Diplomacia viva

Identificador: DM-183.
Publicación original: Novedades, 11 de febrero de 1952.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Historia e Hispanidad, Política y sociedad.
Ilustración de Diplomacia viva

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Cuando se entiende no como la fría y acartonada representación de una política rutinera y sin perspectiva, sino como una manifestación al exterior de esa cosa real, viva, cálida que es el espíritu de un pueblo con precisas metas históricas, entonces la diplomacia, en su ejercicio, participa de estos mismos atributos, y se torna también algo auténtico, vivo y con calor de humanidad.

En tal caso, el protocolo queda tan sólo desempeñando la función de esos fondos convencionales de los retratos renacentistas, en los que la curiosidad o el primor del detalle no alcanzan a distraernos del tema central: las líneas, las luces y sombras, la expresión del rostro en que esmeróse la intención de maestría pictórica. No de otra suerte, lo principal, en este tipo de diplomacia, viene a ser el que la nobilísima representación nacional que supone es realizada a través de un contacto que excede la limitación de los círculos oficiales y se extiende cordialmente a la tierra, a las gentes, a la historia y la tradición del país en el que la misión diplomática labora.

Esto es lo realmente fecundo; lo que deja semillas de amistad constante con las personas, que es una de las circunstancias que más eficazmente preparan, consolidan o estrechan las amistades de los pueblos. El tránsito de un diplomático pierde así la melancolía de la fugacidad, y asume un valor de presencia prolongada merced a la viviente permanencia de los afectos que se supieron ganar, y a la continuada y trascendente repercusión, a través del tiempo, de las gestiones que con ambición histórica se llevaron a cabo. Sobre el fondo plástico del protocolo, queda estampada, para siempre, la fisonomía, el perfil de quien supo ubicarse en el primer plano de interés para el observador del desarrollo de las relaciones entre dos países.

Invenciblemente, las anteriores consideraciones las hemos hecho –seguros estamos de esta unanimidad- cuantos tuvimos el privilegio de disfrutar del trato y amistad del doctor Oscar Hasperué Becerra, embajador de la República del Plata, que hace pocos días ha regresado a su patria. Su estadía en nuestros lares fue signada por la eficacia de ese concepto, que pudiéramos llamar revolucionario, de lo que debe ser la función diplomática: revestida ésta, sí, del señorío y atuendo que exige la alta dignidad de lo que ella representa; pero libre del lastre del espíritu de burocracia que antaño solía ensombrecerla de mediocridad; informada por un soplo juvenil de renovación de las actitudes del espíritu; generosamente abierta a cuanto pueda comunicar un matiz del alma del pueblo entre el que, transitoria pero cordialmente, se reside, y a todo aquello que, de algún modo, acierta a definir el íntimo sentido de su papel en la Historia; atenta a aprovechar toda coyuntura de realizaciones prácticas para coordinar las posibilidades de ese específico y singular papel histórico con el de la propia nación, en orden al logro de metas comunes y de recíproco beneficio.

Así fue el paso del doctor Hasperué Becerra por tierras mejicanas. Equilibrio logrado del señorío y de la sencillez; de la gravedad de la función con la agilidad del dinamismo operante. Sembrador de afectos hondos que a través de su persona fueron a proyectarse también, espontáneamente, a su ilustre país natal. Sagaz gestor de realizaciones que rebasarán el marco cronológico de su estancia en nuestras latitudes, y que lo seguirán haciendo actual y presente para muchos mejicanos, no sólo por el afecto sino asimismo por la pervivencia de sus hechos, de sus buenas obras, que, según la tradición medular de nuestra Estirpe, son las que hacen al hidalgo.

Porque, en efecto, así lo recordarán aquí todos sus amigos: como al hispanoamericano fraterno que ni un solo momento dejó de dar fe de su hidalguía, aun en aquellos momentos en que una propaganda internacional antiargentina tuvo entre nosotros infortunados ecos. Su caballerosidad entonces, se mantuvo enhiesta al lado de su firme dignidad, y fue la mejor respuesta a los ataques.

Estas palabras quieren ser, más que un afectuoso “hasta siempre” –como en su tierra suele decirse-, una constancia de la relevante calidad humana, del entrañable mensaje de argentinidad que aquí trajo, y del operante sentido americanista que hicieron de su fecunda gestión una diplomacia de nuevo cuño: una diplomacia viva.

Comentarios

Más leídos por autor

El artículo con más vistas de cada autor en los últimos 30 días completos. Cada lectura conserva su autor y su micrositio.

Google Analytics 4 · 11/09/2026 al 10/10/2026 · Último cálculo guardado.