Elecciones argentinas

Identificador: DM-168.
Publicación original: Novedades, 22 de octubre de 1951.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Política y sociedad, Historia e Hispanidad, Prensa y medios.
Ilustración de Elecciones argentinas

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

No hay que perder la esperanza de que en todos los países iberoamericanos, algún día, llegue a imponerse la genuina voluntad de los pueblos. La fuerza del ejemplo, entre otras, podrá ser uno de los vigorosos estimulantes para luchar por hacer de esa vieja aspiración un hecho cumplido. Los buenos ejemplos, sobre todo entre hermanos, siempre son saludables, y a veces decisivos para levantar la tónica, dilatar las perspectivas y clarificar el ambiente de una familia.

Ese valor de ejemplaridad que pueden asumir –si los hados de la Historia se muestran favorables-, constituye uno de los aspectos de mayor interés que presentan las elecciones del 11 de noviembre próximo en Argentina, en donde, por hoy, existe un régimen cuyo ejercicio –como toda obra humana- podrá discutirse, pero que surgió de una decisión electoral cuya límpida validez no ha podido ser objetada por los adversarios interiores de aquél ni por las fuerzas internacionales que no le han escatimado ni disimulado el encono.

Así, no se trata sólo ahora de la ordinaria trascendencia de la renovación de los titulares de los poderes públicos en un país, en razón de las naturales repercusiones en el exterior de acuerdo con el signo político y la capacidad de los triunfadores. El fondo del presente debate electoral argentino parece estar en decidir si es posible que prevalezcan un interés y una voluntad nacionales sobre un interés y un poderío extraños e históricamente antagonistas. Por eso importa hoy sobremanera la ejemplaridad que en cualquier punto de Iberoamérica –y para toda ésta- pueden revestir unas elecciones cuya pureza no sea lícitamente impugnable y de la que, asimismo, existan testimonios foráneos que no puedan honradamente controvertirse.

Desde tal punto de vista, son singularmente significativas y agoreras dos circunstancias en relación con el inminente plebiscito.

Es la primera, la decisión anunciada por el jefe del gobierno argentino –postulado, como es sabido, para la reelección- de alejarse del ejercicio del poder durante la temporada electoral. Con ello quiere hacer manifiesto y enfático su designio de evitar el de otra manera inescapable influjo que en el resultado de los comicios tiene que ejercer el dato de que una misma persona sea, a la vez que presidente de la república, candidato a continuar en esa magistratura suprema. “Es posible –dice con franqueza Perón- que la sola presencia en el cargo pueda de algún modo coartar o dificultar la libertad de decisión popular”.

Claro está que ni aun así se eliminan todas las obvias facilidades que, para alcanzar el triunfo del general Perón, se derivan de que esté en el poder el partido que lo postula para un nuevo mandato. Para un mejicano no es pasarse de malicioso decir que no basta que otra persona sea el interino titular de una presidencia en el lapso electoral. Menos aún cuando el substituido es una personalidad que políticamente destaca muchos palmos en el circundante panorama. Aquí sabemos de sobra la eficacia antidemocrática de los “maximatos” superpuestos a los poderes oficiales. Pero así y todo, y teniendo en cuenta, además, la diversidad de usos y clima político en México y en Argentina, el estratégico alejamiento transitorio de Perón del cargo presidencial siempre cuenta para reducir cierto obvio género de influjos morales en los electores. Y de todas maneras, tiene el encomiable valor de símbolo de una actitud del espíritu, y de una anticipada condenación a cualesquiera maniobras que pudieran presumirse en el ánimo de los peronistas para aprovechar ilegítimamente los resortes oficiales.

La otra circunstancia notable en relación con estas elecciones platenses es la resolución del ejecutivo del hermano país de invitar, como testigos de la pulcritud democrática de aquéllas, “a un nutrido grupo de periodistas y de dirigentes gremiales latinoamericanos”.

Ignoramos si hay otro ejemplo de una invitación semejante. Lo cierto es que ésta resulta de suma conveniencia y pertinencia, dada la índole de las censuras favoritas de que se ha hecho objeto al régimen peronista. Los periodistas, particularmente, aparte de su irrebatible imparcialidad de extranjeros, tienen por sus hábitos informativos una autoridad profesional para discernir adecuadamente sobre la interpretación de los acontecimientos que ante su vista se desarrollen, y pueden así otorgar un excepcional testimonio de lo que ocurra. Y aunque tal vez no falte el maleante que quisiera falsear los hechos, siempre queda el recurso de establecer comparaciones entre los diversos reportes periodísticos e inferir con acierto cuál sea “la verdadera verdad”

Por entrañable cariño a la Argentina, y por interés de hispanoamericanos, anhelamos fervientemente que lo que estos excepcionales testigos refieran no pueda hablar de nada que –según palabras de Perón al congreso platense- pueda empañar “la pureza de un acto que debe ser escuela y ejemplo de expresión democrática, tanto para nuestras propias generaciones futuras, como con referencia a otras naciones del orbe, que nos observan y no siempre nos juzgan con justicia y exactitud”.

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