Unidad Económica Iberoamericana

Identificador: DM-440.
Publicación original: Novedades, 16 de mayo de 1957.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: unidad económica iberoamericana, integración regional, Comunidad Económica Europea, productividad, industrialización, Pío XII.
Ilustración en blanco y negro de Unidad Económica Iberoamericana, artículo de LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES


Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Singular aplauso merece la perspicaz proposición presentada en la recién pasada convención bancaria que se celebró en el puerto jarocho, proposición tendiente a hacer realidad una unión económica iberoamericana capaz, entre otras cosas, de contrarrestar las posibles repercusiones que para nuestras economías puede tener la flamante Comunidad Económica Europea.

La idea, expresada por persona excepcionalmente alerta y documentada como el licenciado Juan Sánchez Navarro, presidente de la Confederación de Cámaras de Comercio, no puede ser menos actual y certera para quienes llevan el pulso de lo internacional.

En efecto, recordemos que se ha dicho autorizadamente que no es aventurado afirmar que el progreso económico de Iberoamérica –señaladamente en lo industrial- puede estimarse que logrará en veinte años “ lo que Europa hizo en doscientos años, los Estados Unidos en cien, y el Japón en sesenta”. Ese estupendo avance que se prevé se explicaría por nuestro aprovechamiento de las anteriores experiencias, singularmente de la norteamericana, y por la amplitud de los recursos potenciales de nuestra geografía.

La primera reflexión que se impone es que a estas formidables perspectivas habría que asegurarles su cumplimiento acelerando la unidad de acción de nuestros pueblos. Hay una iluminadora indicación pontificia que hace nueve años, en mayo de 1948, hacía las siguientes consideraciones: “La economía nacional, en cuanto que es economía de un pueblo incorporado en la unidad del Estado, es en sí misma una unidad natural, QUE PIDE EL DESARROLLO MÁS ARMÓNICO POSIBLE DE TODOS SUS MEDIOS DE PRODUCCIÓN EN TODO EL TERRITORIO HABITADO POR EL MISMO PUEBLO. Por consiguiente, las relaciones económicas internacionales tienen una función ciertamente positiva y necesaria; PERO SOLAMENTE SUBSIDIARIA. La alteración de estas relaciones ha sido uno de los grandes errores del pasado, cuya vuelta podría favorecer fácilmente la situación que, a la fuerza, padece hoy un buen número de pueblos. EN TALES COYUNTURAS, ACASO FUERA CONVENIENTE EXAMINAR SI UNA UNIÓN REGIONAL DE DIVERSAS ECONOMÍAS NACIONALES NO HARÍA POSIBLE DESARROLLAR MÁS EFICAZMENTE QUE ANTES LAS FUERZAS PRIVADAS DE LA PRODUCCIÓN”.

Este es, ni más ni menos, nuestro caso. Iberoamérica debe aspirar a bastarse a sí misma –dentro de las obvias limitaciones que, hoy día, impone la interdependencia económica en todo el mundo-. Contra ello conspira la excesiva división de nuestros pueblos, pero tal vez puede superarse este inconveniente si nos integramos a través de subregiones económicas más o menos obvias, como podrían ser México y el Caribe, los Estados andinos (Bolivia, Perú, Chile), Suramérica central y meridional (Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil). La comunidad económica iberoamericana permitiría a cada una de las zonas recién nombradas “disponer de una cantidad enorme de productos, sobre todo materias primas esenciales y de valor estratégico que le “asegurarían” la independencia respecto de otras economías, y las posibilidades de un desarrollo integral”, según palabras del excelente estudio publicado hace ya más de un lustro por el economista platense Héctor Bernardo a este propósito.

No contamos al presente con la ventaja que en la Comunidad Económica Europea significa el alto grado de industrialización; pero si se persiste en el propósito y en el aliento con que hemos acometido la empresa de llegar a un grado semejante de desarrollo industrial, no es temerario pensar que si lo logramos estaremos en situación ventajosa para consolidar una más vigorosa autosuficiencia en vista de la ingente vastedad de nuestros recursos naturales. La diferencia es clara, ya que es sabido que la Comunidad Europea, para complementarse anda ahora en busca de una integración más amplia y más consistente con países africanos en calidad de fuentes de aprovisionamiento de productos industrializables. El éxito de este intento de integración euroafricana se presenta quizá más sembrado de escollos que el nuestro, puesto que las dificultades políticas y el distanciamiento respecto de Europa implícitos en el actual proceso de descolonización de África pueden impedir o retrasar al menos considerablemente la realización de la idea.

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