«Maquis» negro y «maquis» rojo

Identificador: DM-247.
Publicación original: Novedades, 11 de mayo de 1953.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Historia e Hispanidad, Política y sociedad.
Ilustración de «Maquis» negro y «maquis» rojo

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

La cuarta república francesa no parece haber aprendido la triste lección que significó la tercera. Lo inadecuado del mundo institucional creado por su asamblea constituyente, se manifiesta, sobre todo, por la reincidencia en el fatal vicio del parlamentarismo, que es el que hizo posible, puntualmente los presupuestos internos de la humillante derrota militar de 1940. Fue en vano que el mismo De Gaulle, implícitamente, diera la razón a uno de los principios medulares de la imperfecta pero saludable reforma constitucional de su adversario Petain, cuando el ex jefe de la llamada Francia Combatiente proclamó en todos los tonos la necesidad de un fortalecimiento del poder ejecutivo, para evitar al pueblo francés los peligros de nuevos y peores desastres.

Por otra parte, parece evidente que una notable mayoría de los franceses tiene la clara sensación de los riesgos que la constitución vigente trae aparejados, en el instante más grave de la Historia cuando las dos más grandes potencias militares del orbe tratan de decidir el debate sobre el dominio universal. Una Francia que desfallece por obra de un parlamentarismo oscilante, incapaz de establecer un régimen estable y de verdadera concordia nacional, está llamada a no ser ni el factor de equilibrio de fuerzas en Europa, ni tampoco el escudo defensivo de Occidente, únicos papeles que podrían cuadrar a la dignidad histórica que para su patria quieren todos los buenos franceses.

Con las instituciones actuales, Francia no puede ser otra cosa que laboratorio propicio para los fermentos comunistas. En nuestros días, más que nunca antes en cualquier país, toda debilidad institucional se traduce en río más o menos revuelto, con mayor o menor pero segura ganancia de los pescadores rojos. ¿Qué de extraño tiene, pues, el desorden constante y no eficazmente reprimido que los marxistas suscitan en todos los terrenos de actividad, en Francia? De nada sirve que el ministro de asuntos exteriores, Bidault, en la conferencia parisiense de cancilleres, se ubique en el campo antisoviético si no tiene tras de sí el apoyo de un país con la máxima cohesión entre gobierno y pueblo.

Por todo ello, tampoco es de extrañar que el instinto de conservación de los franceses se revele en modos que van desde el al parecer tibio movimiento del APF (Agrupamiento del Pueblo Francés, que acaudilla De Gaulle), hasta el caldeado y violento “Maquis” negro, cuya existencia acaba de hacer pública la prensa en relación de un complot encaminado a derrocar a la cuarta república. Los elementos de izquierda, y muchos de esos falsos moderados que no son más que “puentes” disfrazados para el servicio de aquéllos, han exhumado desde luego los viejos epítetos de “fascista” y “colaboracionista” para infamar a los miembros de este “Maquis” negro. Estas “negruras” folletinescas, estos “fascismos” y “colaboracionismos” son algo demasiado grosero y rudimentario. La presunción con visos de probabilidad radica en juzgar a estos elementos como los “impacientes” de la hora, los que no se resignan a esperar que dé todos sus resultados una legalidad que parece creada ex profeso para liquidar históricamente a la nación en la no lejana coyuntura decisiva del mundo.

Francia debe valorizar con sagacidad todos estos síntomas, y procurar, por vías pacíficas, antes que sea demasiado tarde, la reforma constitucional que responda a lo que piden los intereses superiores de la civilización y la propia autenticidad francesa, muy distante de los corrosivos, ya demasiado experimentados delirios de 1789.

No hacerlo, equivale a preparar el triunfo del “Maquis” rojo.

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