Ideas y hechos
Publicación original: Novedades, 1 de octubre de 1951.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Historia e Hispanidad, Política y sociedad, Prensa y medios.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Suele hoy más que nunca ser abismal la distancia entre ideas y hechos, entre lo que se afirma y lo que es, entre el pensamiento y la realidad. Vayan ejemplos:
1.- Innovaciones históricas.- Entre otras donosas novedades, hoy se trata de atribuir a Fernando VII algo tan poco objetivo como la sagacidad necesaria para causar nada menos que la anarquía política del siglo XIX mejicano. Ello, tomando como instrumento a la Santa Sede, ya que “la poderosísima influencia eclesiástica atacó al débil poder civil” en nuestras latitudes. Según esto, no fueron los Estados Unidos, ni Poinsett, ni las consignas de las logias los promovedores y mantenedores de la desunión de los mejicanos, ni fue tampoco el Estado quien atacó a la Iglesia con el pretexto de defender la Religión “con leyes sabias y justas”.
Semejantes innovaciones en la Historia ya distante no nos asombran. Antes, los mismos innovadores han innovado en la Historia reciente, esa que la gran mayoría de los mejicanos actuales vimos y vivimos. Según las innovaciones, Plutarco Elías Calles no fue tirano sanguinolento ni la encarnación del furor persecutorio, sino que ha venido a ser víctima historiográfica de su celo por la ley, por los anhelos populares y por su defensa de las prerrogativas del Estado…
Ni hablar.
2.- ¿Otra jefatura?- A propósito de la bravura incontestable y honrosísima del batallón colombiano que participa en la lucha contra el comunismo en Corea, se afirma de las gentes hispánicas que “no olvidan la época imperial en que bajo la bandera de España llegamos a ser factor en la Historia. Actualmente, aunque bajo otra jefatura, la lucha es la misma que en tiempos de Felipe II: el cristianismo, contra la barbarie pagana”.
Lo que sí parece haberse olvidado es contra quién peleamos los pueblos hispánicos cuando fuimos sujeto y no mero objeto de la Historia. O bien que los que ahora quieren “jefaturarnos” en la lid anticomunista, los causahabientes de la herencia de Yalta, son también los herederos en ideología y en metas históricas finales de aquellos contra quienes otrora nos batimos en tierra y en mar, precisamente en defensa de eso que ellos ahora dicen defender: la Cristiandad.
3.- No somos los únicos.- Que lo que hace falta no es acogernos a jefaturas extrañas, sino a la insobornable autenticidad de la verdadera bandera de la Cristiandad se confirma en otros y autorizados criterios que ven estas cosas en su genuina luz esencial. La perspicacia de la comentarista Dorothy Thompson lo advierte, y, lo que es más, lo expresa: “En todas las democracias occidentales, inclusive en la norteamericana, se están colocando los cimientos para el totalitarismo, por medio de una campaña encaminada a vaciar gradualmente a la sociedad de su contenido espiritual… Pero cuando el Estado se convierte en dios, se tiene la esencia del comunismo, sea cual fuere el nombre que se dé a ese Estado… Bien podría llegar a llamársele hasta anticomunista”.
4.- Los “innovadores” y Dorothy Thompson.- Quienes hacen un concienzudo “hobby” -¿se escribe así?-, un entretenimiento o afición de las innovaciones históricas, también nos dicen que en nuestro medio mejicano “si se es partidario militante de la Iglesia se tiene que ser, por necesidad, conspirador del Estado. Y viceversa, el que es defensor de esta potestad se coloca al margen de las simpatías eclesiásticas y confesionales”.
No es casualidad que, fuera de nuestro medio, sea igualmente Dorothy Thompson quien observa y dice sin tapujos que en las ya dichas democracias occidentales, “inclusive la norteamericana”, “se ve con malos ojos la censura cristiana al gobierno y se considera que tal censura viola la separación de la Iglesia y del Estado”, y que, por supuesto, “en tal separación, la Iglesia queda relegada siempre a las orillas de la vida”.
Las reflexiones, el señalamiento de realidades obvias que hace Dorothy Thompson marcan con mucha claridad la diferencia que hay entre las ideas que la propaganda nos quiere hacer aceptar y los hechos que hay que reconocer.
A la vez, explican muchas cosas.
Por ejemplo, ¿no el mismo Calles llegó a dragonearla de anticomunista, él, que para sacrificar curas y feligreses invocaba idénticos motivos y usaba casi literalmente el mismo lenguaje que ahora –y para análogos fines persecutorios- los tiranos del otro lado de la Cortina de Hierro: la defensa de la ley, del pueblo y de las prerrogativas y seguridad del Estado?

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