¿A Dónde Va el Japón?
Publicación original: Novedades, 9 de abril de 1951.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Japón, misión católica, juventud, encuesta y posguerra.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Pocas cosas hay tan interesantes como la correspondencia de los misioneros católicos, cuyos heroísmos increíbles suelen por cierto ser sistemáticamente ignorados, pese a su desinterés insospechable, a los obstáculos humanos y geográficos –colosales, muchas veces- que se ven impuestos a superar para la dilatación de la Fe cristiana y de los valores culturales que con ésta van aparejados.
De esa correspondencia desprendemos hoy una información que resulta extraordinariamente ilustrativa y de interés no común:
En un colegio de enseñanza media -700 alumnos, de 16 a 19 años-, ubicado en Kyoto, que es nada menos que la capital religiosa del Japón, una encuesta sui géneris dio estos elocuentes resultados:
1.- ¿Estás contento con tu vida diaria?
“Sí” 39% “No” 59% “No sé” 2%
2.- Si no estás contento, ¿a qué se debe?
“A la dureza de la vida” 22% “A algo espiritual que echo de menos” 53%
“A ambas cosas” 11%
3.- Para estar contento, ¿bastaría cambiar el sistema social?
“Sí” 44% “No” 31% “No sé” 25%
4.- ¿Es la Religión una superstición?
“Sí” 35% “No” 55% “No sé” 10%
5.- ¿Es el hombre lo mismo que un animal?
“Sí” 13% “No” 71% “No sé” 16%
6.- ¿Crees que el hombre tiene alma?
“Sí” 43% “No” 32% “No sé” 25%
7.- ¿Qué hay después de esta vida?
“Queda el alma” 21% “Nada queda” 41% “No sé” 38%
8.- ¿Existe Dios?
“Sí” 35% “No” 38% “No sé” 27%
9.- ¿Es Dios obra de la imaginación humana?
“Sí” 51% “No” 14% “No sé” 35%
Si se relee atentamente, salta a la vista la contradicción entre algunos de los porcentajes anteriores. Por ejemplo: Si un 43% cree en el alma, un 71% afirma que el hombre es en último término lo mismo que un animal; si un 35% sostiene la existencia de Dios, a renglón seguido un 51% dice que Él es fruto de la imaginación humana.
Comenta el corresponsal, con buen tino, que estas contradicciones pueden explicarse por la edad de los interrogados y la manera de formularles cada pregunta. De todas suertes, observa, “siempre queda el hecho de los que dudan o niegan, mientras que sólo son un 14% los que creen a Dios algo más que ficción de la fantasía”.
Por nuestra parte, queremos subrayar que la encuesta y sus resultados son desoladora revelación del tremendo desconcierto espiritual que las derrotas “cartaginesas” acarrean. En esta misma página, no hace mucho, uno de nuestros selectos colaboradores españoles el conde de Foxá –poeta exquisito, por cierto, que conocimos en Sudamérica- hablaba con gran perspicuidad de la irresponsabilidad de los que derrumban símbolos sin antes ponderar las consecuencias probables.
A partir de la rendición nipona, los occidentales han gozado de lo lindo pulverizando con grosera saña toda la simbología japonesa, cuanto sustentaba así lo bueno como lo malo del espíritu colectivo en el país del Sol Naciente, cuanto, en suma, le otorgaba cohesión y consistencia como pueblo en muchos aspectos admirable. ¿Y qué le han dado en cambio?... Misioneros protestantes; consejos y hasta amagos genocidas en el sentido de restringir la natalidad; una advertencia –demasiado teórica- de que debe democratizarse al ñoño modo liberal, así como un peligro –eminentemente práctico- de bolchevización a corto plazo… Porque no ha sido propiamente Occidente, sino la Iglesia, la que le ha dado lo único valioso de verdad; un puñado de misioneros católicos que heroicamente tratan de rescatar de la tragedia del desconcierto del espíritu al mayor número que les es dable.
¿Qué deparará el destino a la nación japonesa, tan digna de mejor suerte?
Porque, en el trasfondo de su realidad contemporánea, a la postre, las posibilidades únicas de opción a que parece llevarle la Historia próxima son: dar oídos a la mentida esperanza de mejorar, cambiando el sistema social por la sepulcral “pax soviética”; o retomar la ruta histórica cuyas primeras brechas abrió, hace cuatro siglos, aquel su inmenso primer apóstol: San Francisco Javier. Es demasiado poco lo que pueden ofrecerle al espíritu japonés esas veredas intermedias del protestantismo y del democratismo liberal.
¿Con quién se irá el Japón: con Stalin o con San Francisco Javier?
He aquí una de las más conturbadoras interrogaciones de la Historia de nuestros días.
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