Síntomas Argentinos

Identificador: DM-375.
Publicación original: Novedades, 17 de octubre de 1955.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Argentina, Eduardo Lonardi, posperonismo, justicia social, gobierno civil, Iberoamérica.
Ilustración de Síntomas Argentinos

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

A menos de un mes del desplome del peronismo, en el país platense se advierten signos particularmente alentadores. Desde luego, al revés de lo que en circunstancias semejantes hubiese ocurrido en otras latitudes iberoamericanas a pesar de haberse liquidado una situación política que dio lugar a tan vehementes y profundas animadversiones, el gobierno surgido de la rebelión victoriosa da señas plausibles de que no quiere erigirse en un régimen de venganza. Las aprehensiones de peronistas, por ejemplo, han tenido hasta este momento el solo cariz de exigencias obvias de seguridad o el de medidas policíacas en contra de presuntos enriquecidos ilegítimamente a la sombra del recién extinto oficialismo.

Es decir, parece indudable que lo que se quiere evitar es precisamente eso que el peronismo en sus postreros días estuvo quizá a punto de acarrear al país, o sea, la caída en una barbarie sanguinolenta al través de un clima de “vendetta” por demás exótico 


en el venturosamente alto nivel espiritual argentino. Y es muy de ponderar –digamos de paso– hasta qué punto la rebeldía acaudillada por el general Lonardi salió al paso a la posibilidad de que las proyectadas milicias de trabajadores, engañados y enardecidos por la habilísima demagogia de Perón, hubiesen hecho eco positivo al grito febricitante de matar “cinco por uno”, consigna –que todavía se antoja increíble– del máximo líder y a la vez magistrado supremo en sus últimos días en el poder.

Por otra parte, claros indicios disipan cualquier sospecha de que se haya tratado de realizar una restauración a favor del reaccionarismo oligárquico ligado a intereses económicos extranjeros. Por el contrario, la precisa e inequívoca actitud ha sido la de reafirmar sin circunloquios, y hasta con énfasis sobrado elocuente, que las conquistas sociales han de ser mantenidas, y aún más, ampliadas. Esto último, atendida la dificultad que para cumplirlo necesariamente significa la difícil condición de la economía argentina, es un rasgo excepcionalmente valeroso por lo que tiene de comprometedor. Porque no se puede pensar que se trate de una simple declaración escasa de sinceridad o sobrada de ligereza para los fines de un momentáneo, oportunista apaciguamiento de los trabajadores. A plazo más o menos distante, siempre sería demasiado grave el riesgo que se correría en caso de incumplimiento frente a un obrerismo alerta que se sintiese insatisfecho y engañado.

Tampoco hay en verdad síntomas que razonablemente justifiquen la opinión, por demás apresurada, de que en Argentina se haya consumado un movimiento meramente cuartelero. Todo autoriza, en cambio, a pensar que el ejército se ha ceñido a una honrosísima e inaplazable canalización y capitanía de la insurgencia nacional contra un régimen que por su ejercicio del poder se había tornado a todas luces intolerable e ilegítimo. Va siendo notorio, además, el acentuado tinte civilista del nuevo gobierno. Las informaciones cablegráficas mencionan dentro del gabinete nombres rigurosamente civiles de sobresaliente intelectualidad y de antecedentes no sólo sin tacha sino de excepcional patriotismo y hombría de bien. Entre otros, los de Mario Amadeo, César Bunge, Atilio Dell’Oro y Juan Carlos Goyeneche, que por sí solos hablan de un propósito de enfrentarse a los extremosos problemas que lega el peronismo, a base de inteligencia, de decoro y de sentido no faccional sino nacional.

Fervientemente hacemos votos porque quienes se han jugado el todo por el todo para rescatar el porvenir argentino, por poner a salvo las esencias de la patria de San Martín y revestir de seriedad a su política, tengan en su gestión el mejor de los éxitos para bien del fraterno pueblo del Sur. La empresa no es fácil, en vista de muchas circunstancias adversas que sobre todo son herencia del contradictorio decenio de Perón. Y sobrado mérito será cumplir la sola tarea de afianzar los caminos que hagan posible la vuelta a una normalidad genuina, que, además, se proyecte con perspicacia a las novísimas exigencias de los tiempos, tan premiosas y graves y en las que tan singularmente están en juego los destinos no sólo de la Argentina sino de toda la gran familia iberoamericana.

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