El Papa y la Prensa III
Publicación original: Novedades, 10 de julio de 1950.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: ética periodística, Pío XII, noticias y servicio a la verdad.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Hay publicaciones que, además de sus tareas informativas –tareas, por cierto, de solvencia no siempre segura-, se dedican empeñosamente a “forjar”opinión pública, de esa de la que Pío XII afirma que de tal cosa no tiene “más que el nombre, nombre vacío de sentido, algo así como un vago rumor, una impresión ficticia y superficial”. Ahora bien, el empeño de “forjar” semejante remedo de opinión pública, tórnase más pernicioso cuando asume alcances internacionales. Ejemplo insigne de ello viene a ser la socorrida fuente de información y de “opinión” condensada, para trece millones de lectores de varias lenguas, en el “Reader’s Digest”.
Esta revista, indudable monumento de banalidad y superficialidad, nos recuerda, invenciblemente, la referencia –ya citada en anterior artículo- del discurso papal que hemos venido comentando, referencia que puede proyectarse a ese tipo de prensa manejado por “quienes se muestran hábiles para poner en movimiento todos los resortes de la técnica moderna, todo el arte refinado de la persuasión, A FIN DE DESPOJARLOS (en este caso, a la friolera de trece millones de lectores) DE SU LIBERTAD DE PENSAMIENTO, haciéndolos semejantes a esos frágiles “juncos agitados por el viento” mencionados por el Evangelio de San Mateo.
Si son sinceros, los propios lectores del “Reader’s Digest” tienen que convenir en que el atractivo de éste, lo que incita a adquirirlo y leerlo es, ni más ni menos, lo que dice la revista francesa “Recherche” en su número de diciembre de 1949: la simplicidad y el optimismo. Dejemos la palabra a “Recherche”:
(El “Digest”)… “es una revista que distrae y sobre todo no requiere gran esfuerzo intelectual, ni es fatigosa. No tiene palabras difíciles ni frases complicadas. Todo es simple. Demasiado simple y un poco simplista. El “Digest” ha adoptado un método que se parece sobremanera al de aquel doctor Rabilargo, de célebre reputación: ¿Un problema nos parece difícil, muy complicado? Persuadámonos de que es muy fácil y nos parecerá enseguida muy, muy fácil, aunque no lo sea en realidad.”
“Pero –agrega “Recherche”—el que simplifica mucho deforma la verdad. Por ejemplo, ese artículo que publicó el “Digest” hace tiempo y que tenía por rubro: “No se puede pagar tanto a los trabajadores”. Mister Morgenthau, ministro de finanzas de los Estados Unidos, halló en él tantos errores que creyó necesario rectificarlos en una carta de cinco páginas. La envió a “Selecciones”, diciéndoles: “No estoy seguro de que estarán de acuerdo conmigo si afirmo que sus lectores tienen el derecho de conocer los hechos”. El “Digest” no publicó esa rectificación. El “Digest” no publica jamás rectificaciones. Y el lector ingenuo cree, por consiguiente, en la autenticidad de lo que se le dice”.
Por otra parte, según decíamos, el “Reader’s Digest” no se ciñe a lo informativo. “Predica un ideal de vida que se condensa en una palabra: optimismo a cualquier precio”. “Así como todo es extremadamente simple, todo está extremadamente bien para el “Digest”: “Las personas pueden parecer perfectamente imposibles, pueden parecer mediocres, mezquinas, hipócritas; pero si damos diez pasos a la izquierda y las observamos desde un ángulo distinto, veremos muy probablemente que son generosas, gentiles y francas”. Y en otro número proclama sentenciosamente: “Seamos como el neumático que absorbe los vaivenes de la ruta”. ¡Seamos, pues, neumáticos! He aquí algunos ejemplos:
“¿Perdéis la vista? ¡Pero si eso no es del todo grave! Escuchad a Dale Carnegie: “He descubierto que debo aceptar la pérdida de mis ojos exactamente como se toma la parte fastidiosa y las dificultades de la existencia” (“Selecciones”, Octubre de 1949). La pobreza no es más grave. Se ha visto impresa en el “Digest” una historieta intitulada: “Vivimos en los cuchitriles”, en que se ensalzan los encantos de las casas pobres. La muerte no es más desagradable: “Creéis que la muerte será desagradable: Estáis equivocados; no es desagradable morir”. Yo me pregunto si el autor de esta frase había ya tenido la experiencia de la muerte para hablar con tanta certidumbre”.
Perdónenos el lector la larga cita; pero expresa casi todo lo que teníamos pensado decir a propósito del “Selecciones”. Ahora que, en confianza, ¿no es verdad que su lectura constituye un pequeño –y mediocre- paraíso artificial; un narcótico del pensamiento; un nirvana para el espíritu, en que por grados éste pierde el buen sentido y la espontaneidad de juicio, la verdadera libertad de ideas, en la consideración de los grandes y los pequeños problemas, en la interpretación de estas horas graves con semejantes ilusorias simplicidades de la revista de marras, con su vacuo optimismo que rezuma un intolerable sabor a escritos de Orison Swett Marden?
Muy saludable resulta, pues, la advertencia final de “Recherche”: “sabed, sobre todo, fieles lectores del “Digest”, que la cultura no consiste en saber que los pelirrojos tienen 80,000 cabellos, mientras que los morenos y rubios, más favorecidos, poseen respectivamente 102,000 y 140,000. La cultura consiste en saber hacer avanzar el espíritu. Pero el “Digest” no ejercita vuestro espíritu; no os hace reflexionar. El “Digest” tiene ya hecho todo el trabajo, y hecho mal. Piensa por vosotros, y piensa mal.”….. “Hay que ponerse en guardia, porque vuestro espíritu le tomará gusto a esta somnolencia intelectiva y a este hábito de encontrar el trabajo ya realizado. Se hará rebelde a toda reflexión… Y esto será todo lo contrario de la cultura. Será el fin de vuestra libertad de pensar”.
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