Las Infrasoberanías
Publicación original: Novedades, 2 de julio de 1956.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: infrasoberanía, Derecho Natural, familia, municipio, región, sociedad, representación política, Vázquez de Mella.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
La doctrina individualista, que puso al individuo solo e inerme frente al Estado, cometió el gran pecado histórico de desconocer la realidad sociológica de los grupos, de las sociedades que integran una Sociedad Nacional, al través de las cuales se inserta en esta última la persona humana. El gran acierto científico de la Edad Media y de las tesis tradicionales, por el contrario, se finca en el reconocimiento de esas sociedades, de su objetividad sociológica, de su personalidad natural jurídica y, por consiguiente, de los derechos que son anejos a esa personalidad. Son las sociedades a las que el Derecho Natural otorga autonomía –o mejor aún: “autarquía”-; pero que, al contrario de la Sociedad Nacional, no tienen propiamente hablando soberanía en el sentido que a esta voz da el Derecho Político. Por eso es que se les designa como “infrasoberanas”.
Los tratadistas de estas materias suelen señalar como tales, en primer término, a la Familia; después, al Municipio, y generalmente, también a la comarca, provincia o región, considerándolas como sociedades naturales. A éstas se agregan las sociedades denominadas, a veces, artificiales; en otras ocasiones, “derivativas”, y que algunas veces son también llamadas clases, aunque en un sentido diverso del que a las clases se asigna, atendiendo sólo a su mayor o menor capacidad económica, dentro de la mentalidad individualista. Estas últimas sociedades –clases, estamentos o corporaciones- creemos que en términos genéricos pueden recibir el nombre de agrupaciones derivativas, y se connotan por su carácter funcional; es decir, por considerarse en cuanto aplicadas al ejercicio de una función social determinada, que lleva como finalidad satisfacer una sola necesidad o una sola especie de necesidades humanas. En ello se distinguen de las agrupaciones naturales, las que por su esencia miran a la satisfacción del conjunto cabal de las exigencias del hombre.
En efecto, la familia procura el total cumplimiento del destino del hombre en todos sus aspectos: material, intelectual y moral. Pero no siendo suficiente su capacidad, los medios que tiene a su alcance, para conseguirlo de una manera completa hace necesaria la aparición del municipio, que es una agrupación de familias enderezada a suplir las deficiencias de cada una de ellas en orden al logro de los fines humanos.
A su vez, los municipios, en los que ya hay un principio mayor de suficiencia propia, como lo prueba el ejemplo histórico de la Ciudad-Estado, dan origen a otra comunidad aún más vigorosa y capaz que reúne a varios de ellos en su seno, y mediante el concurso de todos tiende a suplir también las deficiencias de las que evidentemente adolece el municipio aislado. Esta nueva agrupación ya hemos dicho que recibe varios nombres, como los de “comarca” y “región”, términos que a veces denotan diferencias verdaderas de magnitud y capacidad. En tal caso, se estima como organismo inferior a la comarca, que tiene menor territorio y menor cantidad de municipios integrándola, y como entidad superior se ve a la Región, que en estos casos se estructura no sobre la base inmediata de las comunas o municipios, sino sobre las pequeñas agrupaciones de estos que son las comarcas.
Es así como se llega, al través de esta jerarquía de sociedades inferiores que conspiran a la consecución del conjunto total de los fines de los hombres, a la SOCIEDAD NACIONAL. Esta, según sea su magnitud, se integra a veces directamente con los municipios –como ocurre en los países territorialmente pequeños: Portugal, Bélgica, etcétera-, y en otras ocasiones, mucho más frecuentes, viene a constituirse de una manera inmediata por la agrupación de las regiones. Esta última sociedad resultante, la Sociedad Nacional, viene igualmente a ver por el bienestar humano total, y no sólo por una de las finalidades humanas.
En cambio, las sociedades que –con expresión del insigne Vázquez de Mella- hemos convenido en llamar “derivativas”, según ya dijimos, procuran solamente una parte de ese bienestar del hombre. Tal es el caso de las agrupaciones de miras económicas, de las academias de bellas artes, de las universidades, de las sociedades científicas, etcétera, que únicamente miran a finalidades particulares, como son, respectivamente, la satisfacción de necesidades de orden material, o finalidades estéticas, científicas, de cultura superior, y así sucesivamente.
¿Volverán todas estas sociedades a desempeñar el papel social y de integración de la representación política que la naturaleza pide y que otrora tuvieron? He aquí una importante e interesantísima incógnita por despejarse. Ello sólo sucederá si el Occidente vuelve al sentido común y a las raíces originales que le dieron lozanía histórica.
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