Las Biografías que Faltan

Identificador: DM-293.
Publicación original: Novedades, 28 de marzo de 1954.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: biografía, historia de México, claros varones, literatura e historiografía.

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

La decidida predilección de nuestra época por el género biográfico es un hecho que ha sido diversamente interpretado. Y no ha faltado la opinión de quienes ven en ello uno de tantos síntomas de decadencia de la literatura contemporánea; la cual, en esa hipótesis, se acogería al expediente de explorar una veta fácil, en que al autor se le da todo ya hecho, para su mera ordenación narrativa, en accesibles fuentes históricas.

Esta exégesis nos parece demasiado simplista, como tantas otras generalizaciones a que ahora somos tan inclinados. No confirma, por cierto, Plutarco, en sus Vidas Paralelas, este sesgo interpretativo en el sentido de las decadencias. Y Hernán Pérez del Pulgar, con la brevedad eximia, casi periodística, de sus Claros Varones de Castilla, también la refuta, sin posibilidad de controversia: su libro se encuadra puntualmente dentro de aquel movimiento bullidor y juvenil, que, continuando y superando el brillante historial de los tiempos de don Juan II, viene a ser en las postrimerías del siglo XV, prenuncio y vestíbulo, inminencia de los siglos áureos, los que, a su vez, encierran tal vez la más extraordinaria etapa creadora de los anales humanos.

Por otra parte, el decadentismo que pueda señalarse en las biografías que hogaño se estilan no es cosa intrínseca al género sino obra de la incurable manía de tergiversar, de “novelar” la Historia; de fabricar con la vida de los grandes personajes, malas novelas de la todavía más mala especie de las novelas “psicológicas” en que el enfermizo prurito del psicoanálisis echa todo a perder: así la verdad como el buen gusto.

Sea lo que fuere, lo importante es señalar el apogeo de la afición biográfica.

Y a este propósito, hay que decir cuán plausible es el que esa corriente literaria haya tomado en México excelentes cauces. De esta suerte, en los últimos años se ha originado aquí una caudalosa producción en que han desfilado muchas de las figuras trascendentales de nuestra Historia. Las más sabidas, iluminadas por sorprendentes nuevos puntos de vista. Las menos conocidas, como objeto de meritorias, importantísimas ampliaciones en su estudio. Y aquellas otras que en la práctica han sido totalmente ignoradas han salido a la luz para solaz y ejemplo de cuantos no pertenecen al mundo de la erudición.

Pero es necesario subrayar que, a pesar de todas esas realizaciones de investigación y divulgación biográfica, es inmenso todavía el campo en que se puede y debe cosechar. Estamos ciertos de que hay en la Historia de México –que injustificados pesimismos han querido menospreciar- ingentes riquezas de ejemplaridades insospechadas en la trayectoria vital de muchos personajes de quienes hasta ahora se conocen aisladas e incidentales referencias. Cuando más se lee y se medita, mayormente se confirma que sólo hemos descubierto una mínima porción de ese tesoro escondido en nuestra entraña histórica, en cada uno de los capítulos de nuestra existencia colectiva: aun en los peores de entre ellos, si bien se indaga, hay la certeza de hallar siempre las individualidades de excepción, las vidas señeras en indomable gallardía combativa contra el equivocado signo de su tiempo.

En rigor, está por revelársenos la mayor parte de los “claros varones” mexicanos. Después de todo lo que se ha “biografiado” a los nuestros, podemos todavía aplicar a México las palabras que el ya dicho Hernando del Pulgar decía en sus Claros Varones a doña Isabel la Católica:

“Otros muchos claros varones, naturales de vuestros reinos, hubo que hicieron cosas dignas de memoria, las cuales si como dije se escribiesen particularmente, sin duda serían mayor libro y de mayores y más claras hazañas que el que hizo Valerio, y los otros que escribieron los hechos de los griegos y de los romanos”. “Yo, muy excelente reina y señora… veo menguadas las crónicas de estos vuestros reinos de Castilla y León, en perjuicio grande del honor que se debe a los claros varones naturales de ellos y a sus descendientes”.

Siga, pues, en auge en buena hora esa tendencia a la biografía, entre nosotros. Púlase. Afínese. Sobre todo, en el esmero en elegir los protagonistas. Prefiérase más que nada el nervio constructivo que se contiene en la exposición de la existencia de aquellos en quienes las prendas del talento y la virtud hicieron espejos en los que se mira la patria, reflejando en ella toda su armoniosa, sonriente pulcritud espiritual.

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