Realismo en lo Internacional

Identificador: DM-439.
Publicación original: Novedades, 6 de mayo de 1957.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Suez, política internacional, neutralidad, Guerra Fría, armas atómicas, México.
Ilustración en blanco y negro de Realismo en lo Internacional, artículo de LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES


Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

El episodio de Suez ha enfriado de tal manera las relaciones angloamericanas que los presentes síntomas parecen estar dando cumplimiento más claro a la opinión expresada hace ya cuatro años por la cancillería sudcoreana. Afirmaba ésta que tanto el Japón como Inglaterra se orientarían cada vez más hacia una política que se calificaba de neutralista.

Claridosamente, se insinuaba algo más. Que esa actitud por parte de la Gran Bretaña era explicable como una decisión para aprovechar lo que tal vez pudiese ser su última oportunidad de recuperar el perdido poderío. Más claro aún: manifestaba sin circunloquios esa cancillería que, con ese perspicaz neutralismo, Inglaterra esperaría poder imitar el ejemplo de Rusia en 1945 en el Pacífico, y lanzarse sobre los despojos que dejasen los beligerantes, después de haber éstos cumplido a conciencia la tarea de aniquilarse recíprocamente o poco menos.

Si bien se mira, lo anterior no es nada inverosímil, y las circunstancias especiales del entonces opinante fortalecen la interpretación. Pero pensamos que habría que pensar que sólo complementan a otras posibles exégesis de las reacciones inglesas desde aquellas fechas y especialmente en las más recientes. Estas reacciones, que tienen importantes paralelismos en el propio suelo continental del occidente de Europa –como la renuencia de los sabios físicos alemanes en materia de tareas de belicismo nucleario- pueden referirse simplemente a escuetos motivos de supervivencia.

En efecto, parece que con toda razón Inglaterra, que pertenece al reducidísimo grupo de posibles usuarios en gran escala de armas atómicas, no obstante ello se considera literalmente condenada a la destrucción en el caso de un ataque ruso que pusiese en juego esas armas sobre el territorio insular. Para ella, la neutralidad sería, al parecer, en sentido estricto, cuestión de vida o muerte, dada su área reducida, sus grandes concentraciones humanas y su mortal cercanía a las bases soviéticas.

Si hablamos con lenguaje franco y objetivo, ¿no resulta esto una expresiva advertencia para ciertos apresurados desplantes hispanoamericanos, que anticipan futuras beligerancias al lado de los Estados Unidos en un pleito totalmente diverso de los anteriores, y en el que probabilísimamente la palabra decisiva será dicha por la energía nuclearia de la cual no disponemos ni mucho ni poco. ¿Habrá tomado en cuenta esta realidad el secretario norteamericano de Estado, Dulles, cuando hace poco expresó que Hispanoamérica sabe que si estalla un conflicto rusoestadounidense se verá forzosamente envuelta en el conflicto?

Creemos que el digno repudio del comunismo, total y a fondo, no debe hacer perder de vista nunca las realidades. Si el poderío soviético –del cual, por cierto, no somos nosotros, sino otros, los responsables- llega a ser destruido, en buena hora. Si no, habrá sonado automáticamente la hora de defender todos la libertad, la vida y el honor “a como diere lugar”. Pero, dadas nuestras condiciones, nadie podría recriminarnos si antes nos percatamos de que el choque de los colosos no tiene un desenlace relámpago, en el cual, insistimos, y no por primera vez, humanamente hablando nuestra intervención en nada influiría, y sí, en cambio, podría acarrearnos –aunque ello fuese a la pasada y como quien no quiere la cosa- dantescas represalias, que de otro modo se evitarían en el caso de que esa supuesta rápida decisión favoreciera a los Estados Unidos. Su vecindad con éstos, haría para México singularmente aconsejable ese no muy largo y sí positivamente vital compás de espera.

Aun así, quedaría flotando la interrogación que ya otra vez hemos expresado: ¿cuál será el radio de acción que nuestros vecinos asignan a sus defensas aéreas por el sur, en el caso, tantas veces ya previsto, de un ataque atómico de la aviación rusa? En otras palabras: si en tal hipótesis son derribados aviones atacantes cargados de bombas A o de bombas H sobre territorio mexicano, ¿funcionará por ese sólo hecho el secreto mecanismo que las hace estallar? “Semejante posibilidad –dijimos hace tiempo- podrá estremecernos, pero desgraciadamente no puede tenerse por improbable. Al contrario, habría que prepararse con tiempo a enfrentársele”. Cosa que, dicho sea de paso, no hemos hecho hasta este momento.

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