La tercera potencia

Identificador: DM-246.
Publicación original: Novedades, 4 de mayo de 1953.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Historia e Hispanidad, Política y sociedad.
Ilustración de La tercera potencia

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

El tema iberoamericano sigue cobrando importancia en las consideraciones internacionales y en los espíritus atentos a las nuevas realidades. Lo fundamental en esto, como sucede siempre que comienza un nuevo proceso en el acaecer humano, viene a ser un dato psicológico: en nuestros países se va precisando ya no sólo el sentido de unidad histórica y cultural, sino la conciencia de las excepcionales posibilidades que puede brindar nuestra acción de conjunto en los terrenos espiritual, económico y político.

Por razones obvias, en los medios estadounidenses esta toma de conciencia está siendo advertida y suscita especiales reacciones, cuya prontitud en manifestarse no deja de ser muy expresiva de la seriedad que al fenómeno se reconoce, en contradicción con la inexplicable o sospechosa pertinacia con que ciertas plumas, dentro de nuestras propias latitudes, quieren restar importancia a los nuevos síntomas iberoamericanos.

Al parecer, no todas esas reacciones adolecen de miopía o de malignidad. Así, ciertas palabras recién pronunciadas en ocasión –curiosa circunstancia- del día panamericano, en Washington. Son del principal orador en ese acto, ex decano de facultad de una ilustre universidad sudamericana. Según la síntesis cablegráfica de sus frases, afirmó que la juventud de Iberoamérica, que se da cuenta de que ésta tiene “los recursos y el potencial humano necesarios para convertirla en una tercera potencia en el mundo”, no debe cejar en el empeño de lograrlo, sin que para ello obste que en este momento nuestra unidad sea todavía “débil” y nuestra industria “demasiado pequeña”. En esta tarea agregó, puede contar con el apoyo del pueblo norteamericano…

Semejante lenguaje lleva implícito el reconocer que nuestro designio de grandeza histórica al través de un natural impulso a la unidad iberoamericana, no hay para qué fantasearlo como necesariamente enderezado en contra de los Estados Unidos, tal y como lo quiere presentar la publicidad imperialista.

Cabe también llamar la atención sobre que un alto funcionario del Departamento de Estado, Edward G. Cale, al hablar hace unos cuantos días ante un grupo de exportadores e importadores compatriotas suyos, expresó conceptos que merecen subrayarse porque vienen a dar la razón a quienes, en repetidas ocasiones, hemos hecho la defensa de las actuales tendencias renovadoras de Iberoamérica, las que, entre otras cosas, reivindican la efectividad de nuestra soberanía mediante la revisión –no jenófoba, sino sagaz y digna, simplemente- de nuestras relaciones con Norteamérica, y que también postulan con énfasis nuestro derecho a estructurarnos interiormente con una política de contenido social que repudia los moldes extranjerizos que en el siglo pasado se nos impusieron sin importar que con ello se sometiera a dislocación y a tortura nuestra realidad sociológica.

“Es menester –dijo Cale- que comprendamos que nuestros vecinos iberoamericanos tienen honda comprensión de la necesidad de hacer reformas sociales para corregir abusos inveterados. En muchos ramos de la actividad hay poco que podamos o debamos hacer, pues los países iberoamericanos deben forjar sus propios destinos.

“Debemos darnos cuenta… de que las viejas instituciones y los viejos conceptos, inclusive el concepto de cooperación con los Estados Unidos, están examinándose con espíritu crítico en todas partes.

“Es preciso que, hasta donde podamos, ayudemos a nuestros vecinos a comprender que nuestra actitud es de cooperación, pero no de intromisión en sus problemas, y debemos empeñarnos en quitarle la base a cualquier queja justificada que puedan tener contra nosotros”.

Forzoso es decir que, en rigor, lo que se necesita no es ayudarnos a comprender, sino convencernos con hechos de que hoy quiere de veras liquidarse todo un largo antecedente intervencionista de variada intensidad y expresión. Sea lo que fuere, las frases transcritas coinciden con lo que la opinión iberoamericana exige con apremio. Que en vez de designar con calificativos –que no logran ser infamantes, por cierto- a los movimientos y gobernantes que en nuestros países de alguna manera encarnan la afirmación de nuestra personalidad en lo exterior y el propósito de renovación doméstica, los Estados Unidos eliminen las causas, que persisten ciertamente, de nuestra justificada desconfianza, y que se demuestre que esto no es pedirle peras al olmo. El imperialismo se ha ejercitado a costa nuestra en lo espiritual, en lo económico y en lo político. Las relaciones en todos esos órdenes pueden mantenerse fructuosamente para bien recíproco y de la especie sólo a trueque de que lo sean en un plano paritario y no para prolongar un capítulo más de la historia de los expansionismos.

Sólo así, sobre la premisa de que esto que queremos de los Estados Unidos –y que Cale formula con bastante acierto en sus líneas más generales- viva en la realidad de los hechos y no sólo en la sonoridad del énfasis oratorio, sólo así repetimos, puede tener validez lo que el mismo funcionario pide a renglón seguido a Iberoamérica con relación a Norteamérica: una “comprensión correspondiente de los problemas que arrostramos”, y una “actitud semejante con respecto a nuestros apuros”.

Toca, pues, propiamente, a nuestros vecinos dar el primer paso para lograr ese tipo de cooperación entre pueblos, del que se quiere sea nuestro continente paradigma aleccionador para el resto del mundo.

Ahora, los hechos deben hablar, y su primera elocuencia podría ser, verbi gratia, la modificación de las trágicas circunstancias del hermano Puerto Rico, todavía sometido a un colonialismo que es herida abierta en el cuerpo y en el espíritu iberoamericanos. Igualmente, el freno que se impusiera a las propagandas y maquinaciones –como las que estos días empiezan contra el régimen ecuatoriano- que tienen su origen en los despechados intereses imperialistas, adversas a los gobiernos que se significan por estar renovando la política en Hispanoamérica.

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