II. El símil del agua. Paternidad y filiación

Identificador: GE-002.
Publicación original: Novedades — Sección Editorial, 20 de enero de 1948.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Filosofía y cultura; Historia e Hispanidad.

Gajos de la epopeya

Ilustración de II. El símil del agua. Paternidad y filiación

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

II

EL SIMIL DEL AGUA. – PATERNIDAD Y FILIACION

La Patria que nacía merced al esfuerzo fundacional de Cortés, no habría de ser indígena. Por ello, los restos de edificaciones tenochcas fueron demolidos o quedaron sepultados bajo los cimientos de las construcciones que eran símbolo o comienzo de una incomparablemente más elevada civilización. Pero tampoco el futuro pueblo habría de ser, en un sentido biológico estricto, español. Por eso, la ciudad de México es materialmente construida por las manos de los aborígenes, los que en ella vuelven a habitar, y vienen a ser, desde un principio en consecuencia, uno de los dos elementos de su población: en parte española y en parte indígena; elementos que, al irse combinando en lo biológico y en lo espiritual, producirían en el laboratorio del tiempo una entidad inédita, diversa de las dos que habrían de originarla. No de otra suerte que lo que sucedió en la órbita de los fenómenos físicos y químicos el día en que el Cosmos sintió en su entraña las operaciones de una nueva substancia, nacida de los desposorios de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno: el agua, compuesta por ambos; pero, también, de ambos diversa.

Analicemos un poco este símil, que es el primer peldaño de una escala de comparaciones que juzgamos –dentro de su sencillez- iluminadora.

En el agua, el hidrógeno y el oxígeno siguen subsistiendo. No obstante, el solo sentido común –lo mismo que la Filosofía, en su apartado cosmológico- nos declara esta serie de verdades:

1º.- Que el agua, no es oxígeno.

2º.- Que tampoco es hidrógeno.

3º.- Que tiene la substancia y disfruta de ALGUNAS cualidades de uno y otro.

4º.- Que no tiene TODAS Y CADA UNA de dichas cualidades: que no es lo que pudiera decirse la suma de todas y cada una de ellas.

5º.- Que, en cambio, posee propiedades nuevas, que no tenían ni el oxígeno ni el hidrógeno; cosa que, desde luego, se hace evidente advertir, verbi gratia, que el agua es un líquido y no un gas, como eran sus dos elementos antes de combinarse.

Yendo a más altas esferas –y más cercanas al terreno definitivo en que propiamente hemos de situarnos-, ocurre algo análogo cuando se trata del resultado de los desposorios humanos:

1º.- El Hijo, no es el padre.

2º.- Tampoco es la madre.

3º.- Hay en él substancia, y participa de cualidades de una y otro.

4º.- No repite en sí todas y cada una de esas cualidades.

5º.- En cambio, posee características –así físicas como espirituales- que no tenían ni el padre ni la madre. De ahí que en su fisonomía, en su cuerpo, en su talante de igual modo que en psicología, el hijo recuerda a ambos; pero, además, determinados rasgos de su semblante, ésta o aquella línea de su cuerpo, tal o cual ademán, o bien determinadas expresiones de su carácter, son muy distintos de los de sus progenitores. Esos rasgos físicos y psíquicos, son nuevos. Sólo a él le pertenecen. Ya por su misma constitución –“de nacimiento”, como popularmente se dice-, o tal vez, en muchos casos, por razones de educación, de profesión, de medio social o geográfico, etc., son diferentes de los de sus padres. Este último tipo de diferenciaciones del hijo respecto de ellos puede verse claro con un ejemplo de los muchísimos que pueden ilustrar la materia: de un padre abogado y una madre profesora, puede resultar un hijo militar, cuya educación, profesión y consiguientes cambios de medio geográfico den lugar en él a rasgos físicos y de carácter que en vano se buscarían en la madre pedagoga o en el padre letrado.

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