Romance del Buen Indiano

Identificador: DM-002.
Publicación original: SER, febrero de 1940 (día no indicado).
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Hispanidad, Hernán Cortés, evangelización, romance, México, misión.
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Ilustración de Romance del Buen Indiano

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

(Al viejo modo del romance del conde Arnaldos)

¡Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
cual la hubo el buen Indiano
el día de la Hispanidad!

Sale a indagar a las playas
Retornos de Quetzalcoatl…
Códices, trae en la mano
Que de él solían hablar.
Vió venir aquellas naves
que a tierra quieren llegar;
en las velas traen bordados
signos de un férreo historial,
en las jarcias, bien trenzados,
hilos de trama imperial:
Recaredo y don Pelayo,
El Cid Ruy Díaz de Vivar;
El santo rey don Fernando,
Cifra de arrojo y piedad;
Alfonso Décimo el Sabio,
Que es luz de universidad,
Los concilios toledanos,
Que son prólogo augural
de Laínez allá en Trento
con su doctrina esencial.

¡Parrilla de San Lorenzo
en piedras del Escorial
que abrasa en el mismo fuego
lo eterno y lo temporal!

El Capitán de las naves
diciendo viene un cantar
que a las mil tribus indianas
las selvas hace dejar,
y al Huichilobos del ara
en mil pedazos saltar,
y alzar el vuelo a aquella águila
que un día posó en el nopal:
ya no es símbolo de Anáhuac,
sodomía y gentilidad;
¡emblema es de Nueva España,
floración de cristiandad!

Allí habló el buen Indiano,
bien oiréis lo que dirá:
-Yo te ruego, el extremeño,
dígasme ora ese cantar
que clava en mi ánima anhelos
de bravura y santidad
y en mis tinieblas luceros
de agorera claridad.

Don Hernando respondiera;
Tal respuesta le fue a dar:
-Yo no digo esta epopeya
sino a quien conmigo va,
al que en mis luchas arriesga
vida, y amor, y caudal;
y forja un cantar de gesta
en aquesta hora crucial
donando la su existencia,
talentos y actividad
para las duras proezas
del servicio de mi ideal.

-Yo me iré, buen caballero,
tus rumbos quiero llevar;
contigo iré, don Hernando,
de muy buen grado a luchar,
que de tu lira las cuerdas
también yo puedo pulsar,
y en el empeño que llevas
mi suerte quiero yo echar:
porque el Señor Jesucristo
las gentes llegue a ayuntar
con su divina realeza
en sólo un haz de hermandad
y asiente su Sacra Iglesia
la su ley de caridad
en las ciencias y en las letras,
en las almas y el hogar
en valles y cordilleras,
en el campo y la ciudad,
en las sendas de la tierra
y en las ondas de la mar.

Tiran barca los navíos,
el Indiano fue a embarcar.
Alzan las velas, caen remos
y empiezan a navegar,
juntos, Cortés y el Indiano
la vasta ruta imperial
de las hispánicas vías,
proa a la inmortalidad
¡y cortan, a la medida
del Romancero el cantar!

¡Y así, en Japón, Filipinas,
China, América Central,
Las Californias, Florida,
En Alaska la boreal
Y en la rica Especiería
Supieron de la verdad
de Laínez, tridentina;
de empresas de cristiandad,
de don Vasco y Motolinía,
de justicia y caridad,
de romances y cantigas,
del castellano fablar,
de espadas y Teología,
de luz de universidad!

Así, Cortés y el Indiano,
en nuestra Historia inicial
de Méjico fueron cifra,
de nuestra estirpe hontanar
que en lo físico es mestiza
e hispana en lo espiritual.
Ellos, graves, nos conminan
con guerrera austeridad
a que logremos dar cima
con su mismo empuje audaz
a aquesa unión, gentilicia
que se llama Hispanidad.

¡Sí, en las sendas de la tierra
y en las ondas de la mar
cortaremos, a medida,
del Romancero el Cantar!

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