Luz, Más Luz
Publicación original: Novedades, 5 de enero de 1948.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Alfonso Junco, posguerra, geopolítica, catolicidad, Roma, mundo hispánico y crítica cultural.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Las barreras oceánicas explican la tardanza en el arribo a nuestras manos del último libro de Alfonso Junco: “EL GRAN TEATRO DEL MUNDO”. Editado en Madrid por el infatigable Instituto de Estudios Políticos, sufre el infortunio de un regular número de errores tipográficos, que no casan con la pulcritud acostumbrada por el mismo Instituto en las ediciones que hasta la fecha le conocíamos.
Salió el libro a luz –no sin coincidencia providencial- el 16 de mayo pasado, fiesta de Nuestra Señora de la Luz. Declara el hecho, al parecer nimio, un sino evidente y preclaro: el ser sus páginas la proyección magnífica de un intenso rayo de luz sobre el caliginoso y contradictorio drama que los últimos años han representado en el que el ilustre rubro calderoniano llamó el gran proscenio del mundo.
Y es, todo él, designio y afán de luz. Con una honradez, con una nobleza y una valentía que –justo es subrayarlo- difícilmente se encuentra en lo que se suele escribir sobre lo acontecido en el orbe de 1939 acá. No sólo en los países beligerantes de la última guerra, sí que también en aquellos que tuvieron la ventura de no sufrir sino sus indirectas resonancias. De tal suerte es así, que parece que el equilibrio y la imparcialidad sobre estas materias, hoy día, se ha refugiado en los espíritus libres de casi únicamente los países hispánicos: países que representan una tendencia histórica que supera a la significada por las principales corrientes que sostuvieron o siguen sosteniendo el debate internacional.
Ese es el primero y principal valor del haz luminoso que se agrupa en esta última producción del gran escritor mexicano. Hay que hacer cuenta, después de las peculiares excelencias que le otorgan la de muy atrás reconocida capacidad crítica de sucesos, personas y actitudes, del autor. Y luego, la inquebrantable independencia de criterio con que todo ello es por él enjuiciado.
Tal es la razón de que se obtenga una inestimable iluminación del escenario del mundo contemporáneo, a todo lo largo del volumen. Muy poco de lo esencial –en lo que toca a los personajes o a la acción- falta en él. Así, se alude, en síntesis que aúnan la concisión con la verdad, a cosas como el antecedente versallesco del conflicto 1939-1945; la alianza germanorrusa; el sacrificio de Polonia; el calvario de Francia; los pactos de Crimea; la llamada Carta del Atlántico; el artificial problema de una España incomprendida y calumniada; el papel de la nueva Argentina; la posición internacional de México; el esclarecimiento y precisión del esperanzador concepto de la Hispanidad; el tenaz subrayar del maquiavelismo y las insidias soviéticas en Europa, en Asia y en América; el franco atraer las miradas al faro y norte indefectible de la católica luz de Roma, como al guía inevitable para resolver los enigmas temerosos de la actual encrucijada del devenir humano.
La sola enumeración –por supuesto, no exhaustiva- de motivos del temario o de las alusiones incidentales, dice ya de su medular interés. Lo que sólo la lectura puede dar, es más, muchísimo más: una veracidad del juicio que resulta por sí sola apasionante en esta hora en que la mentira viene a ser el lugar común, lo manido; y la verdad, en cambio, lo excepcional y solitario. Y estos renglones de comento no son sino una instancia cordial a la lectura, para cuantos buscan la validez de las propias opiniones o inquieren por sólidos atisbos que les encaminen, con el tiempo, a la formulación de juicios definitivos sobre el “gran teatro del mundo” en estos últimos años.
Claro está, por otra parte, que la confusión que hasta la fecha sigue reinando en este escenario justifica lo que nos dice el prologuista español: “No puede el autor, como lo hiciera el clásico con su auto de alabanza al Sacramento, contar y prevenir de principio todo lo que son y representan cada uno de los personajes. Menos aún le es posible –que no parece buena sazón ésta del siglo XX…- poner en orden final las figuras y sacar las últimas moralejas… Porque lo que aquí se representa no es la comedia acabada…, sino la comedia empezada y sin fin, como que se ignora cuándo, dónde y de qué modo se ha de acabar…”
Por eso, ese anhelo del “orden final de las figuras” y del sacar “las últimas moralejas”, es el que hace revivir en el lector, al volver la última página, y estimulado puntualmente por las aportaciones luminosas de Junco, la célebre palabra de Goethe moribundo: “Luz, más luz”…
Pero mientras nos llega, este libro nos prepara idóneamente para el advenimiento de esa plenitud de luz de la historia.
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