Antorchas universitarias
Publicación original: Novedades, 8 de octubre de 1951.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Universidad y educación, Fe y vida religiosa, Historia e Hispanidad.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Con la fresca vitalidad de lo espontáneo y juvenil surge la iniciativa. En efecto, como natural y obvio impulso, que quiere coronar así los festejos del Cuarto Centenario de la Universidad, de los propios estudiantes ha brotado el designio de otorgar un gran testimonio de fe y adhesión a los supremos valores del espíritu y de la Patria, en un magno desfile universitario que tendrá como meta el santuario nacional en que todo Méjico venera a la Virgen de Guadalupe.
El desfile comenzará a las cinco de la tarde del dieciséis de este mes de octubre –mes de la Raza- en la exgarita de Peralvillo.
Con un anhelo de fraterna unanimidad, la invitación no sólo a los estudiantes y maestros, a los funcionarios y empleados de la Universidad Nacional se extiende, sino asimismo a todos los profesionistas, a los maestros y alumnos de las Universidades de la Provincia y a los de todas las escuelas de enseñanza superior.
El propósito es rendir un homenaje de la inteligencia nacional a Aquella que una secular exaltación aclama como símbolo consubstancial de la Patria y –por feliz coincidencia- Reina de la Sabiduría.
También se quiere que este homenaje exprese material y exteriormente su luminoso simbolismo espiritual. Y así, luminosamente, lo dirá en larga hilada de antorchas –fuego de amor, luz de inteligencia- que han de alumbrar esa hora vesperal en la calzada histórica. Estupendo alarde de comunión igualmente histórica con los millones de mejicanos –entre ellos, miles de universitarios del pretérito- que desde hace cuatro siglos han puesto la planta en esa misma vía, llevando en el alma una antorcha viva, ya doliente e impetradora, ya consoladoramente esperanzada, ya jubilosamente agradecida, pero siempre plebiscitariamente afirmadora de una decisión colectiva de seguir siendo por siempre una Nación con perfil originalísimo, con atributos constantes e intransferibles, siempre fiel, en suma, como el poeta quería, a la impoluta diafanidad de “su espejo diario”.
Resulta muy significativo el que la invitación sea hecha precisamente por la mocedad misma, por “el pueblo universitario”. Quiere decir, entre otras cosas, que, a pesar de todos los factores adversos a la autenticidad de la Máxima Casa de Estudios, el lema agorero que le adscribió Vasconcelos se cumple y logra expresarse en las grandes coyunturas y en los fastos solemnes y genuinos como este cuatricentenario fundacional.
Sí, el Espíritu habla por nuestra raza. Y no obstante los reveses históricos, cabe tener confianza en el futuro de México cuando la excelente levadura con la que sus fundadores amasaron nuestra nacionalidad sigue dando fermentos tan visibles.
Porque lo cierto es que al proclamar la juventud, con el luminoso desfile, que los valores del pensamiento no sólo se acuerdan armoniosamente con los valores religiosos, sino que incluso reciben de ellos jugo nutricio, sentido y justificación; al reconocer también así que nuestra cultura es cristiana o no es; al ratificar en un movimiento popular y extraoficial esa voz de filialidad a la tradición –voz que fue forzoso se oyera durante estos días en los ámbitos universitarios para que las celebraciones asumiesen sentido de grandeza y autenticidad-; al reafirmar la intelectualidad del país, que, para cumplir la función de servicio al pueblo que le es propia, debe abrazarse “visceralmente” a las esencias de la Patria sin desconocer a ninguna, se está dando motivo con todo ello para admirar la pervivente robustez de nuestras raíces nacionales que han sido capaces de superar tremendas embestidas históricas.
Las antorchas universitarias, en el crepúsculo vespertino del próximo día dieciséis, fulgurando en la por antonomasia “calzada de la mejicanidad”, darán fe de que, “en sus cuatro siglos”, la Universidad –“alma de la Patria, luz del nuevo orbe”- hace esplender la exacta verdad de la sentencia de López Velarde:
“LA MÉDULA DE LA PATRIA ES GUADALUPANA”.

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