México en el Frente Iberoamericano

Publicación original: Novedades, 16 de noviembre de 1953.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: México, Iberoamérica, unidad, cultura y soberanía.

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Acaba de inaugurar sus actividades en la ciudad de México una institución que propugna la unidad –práctica, no declamatoria- de los pueblos iberoamericanos y la realización consiguiente del luminoso haz de ideales concretos que en esa unidad están necesariamente contenidos.

El hecho, por sí solo, es extraordinariamente revelador y alentador. Lo es todavía más si se atiende a que este acto inaugural —serio, amistoso, vibrante— congregó una asistencia notable por su número y calidad, sin que para ello mediase, en manera alguna, cierto tipo de publicidad variada, profusa y altisonante al que nos tienen acostumbrados los organismos de relumbrón, que así procuran ocultar su ineficacia o su falta de positiva significación pública.

El dato, entre otras cosas, quiere decir que, a pesar de la modorra colectiva que ha venido privando respecto de los temas de veras esenciales, en México no hemos perdido del todo la sensibilidad histórica, lo cual sería, por cierto, muy grave. La miopía generalizada ante las circunstancias que configuran etapas decisivas y los derroteros que ellas señalan, síntoma suele ser, para los pueblos, de muy cercanas probabilidades de naufragio.

Esta flamante institución, la “Unión Latinoamericana” –nombre que puede ser lema y consigna- nace así a la vida anotándose el éxito que supone el hacer patente, sin mayor esfuerzo, el arraigo indeclinable que entre nosotros tiene el ideal iberoamericano, al que con tanta gallardía y autenticidad se refirieron la disertación del licenciado Leopoldo Baeza y Aceves sobre ese específico tema y las palabras del licenciado Ignacio Moreno Tagle, presidente de la agrupación.

Creemos que este éxito primero no es sino prenda de un próximo e importante influjo en la tónica nacional, sin que para ello obste el que sus tareas se desarrollen en lo cultural y social, al margen del plano político. Esa misma apoliticidad en que se ha situado “Unión Latinoamericana” nos parece consecuencia lógica de su meta unionista, al propio tiempo que condición y aun natural vehículo para alcanzarla. Así, cualquier actitud o matiz ideológico no divorciados del interés constante y medular de México e Iberoamérica, pueden encontrar sitio y posibilidad de expresión en fraternal labor conjunta, en pos de idénticos y comunes designios históricos.

El lenguaje del manifiesto fundacional de “Unión Latinoamericana” es claro y sólido, y penetrado del objetivo dinamismo que presta la franqueza alusiva a los temas candentes. “Durante largos años –dice alguno de sus párrafos- los pueblos latinoamericanos han luchado por contrarrestar la acción de fuerzas extrañas, interesadas en fomentar el caos y la desunión entre ellos. Pero esa lucha ha servido para depurar sus intenciones y acrisolar el pensamiento de que la única fórmula que asegura la estabilidad de sus instituciones, la vigencia de sus más altos valores espirituales, la elevación de las condiciones de vida de sus colectividades, la independencia económica de sus Estados, y el respeto de su voluntad en el orden internacional, está en la UNIÓN estructurada sobre las bases inconmovibles de la justa igualdad, el amistoso entendimiento, el estricto respeto del derecho de cada entidad, y la colaboración sin mezquinas reservas”.

Esa idea unitaria, se agrega, ha estado en el espíritu de “los más limpios patriotas y esclarecidos intelectuales de nuestra estirpe”, y hoy forma parte de la conciencia general de Iberoamérica, convencida “de la urgencia de su realización y lo benéfico de sus consecuencias” y “ya se va concretando en un creciente movimiento”.

A ese movimiento, precísase, quiere responder en México, en la órbita cultural y social, la “Unión Latinoamericana”. Para defender todo esfuerzo sincero que promueva la unidad de los países nuestros. Para enaltecer “toda actitud dirigida a su liberación económica”. Para combatir toda acción que tienda a debilitar nuestras esencias espirituales. Para “exaltar todo pensamiento, acción o personalidad que haya contribuido o contribuya a la armonía o acercamiento de nuestros pueblos, y ejemplarice nuestra peculiar manera de pensar y actuar frente a la vida”.

He aquí –mínimas muestras de grandes tesis y grandes propósitos que merecen conocerse integralmente- una empresa de altas miras, incluso de posibles resonancias insospechadas de inmensa envergadura. En ella pueden ponerse en juego capacidades de toda índole –pensamiento; arte; propaganda; intercambio que auspicie el mutuo conocimiento; acción social de acuerdo con la edad y el sexo, con la función social y el influjo de cuantos tengan sagacidad iberoamericanista y generosidad patriótica.

Poco se habrá dicho en los últimos años, en México, para quienes están enterados de la realidad que se vive mundial y continentalmente, de tan obvia importancia como este manifiesto de “Unión Latinoamericana”. Es una invocación que, en verdad, compromete a todo espíritu recto y noble. Que es capaz de suscitar los más hazañosos entusiasmos en cuantos tengan sangre en las venas, amor a la patria y a la estirpe, visión lúcida de su tiempo, y agallas para acometer empresas de señero sentido universalista.

16 de noviembre de 1953
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