Televisión contra Revolución

Identificador: DM-012.
Publicación original: Novedades, 15 de agosto de 1944.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Revolución francesa, privilegios, igualdad jurídica, fueros, televisión retrospectiva.
Ilustración de Televisión contra Revolución

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

“No tengo por qué disimularlo: La Historia de la Revolución Francesa es una historia mediocre,
tanto por sus ideas como por sus hombres. No es grande más que por la majestad presente de la muerte”. (PIERRE GAXOTTE).

I
Con la curiosidad que despiertan las bromas pesadas de otras épocas –en todas ellas las ha habido-, este mes nos recuerda la efeméride de la abolición de los privilegios, decretada en agosto de 1789 por la célebre Asamblea francesa que se autonombró Constituyente en un rapto de lírica y molesta megalomanía.
Si el “mago” Lee de Forrest lograra perfeccionar sus trascendentales experimentaciones hasta el punto de hacernos la dádiva de la televisión retrospectiva, una “radioteledifusión” de tal imponente acto de legislación constitucional conmovería, ciertamente, al espectador, hasta las lágrimas. Pero por exceso de risa. La pretenciosa declaración y la edificante escena de efusión sentimental que le siguió, toda aplausos, sollozos y abrazos, tendría hoy un éxito sensacional. El mismo que alcanzaron en las pantallas capitalinas, el año pasado, las exhibiciones de algunos fuertes dramas “filmados” muy en serio en los tiempos heroicos del cinematógrafo y cuyo argumento, intérpretes e incidencias resultaron tan chuscos para el paladar moderno, que la asombrada hilaridad del público hizo que, por un momento, los distribuidores de películas pensasen alarmados en un eclipse definitivo de Laurel y Ardí.

II
¡La abolición de todos los privilegios!... Una de las astracanadas de la Revolución Francesa.
Liquidado ya el centenio liberal –con gorro frigio y todo-, la memoria de tamaña pretensión nos impone unas preguntas a las que contestar con sensatez.
¿Son malos los privilegios? Todo privilegio, ¿es odioso? ¿Es posible abrogar todos los privilegios?... El privilegio –la misma palabra lo dice- es una ley privada: privata lex, privi-legio. Es decir, un estatuto, una reglamentación jurídica que se aplica, en virtud de razones determinadas, a un grupo de personas físicas o morales, a veces a una sola persona, de un modo exclusivo, privativo. ¿Cuál es su fundamento moral y jurídico? Sencillamente, que el hombre real, verdadero, el positivamente existente, no es el hombre imaginario, abstracto, que fantaseó el absurdo igualitarismo liberal. Los hombres concretos, en la realidad, son diferentes entre sí, guardan situaciones diversas. Tienen asignada por herencia, por designación competente, por elección, por previsiones legales o consuetudinarias, o por personal y meritoria conquista, puestos muy variados dentro de la sociedad. Asumen distintas funciones sociales, merced al principio de la división del trabajo, cada vez más exquisita en el curso del devenir sociológico. En suma, como decían nuestros mayores en su lenguaje llano, lúcido y exacto: los hombres, dentro del cuerpo social, tienen distintas jerarquías. Por eso, el sentido antijerárquico de la Revolución Francesa ha sido para nosotros un triste legado suyo, aceptado sin prudente beneficio de inventario, y en cuyo debe hay que cargar mucho de nuestras desgracias nacionales. Dante Alighieri nos recuerda que el genio de la Antigüedad había expresado la terrible fuerza deshumanizadora del igualitarismo con una maldición proverbial: “¡Que tengas un igual en tu casa!”.

La justicia –lo implica el viejo aforismo- no consiste en tratar a todos igual. Sino, considerando las diferenciaciones que en la vida real se presentan, en tratar desigualmente lo que de suyo es desigual. “Suum cuique”: a cada quien LO SUYO. No a cada quien lo mismo.

III
Diverso es el rango, según la nobleza de la función social desempeñada, del Maestro don Antonio Caso y de un inspector fiscal. Clara distancia hay entre el misionero evangelizador y civilizador del tarahumara, y el guardavías del Zócalo. La togada sapiencia y honradez de don Salvador Urbina tiene mucho más alta calidad que la modesta eficacia de un buen oficinista. Remotos entre sí por su jerarquía funcional se hallan también el que se da al noble ejercicio de las armas y el utilísimo trabajador del imprescindible servicio de limpia. Las diferencias objetivas entre todos ellos, implican, forzosamente, diferencias en el respectivo “status” jurídico.

IV
Todo esto no quiere decir que parte de lo abolido por el edicto que motiva este comentario, no mereciese la extinción. Lo censurable es la absurda generalización, la falacia interna del decreto, por otra parte cómico hasta la extravagancia por la ridiculez de su liturgia. Porque un privilegio es odioso solamente cuando no corresponde a un correlativo y específico servicio social que lo justifique. Porque, además, no es posible una ley única, igual para todos. Es dislate mayúsculo el uniformismo legal que nivela a todos los individuos y a todos los grupos. La única posible –y debida- uniformidad legal sólo puede referirse a aquello que rija lo único en que todos los hombres y los grupos son iguales. Es decir, su esencia. Más allá de esa zona, todo tiene que ser, bien miradas las cosas, privilegio, privata lex. Fuero, que decimos también en castellano. Por eso, antaño, hubo fueros regionales y municipales. Por eso ordenanzas para cada corporación. Por eso el fuero eclesiástico. Y hoy, a despecho de la lógica interna del liberalismo inspirador de la Constitución, hay por la misma razón verdadero fuero militar, fiscal y del trabajo, con sus leyes especiales y tribunales privativos. La realidad se ha impuesto a los delirios de los teorizantes.
V
Lo decíamos al principio: una televisión retrospectiva demuestra claramente la inanidad de la Revolución Francesa.

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