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Publicación original: Novedades, 6 de diciembre de 1954.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Feria del Libro, Juan Álvarez, historiografía, Alfonso X, libertad religiosa, ciencia, metafísica, relaciones interamericanas.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Bueno ha sido volver a la plaza de la Ciudadela y detenerse con cierta pausa en uno y otro pabellón, sin ánimo precisamente novelero antes en busca de hallazgos librescos de perdurable interés. Ejemplares hay también, por desgracia, que no son para adquirirse sino para verse solamente. Pero en ellos también podrían hacerse sugerentes subrayados.
Don Juan Álvarez o el Mimetismo.- Por ejemplo, en este viejo Diario de Avisos, publicación oficial del pasado siglo, en alguna de cuyas hojas al paso, leemos noticias del famoso caudillo de la revolución de Ayutla. Antes de ésta, he aquí algunos de sus pasos políticos: “…en 1844 se adhirió a la revolución liberal contra Santa Anna; en 1845 volteó culatas, adhiriéndose a la revolución conservadora contra… Herrera; en 1846 se adhirió a la revolución liberal contra el gobierno del general Paredes; en 1853 se adhirió a la revolución conservadora contra el gobierno del general Arista…”.
Leyendo esto, pensamos que no es mala idea aplicar a los héroes históricos un poco de eso que los industriales llaman “control de calidad”. Se lograría también una depuración de la producción en serie en los terrenos de Clío, la musa de Historia.
La ley de Gresham histórica.- Y ya que hemos conectado con la Historia un término industrial, podemos hacer lo mismo con otro también económico. Es muy fácil comprobar en nuestros tiempos una especie de “ley de Gresham” histórica por la cual la mala moneda de las consejas suele hacer desaparecer del mercado intelectual la buena moneda de las verdades sólidamente establecidas por la investigación solvente. Urge sanear las “finanzas” de este mercado.
Así, suele correr la especie –de muy baja ley, por cierto- de que en la España medieval concretamente se obligaba a los judíos –entre otros no católicos-, con apremios legales, a convertirse a la fe. Pero esta breve antología de Alfonso X el Sabio que compramos en un puesto de la Feria nos hace leer lo siguiente, tomado de la Ley VI de la Séptima Partida: “Fuerza nin premia non deben facer en ninguna manera a ningún judío porque se torne cristiano, más con buenos exemplos, et con los dichos de las sanctas escripturas et con falagos los deben los cristianos convertir a la fe de nuestro señor Jesucristo: CA NUESTRO SEÑOR DIOS –subrayamos nosotros- NON QUIERE NIN AMA SERVICIO QUEL SEA HECHO POR FUERZA”.
“La falta de ignorancia”.- Pero a pocos pasos hemos dado de manos a boca con un tomito “dedicado a la juventud”, cuyo nombre no hizo mella en nuestra memoria a pesar de sus pretensiones. En cambio, palabra más o palabra menos, retenemos la substancia de un “parrafazo” introductorio: “Pasará la teología, como pasó la nigromancia… Puede pasar la metafísica… Lo que nunca pasará es la física y la matemática… No hay verdadera sabiduría fuera de las matemáticas…”
No cabe duda que tendremos, en vista de lo anterior, que “rehacer nuestra cultura”. Porque, verbi gratia, hasta ahora en algo habíamos tenido a Leibnitz, descubridor del cálculo infinitesimal, y a quien preocupó tanto el tema “Dios”, que de sus especulaciones se hizo costumbre el uso del vocablo TEODICEA, con que modernamente se designa a la teología natural… ¿Y qué dirá ese brillante equipo de físicos y matemáticos, con Millikan entre los de vanguardia, que al llegar a determinados límites de sus investigaciones han proclamado con modestia de sabios verdaderos que, más allá de esos límites –puntualmente metafísica y teológica- que es la avocada a iluminar el campo de lo posfísico?... ¡Lo que es la “falta de ignorancia”!
El “bridge” en Río de Janeiro.- Los poco claros resultados obtenidos en Quitandinha, nos han sido recordados por uno de los Nueve Cuentos de ese estupendo escritor platense que es Ignacio B. Anzoátegui:
“Sir George Mackintosh y Mr. Archibald Shackleton eran capaces de perder doscientas libras sin que en ningún momento se les ocurriera abofetear a la respetable dama que les había invitado a tomar el té para que perdieran doscientas libras en una partida de bridge. En lugar de decirle: “Señora, usted es una vieja arpía que nos obliga a volver a pie a nuestras casas”, Sir George Mackintosh y Mr. Archibald Shackleton se despedían de ella diciéndole: “Hemos pasado una tarde muy agradable. Esperamos que no se olvide de nosotros”. Sir George Mackintosh y Mr. Archibald Shackleton sabían que los juegos aburridos exigen una conducta aburrida, porque de otra manera no se vuelve a invitar a los caballeros a los juegos aburridos”.
Lo peor de todo es que en las aburridas partidas de “bridge” internacionales, además de aburrirnos han tratado de “aburrarnos” haciéndonos creer que sólo servimos para las faenas del burro extractor y acarreador de materias primas, en vista de que no hemos ganado una sola mano de “bridge”.
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