La República de los Iguales

Identificador: DM-398.
Publicación original: Novedades, 26 de marzo de 1956.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Babeuf, Revolución Francesa, comunismo, República de los Iguales, terrorismo, totalitarismo, historia.
Ilustración de La República de los Iguales, artículo de LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES


Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Siempre hemos tenido a Babeuf por figura cuya importancia histórica es ordinariamente subestimada. Y la verdad es que por más de una razón vale la pena detenerse un tanto en la evocación –desagradable si se quiere pero extraordinariamente ilustrativa- de este personaje de quién suele tenerse la vaga idea de haber sido un comunista desaforado y loco de remate que pagó en el cadalso su desequilibrio mental, cosa que se antojaría excesiva para quien sólo hubiese requerido una camisa de fuerza.

Lo cierto es que Babeuf, además de un ideólogo inflexiblemente lógico en sus postulados fundamentales, vehemente y con “impacto”, fue el gran pionero de los tácticos del comunismo en plena Revolución Francesa. Lo que podría llamarse un stalinista de la última década del Siglo XVIII. Su notoria vesania no era, en resumidas cuentas, más que la vesania implícita en la propia esencia y métodos del movimiento comunista. Por otra parte, sus actitudes hubieron de resentirse un poco de la cursilería declamatoria del momento que se estaba viviendo. No era fácil que se liberara del influjo del medio ambiente, del estilo trágicamente cursi acuñado por el Comité de Salud Pública y por Robespierre, sello característico de aquellas primeras etapas de la Revolución. Ese estilo todavía durante las jornadas de la revolución socialista de 1848, quiso renacer en las actitudes de los corifeos de la subversión social. Y, por cierto, nada hay tan ridículo como lo que muy en serio imita a aquello que ya de suyo es ridículo.

Pero hechas estas salvedades, Babeuf constituye sin duda el valiente roturador del campo social para la siembra y la agitación comunista. Así nos lo revela la literatura que de él nos ha quedado y de la que alguna vez hemos recordado párrafos de lo más característico. Sus fallas de técnica y el fracaso que pagó con su vida, no son sino el resultado natural de los tanteos del que por primera vez abre la brecha en la selva: puede, quizá, equivocar el camino para llegar a la meta; no atinar con la trayectoria más corta; hacer, acaso, torpe uso del machete con que debe cortar los bejucos que le impiden el paso, o, finalmente, ir a caer, como Babeuf, en el pantano de arenas movedizas que le devora sin remedio. Mas, a pesar de la índole fallida de su intentona, no en balde el primer manifiesto de la III Internacional lo enlista entre sus precursores.

Hay en ello una gran congruencia. El desiderátum de la “República de los Iguales”, de Babeuf, y el de las Internacionales comunistas, es idéntico. A veces, los métodos de uno y otras difieren en lo accidental: pero ello es sólo por la misma obvia razón que pueden ser diversos los métodos de un ladronzuelo londinense de la época de Jorge III, y los de Al Capone o Dillinger. Por lo demás, son las mismas en Babeuf que en Lenin, Trotski o Stalin la actitud psicológica y las rutas medulares: deslealtad, mentira, traición, asesinato; el uso del señuelo del saqueo; el inmisericorde castigo a los que defeccionan del movimiento; el terrorismo en gran escala; el ideal del Estado totalitario –o sea, en provecho de los pocos que lo encarnan-; colectivización absoluta de la propiedad; apoderamiento del niño por el Estado, etcétera. Todo y uno es lo mismo en Babeuf o en Stalin, tan vilipendiado en este momento por sus antiguos subalternos.

De particular interés resulta recordar cómo este periodista virulento y conspirador empedernido estuvo a punto de realizar en toda Francia una “hecatombe relámpago” que hubiera hecho aparecer como tímidas gacelas e inofensivos corderos tanto al Comité de Salud Pública como a Maximiliano Robespierre. De haberse llevado a efecto, sólo hubiera tenido paralelo con las carnicerías contemporáneas del comunismo ruso. Para su tiempo –y aún para el presente-, el terrorismo que se quedó en proyecto, de Babeuf, supera en ambición a los registros de matanzas de todos los hechos precedentes y subsecuentes, cuando menos hasta el momento de estallar en Rusia la revolución bolchevique. Lo que se había logrado en catorce meses de guillotina roberpierrense –unas 30,000 víctimas, de las que, probablemente, sólo 3,000 fueron aristócratas-, él pretendió concentrarlo, y superarlo si necesario fuese, en una sola y única pavorosa jornada de 24 horas –“el gran día del pueblo”, decía- en París y en las provincias.

¿Delirios de un enajenado?... Excesiva ambición de matancero, nada más. No podría precisarse hasta qué punto se hubiera podido realizar ese plan diabólico, de no haber sido a tiempo denunciada la conspiración por un espía del Directorio. De lo que no cabe duda es de que, a más de un siglo y medio de distancia, la marca de fábrica del comunismo aparece en los siniestros planes de Cayo Graco Babeuf, exactamente tal y como se ha visto en las espantosas realidades del terrorismo moscovita de nuestros días.

Comentarios

Más leídos por autor

El artículo con más vistas de cada autor en los últimos 30 días completos. Cada lectura conserva su autor y su micrositio.

Google Analytics 4 · 11/09/2026 al 10/10/2026 · Último cálculo guardado.