Una Película de Escándalo
Publicación original: Novedades, 16 de mayo de 1944.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: cine, Ricardo León, El Amor de los Amores, virtud, honor, perdón, Hispanidad.
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Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Motivo de alborozo es el tránsito a la pantalla de la célebre novela de Ricardo León, “El Amor de los Amores”. Personalmente, para los amadores de la obra total del gran hombre de letras y gran español que fué don Ricardo, tiene sabor de hechizo esta versión cinematográfica. Como que en ella volvemos a trabar relación fervorosa con algunos de los más formidables caracteres creados por el egregio maestro del buen decir castellano, cuya muerte enlutó el año pasado, el recinto de la Real Academia de la Lengua.
Este deleite se acrecienta merced al acierto de la adaptación lograda por Don Antonio Mendiz Bolio, plena de señera y sobria autenticidad, de honrada fidelidad a las esencias de la novela; y gracias también a la excelencia de los intérpretes y a la idoneidad del marco en que se mueven.
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Por otros respectos, alegra el ánimo y lo conforta, el que la película –a la que podría objetarse algún desacierto de técnica-, por la trascendencia moral de su contenido, abre, para un vasto sector del público -ese cuyo alimento habitual y aun exclusivo es el radio y el cine- insospechados horizontes, provincias enteras del espíritu en que vibran y batallan los más altos valores de la vida del hombre. Valores cuya consideración se halla normalmente evadida de la producción cinematográfica ordinaria, que sólo nos ofrece problemas triviales, con soluciones aun más triviales y el espectáculo de caracteres minúsculos, cuyo enanismo psicológico y moral no basta a encubrir el artificial relieve que pretenden darle los recursos múltiples e ingentes del séptimo arte, embarcados lamentablemente en la empresa baldía de revestir de grandeza a personajes de ingénita mediocridad.
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Es ésta, capitalmente, una película de escándalo. En ello estriba, propiamente su mérito mayor. Lo que le da un señalado perfil y la avalora en el minuto que corre. Triunfa en ella el escándalo. Es escándalo de la virtud que, enérgica, señoril y segura de su fuerza alarma al hombre masa de la hora. Claro, como que viene a quebrar su modorra burguesa de vicio, su engañoso nirvana de utilitarismo y de sensualidad, presentándole un hondo drama en que rudamente, ásperamente, son vencidas las fuerzas del mal en el desenlace ejemplar y para él inconcebible.
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Es película de escándalo porque en ella se realzan antiguas virtudes que hoy suelen incomodar. En su desarrollo toman asiento la lealtad inquebrantable a la amistad; la benevolencia y señorío de las maneras; el amor encendido a los paternos blasones, al terruño, a la casa solariega; la gracia ondulante y la finura de los castos amores; el recio e infrangible culto al honor, distintivo de los pueblos hispánicos; finalmente, la ejemplaridad del inaudito, cristiano perdón al más afrentoso ultraje.
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Y –aquí el escándalo llega al colmo- en esta cinta la virtud es, simplemente, virtud. Y sobre todo, el pecado es, lisa y escuetamente, pecado. No asistimos al espectáculo imbécil de la indiferenciación del bien y el mal. Aquí el adulterio, en su cruda verdad, es infamante. Y monstruoso por llevar aparejado el agravio de la ingratitud. No es el adulterio insoportablemente trivial del triángulo amoroso y amoral a que nos tiene hechos el cine importado. No se exalta, hipócritamente, el conflicto sentimental de los protagonistas para esfumar, con argucia sutil, el tremendo conflicto de valores que una infidelidad plantea. En esta obra, los adúlteros se enfangan, impotentes ya contra la mala pasión; pero no niegan la realidad del fango.
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Escándalo es también para muchos, en quienes se ha vuelto rutina la blasfemia roñosa contra los hontanares de la vida, la indignada y pronta respuesta del viejo labrador Pelayo Crespo al hijo criminal, cuando éste, en un arranque de réprobo, maldice el día en que recibió la existencia de su padre: “¡Yo te la di, mal hijo, limpia y honrada como el capillo de cristianar! ¡Tú la manchaste luego y la tiraste al barro! ¿Qué culpa tengo yo?... ¡Perfecto tapabocas a tanto pesimista en boga, que culpando a una fatalidad inexistente busca encubrir su falta de coraje para vivir con decencia!
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Escandalosamente insólito nos parece asimismo un delicado acierto: el ubicar la acción de la película “en cualquier país de habla española”. Este detalle, leve y nimio, ¡cómo dice al espíritu la verdad de esa unidad esencial que es nuestra manera de ver y de vivir la vida! Pese a la dispersión en remotas y disímbolas áreas geográficas, hay una íntima, recóndita, incoercible identidad en las almas hispánicas, no importa el pigmento o los caracteres somáticos de los cuerpos en que habiten… La noble vida del señor de Villalaz; las suaves costumbres lugareñas; las jerarquías humanas fincadas en la idea de la diversa función social del señor o del aldeano, del cura o del labriego; el hidalgo respeto a la mujer; el amor al trabajo; la dulce e ingenua alegría de unas bodas campesinas, todo ello, ciertamente, se reitera y se da indistintamente en cualquiera de nuestros veintiún países, hermanados por el verbo, la cultura y la fe.
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Creemos, por último, que esta cinta nos dará el escándalo de que ese gran desdeñado que es Ricardo León, sea exaltado entre nosotros por la vía más eficaz: suscitando el afán de conocer la novela que inspiró la producción cinematográfica. Tal cosa será bastante para que el que ignore la obra de don Ricardo, entre por este magnífico vestíbulo de “El Amor de los Amores” a más interiores aposentos de poesía, novela y ensayo. Allí podrá saciar la sed de idealidad y de sabiduría que hoy consume a muchos espíritus selectos que inquieren, insomnes, dónde abrevar aguas de verdad y de amor.
El amor de los amores: de la reseña a la pantalla
Este artículo de LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES, publicado en Novedades el 16 de mayo de 1944, comenta la película dirigida por Antonio Mediz Bolio, basada en la novela El amor de los amores, de Ricardo León.
La película que presentamos a continuación es la adaptación posterior de Juan de Orduña, realizada en 1961 y estrenada en Barcelona en 1962, con Arturo de Córdova, Emma Penella y Jorge Mistral. Ambas versiones parten de la misma obra literaria; esta nueva adaptación permite acercarnos a la historia que inspiró la reseña de 1944.
Te invitamos a verla y a reflexionar sobre el honor, la lealtad y el perdón cristiano que destacan en este artículo. Pulsa ▶ en el reproductor para verla aquí mismo, sin salir del blog.
Nota del Archivo. Fuentes: Diccionario de Directores del Cine Mexicano y Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Video compartido en YouTube por el canal Jacinto.
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