Segundo Frente de la Libertad de Prensa

Publicación original: Novedades, 19 de octubre de 1953.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: libertad de prensa, periodismo, economía y poder.

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

La nota sobresaliente de la recién celebrada asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa fue lo atañedero a la libertad de prensa y a los atropellos –verdaderos o supuestos- contra esa libertad por parte de entidades estatales del momento. Empero, cabe llamar la atención sobre que en este concilio periodístico prácticamente se pasó por alto un segundo frente de la libertad de expresión al través del periódico. Segundo frente que es de pareja o de mayor importancia, quizá, que aquel en que se realizan las casi siempre visibles y ostentosas agresiones de los poderes políticos.

En efecto, no es ningún misterio que desde hace muchos años existe una ofensiva que proviene de ciertas grandes fuerzas de signo económico y que, por desgracia, logra a veces disminuir e incluso anular las justas libertades del periodismo. ¿Cómo desatender esta perniciosa realidad y no tomar providencias para salirle al paso dondequiera que asome?

La coacción financiera en contra de los órganos de prensa por parte de los poderes dinerarios, y para defender egoístas y obscuros intereses antisociales, hay que juzgarlo como algo de lo más repugnante y de peligrosidad suma por cuanto peca de intangible, de oculto e hipócrita puesto que de ello no es fácil que aparezcan señales públicas y manifiestas, aunque las infortunadas consecuencias sean de todas suertes sobrado efectivas. El silenciamiento, en algunos casos. En otros, los más tristes, los que más deben doler y alarmar a cuantos estamos en el mundo del periodismo, vienen a ser la alteración de la verdad en aras de implacables exigencias que se concretan en tácito, pero positivo dilema: o mentir o morir.

Con esto se ligan estrechamente realidades más desgraciadas aún y que deben ser objeto de vigilancia y represión por parte de la prensa que con honradez sostiene aspiraciones de veras libertarias. Todo oficio, por noble que sea, llega alguna vez a sufrir la plaga de los maleantes que lo desdoran y desvirtúan. En el nuestro, una vitanda categoría de tales maleantes se integra no ya con los que circunstancialmente y a más no poder llegan a doblegarse ante el impacto de la coacción financiera, sino con quienes hacen un hábito de la mentira periodística y la “profesionalizan” deliberadamente en obsequio de determinados influjos crematísticos, a cuenta de jugosos gajes publicitarios o de no menos apetitosos subsidios que tienen la ordinaria ventaja –si la suma discreción se logra- de exigir en cambio menor número de líneas ágata y de comprometer menos a la hora, que siempre llega, de las cavilaciones y suspicacias de la opinión pública.

No es tan raro como pudiera creerse que a ésta llegue noticia de esos lamentables casos, porque no es muy fácil la consumación de “crímenes perfectos”. O el sigilo se traspasa o la inadvertencia pone de manifiesto las abominables situaciones. Parece obvio, entonces, que el prestigio de la prensa, la meta honrosa de su libertad cabal y verdadera, y, sobre todo, el sentido ético de servicio a la verdad y al público que a ella tiene derecho, están urgiendo que el gremio asuma, también en forma corporativa y decidida, la tarea de desenmascarar y hacer imposibles estos otros sistemas de aherrojamiento de la libertad del periódico y de corrupción de sus funciones.

En este segundo frente en la lucha por la libertad, la vigorosa acción conjunta obtendrá muchas veces lo que tal vez no puede siempre la defensa solitaria y heroica de la verdad por parte de un solo órgano de prensa. Y el repudio colegiado y unánime de los profesionales de la mentira, de los “ofrecidos” que sistemáticamente se venden al mejor postor, bastaría –a la larga o a la corta- para eliminar de la escena a su pésima ralea. La obvia dificultad para establecer en todos los casos tan vergonzosas realidades no sería por cierto argumento en contra de cuanto en tal sentido se hiciese, sino al contrario; debería servir de estimulante y acicate para encontrar la fórmula que defina con acierto la infortunada figura delictiva de la venalidad periodística y los procedimientos humanamente eficaces para comprobarla.

Más aún. Podría empezarse por analizar determinadas e importantes acusaciones que en estas materias ya se han hecho públicas. Por ejemplo, las que contiene el libro del periodista de allende el Bravo, George Seldes, “Mil Norteamericanos” –libro que, según parece, ha sufrido allí un inexorable y sistemático sabotaje-, en el que se hacen concretas y serias denuncias contra órganos de prensa de los Estados Unidos a los que imputa vinculaciones culpables con intereses capitalistas de aquel país. Ello sería sobrado interesante y una afirmación contundente de la autenticidad del periodismo continental, de su saludable capacidad de autocrítica, ejemplar y memorable por lo espontánea.

Creemos que estas sugerencias, dada su importancia y su escueto y llano sentido común, serán tomadas en cuenta para trascendentales y futuras decisiones en pro de la libertad integral y del decoro de la prensa de América.

19 de octubre de 1953
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