La Voz de Iturbide

Identificador: DM-068.
Publicación original: Novedades, 27 de septiembre de 1948.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Agustín de Iturbide, Independencia de México, unidad, libertad, soberanía y nación mexicana.
Ilustración de La Voz de Iturbide

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Diríase que para ningún otro tiempo antes del que vivimos fueron mejor dichas las palabras del fundador del Estado Mexicano independiente. Al través de una centuria, el lenguaje de Iturbide asume para nosotros la majestad de lo perenne, y la juventud de lo que nunca deja de valer. La flor de su verbo permanece intacta, fresca, inmarchita en su actualidad militante. Y aun ahora vale para todos los mexicanos cuando expresa:

“Nunca os dirigiera la palabra con más necesidad ni con mayor importancia que cuando se empeñan en extraviaros de la senda del bien, y cuando la Patria se interesa grandemente en el acierto de vuestros pasos”.

Abrumadoras presiones externas, en corrientes de propagandas y conspiraciones de alcances internacionales, pretenden desprender nuestros pasos de la peculiar senda histórica que la Providencia señaló para México. Y en lo interno, la maligna habilidad o la sumisa cobardía de grupos no muy numerosos pero sí muy influyentes, hacen segunda al flujo y reflujo de lo internacional para torcer la opinión del pueblo, y lograr que ésta olvide que la gloria de una nación, como la de un individuo, estriba en hacer cuenta ante todo de su propia personalidad; en tomar por sí mismo sus decisiones, y, colaborando ciertamente a los propósitos generales de la Historia, ser primero que nada “el arquitecto de su propio destino”. Para llegar a esta meta, no hay cosa que pueda tanto como la consciente unidad popular, en convicciones racionalmente conocidas y cordialmente amadas. Hagámonos uno, todos los mexicanos, en el pensamiento fulgurante de verdad del que nos dio bandera:

“Mi voz debe ser para vosotros el norte más seguro… Acordaos que siempre os dirigí a la victoria; siempre a favor de la patria; siempre por el camino del bien”.

¡Cuán sincero el metal de esta voz! Tanto más limpio cuanto más distante en el tiempo. Norte de patriotismo, de bien obrar, de victoria segura, hoy, como lo fue hace un siglo. Escuchémoslo en este día aniversario del día triunfal de la Independencia que sólo esta misma voz pudo hacer realidad:

Si los mexicanos aún conservan el desiderátum que es atributo humano y viril, el de la libertad, Iturbide nos recuerda: “Bien ha probado la experiencia de todos los siglos, Y CON EJEMPLO MUY RECIENTE NUESTRA PENÍNSULA ESPAÑOLA, el axioma de que ES LIBRE EL PAÍS QUE QUIERE SERLO”. Nada de murmuracionismo lamentoso y boabdilesco. Nada de esa filosofía asnal que se conforma con el “derecho de pataleo”. Abiertas están las rutas de la acción social –y si no lo estuvieren, habría que abrirlas como primera tarea- a toda la ingente gama de quehaceres concretos que por una u otra vía sean poderosos para darnos la libertad en plenitud dentro de un armonioso convivir de todos los hijos de México. Haga perfecta esta persuasión lo que el mismo don Agustín nos increpa: “SIEMPRE CONSIDERÉ CRIMINAL AL INDOLENTE COBARDE QUE EN TIEMPO DE CONVULSIONES POLÍTICAS SE CONSERVA APÁTICO ESPECTADOR DE LOS MALES QUE AFLIGEN A LA SOCIEDAD SIN TOMAR EN ELLOS UNA PARTE, PARA DISMINUIR AL MENOS LOS DE SUS CONCIUDADANOS…”

Y en esta trayectoria, lo primero debe ser cuajar, en vivencia social, aquello que incluso comienza por hacernos posible la existencia como nación: la entrañable y robusta unidad de los espíritus. México sufre penosas disensiones. “Cortemos de raíz el mal –señala Iturbide-… Es axioma sabidísimo que los contrarios con los contrarios se curan: la desconfianza, con estímulos de confianza; el odio, con pruebas de amor; la desunión, con lazos de fraternidad… La UNIÓN es el ataque directo y seguro al mal…”

Lograda esa Unión que la Bandera nacional incorpora como sagrado elemento en el simbolismo de uno de sus colores, y ante las interesadas opiniones que quieren hacernos esperar la salvación de los riesgos de la presente contingencia histórica, sólo de ayudas externas, el que supo hacer independiente a México sin oro y sin armas foráneos, recuerda algo que la reflexión y, más que nada, la experiencia aleccionadora, nos afirman: “ES LLEGADO EL MOMENTO EN QUE MANIFESTEIS LA UNIFORMIDAD DE SENTIMIENTOS, Y QUE NUESTRA UNIÓN SEA LA MANO PODEROSA QUE EMANCIPE… SIN NECESIDAD DE AUXILIOS EXTRAÑOS”.

Clávese en nuestro ánimo esta maciza convicción: NO DE FUERA, NO DE OTROS, SINO DE NOSOTROS MISMOS, DE LO QUE HAGAMOS LOS MEXICANOS EN OBRAS DE INTELIGENCIA, DE AMOR, DE HABILIDAD PATRIÓTICA, DE EQUILIBRIO EN EL JUICIO A LA VEZ QUE DE INTREPIDEZ EN LA ACCIÓN Y DE HEROISMO EN LAS COYUNTURAS SUPREMAS QUE SE NOS DEPAREN, DE ESO SI VENDRÁ LA PERFECTA GRANDEZA DE MÉXICO, Y SU SALVACIÓN SEGURA.

 


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