTA DE LA SOCIEDAD”.
Estas palabras, que avalora una excepcional experiencia por razón del cargo que se desempeña, confirman expresamente las nuestras cuando hemos afirmado que uno de los peores frutos de la inmoralidad que priva en nuestras latitudes ha sido el rebajamiento de los caracteres y la positiva deshumanización de muchos.
Y aquí la pregunta:
La campaña que ahora se empieza, ¿tendrá un sentido dinámico, operante y tesonero, o sólo quedará en llamado efímero y sin resonancia práctica en todos los espíritus patriotas y en los cientos de miles de afiliados a la agrupación que hace la loable convocatoria?
Ya otra conocida organización cívica –cuyos principios se inspiran también en el catolicismo- y que cuenta asimismo sus socios por centenares de miles, había comenzado por su cuenta idéntica campaña. Como dato muy interesante hay que anotar que, previamente, levantó una especie de “censo moral”, sobre el que, hace pocos días, informaba:
“Reduciendo a números el resultado de nuestra encuesta, alcanza apenas un diez por ciento la porción de jóvenes, entre los 15 y los 20 años, que tienen y cultivan alguna preocupación por el estudio concienzudo, por los problemas sociales, por las inquietudes cívico políticas o por el apostolado en alguna de sus manifestaciones. EL OTRO NOVENTA POR CIENTO SE ENCUENTRA HUNDIDO EN INQUIETUDES DE ENFERMIZO SENSUALISMO Y EN AMBICIONES DE MEZQUINOS ÉXITOS PECUNIARIOS”.
Y certeramente agrega: “Si Méjico no puede tener esperanza en su juventud, ¿acaso puede ponerla en la niñez? NO. PORQUE A LA NIÑEZ DE NUESTROS DÍAS SE LE ESTÁ EDUCANDO EN LOS MISMOS SISTEMAS CON QUE SE FORMÓ A LOS JÓVENES DE HOY; Y YA ESTAMOS PALPANDO LOS RESULTADOS”.
De esta justísima y obvia observación se infiere algo de suma importancia: paralelamente a la acción moralizadora, urge no menos la acción encaminada a la reforma educativa. Hay que matar el mal cuanto antes no sólo en sus frutos sino en sus raíces. De aquí que los organismos y personas físicas que propugnan la represión de la inmoralidad están obligados, por razones de congruencia y de eficacia, a empeñarse con simultánea y pareja intensidad en la tarea de lograr para el pueblo, para la infancia, una escuela que garantice su derecho al bien moral.
De otra suerte, si las cosas siguen como hasta aquí, y considerando el futuro de la Patria, ante la inminente y gravísima coyuntura a que nos aproxima con irrefrenable celeridad la Historia, y que pedirá a cada pueblo y a cada individuo una dosis máxima de energía y de espíritu de lucha, ¿cómo podrá Méjico sobrenadar victoriosamente en el previsible oleaje apocalíptico, con un pueblo y con una juventud ambos deshumanizados y envilecidos?
Porque hay que recordar aquí, una vez más, la sentencia de oro:
LOS PUEBLOS NO PERECEN POR DÉBILES, SINO POR VILES.

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