La Mística Nacional del Ser, Crecer y Trascender de México
Publicación original: SER, febrero de 1940 (día no indicado).
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: México, Plan de Iguala, Cristo Rey, Hispanidad, Virgen de Guadalupe, vocación nacional.
Duración: 6:15 · Lectura con voz generada mediante inteligencia artificial.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Méjico halla hoy día la trayectoria de su destino en el reencuentro de las rutas históricas que otrora recorrió. Esta es la visión y éste es el arrobo de la Mística Nacional fundamentada en la Dogmática del Plan de Iguala. Y al llamado de resurrección de los viejos ideales colectivos, México experimenta el sagrado temblor por volver a pisar las mismas sendas con recio pie. Y apercibido del secreto de su supervivencia, empieza ya a formular un propósito de restauración.
Por ello, pronto, muy pronto, a hora más temprana de lo que muchos creen, con aquel arrebatado afán andariego que llevó a la santa de Ávila por todos los ámbitos de la España, la Nación alongará esas sendas hasta alcanzar un paraíso “difícil, erecto, implacable”, “donde no se descanse nunca”, y que tendrá “junto a las jambas de las puertas, Ángeles con espadas”.
Entonces Méjico habrá reconstituido integralmente su SER, ahora minado por la acción corrosiva de la centuria en que ha prevalecido el esfuerzo del mal. Hallaráse libre de externas coerciones. No sufrirá más internas taras sociales que lesionen su libre albedrío. Y se erguirá su voluntad con definitiva gallardía en una libérrima auto-determinación. Y esa voluntad, será una “voluntad de Imperio”.
Para esa época habrá ya empezado el milenio hispánico que por ahora se insinúa como la dulce claridad que precede a la salida del sol. Méjico, fiel a su vocación excelsa, reanudará el hilo de oro ascensional de su Historia, --roto, como en casi toda la Cristiandad por la invasión de la pagana antropocéntrica. Y después de haber recorrido en rudo quehacer ascético la aspereza de la vía purgativa, el deslumbramiento de la vía iluminativa, entrará con plenitud de cenit en una inmarcesible vía unitiva, en la nueva Edad Media profetizada por Berdiaeff. Y será un pueblo profundamente teocéntrico en el que el ¡Viva Cristo Rey! ya no tendrá más resonancias de plebiscito. Lo cual será así por razón de que el plebiscito se habrá ya cumplido y tendrá una viviente actualidad la realeza del Hijo de Dios. Este grito de victoria seguirá rasgando los aires; pero anunciará no la hora de la urna, sino los tiempos en que el Rey apuntará bajo su cetro a los pueblos haciendo valer los derechos de la herencia y de la conquista.
Aquel día, tendrá la jornada brisa y sol matutinales, porque se habrá iniciado el CRECER y el TRASCENDER del Méjico Imperial de Cristo Rey…
Y vendrán de nuevo los días de la sabrosa hambre de misión. Y el hambre será también sed. Y la sed solo será colmada con las almas de los hombres. Y las ingentes muchedumbres del norte, y las del oriente, “al otro lado del mar”, se precipitarán por el vertedero de la catolicidad en el Imperio misional del Méjico. Y estando ya en él, echarán de ver, estremecidas de un gozo de posesión y de cumbre, que han venido a acogerse al regazo amoroso y ecuménico del Imperio de la Hispanidad.
Y vendrán también los días en que de nueva cuenta se oirá la añeja canción del medioevo!
“¡Hélo, hélo por dó viene –el infante vengador” –levantando el polvo antiguo de los caminos del Romancero! ¡Y habrá de verse que es el santo Señor Santiago en su cabalgadura de plata que blande la Cruz-Espada de la Hispanidad, tomada al ángel que guarda las puertas de la Ciudad de Dios sobre la tierra! ¡Y que tras de él vienen fray Tata Vasco y Motolinía, y don Hernando Cortés y el Cronista Bernal Díaz – que en esencia son, todos ellos, titanes de los escuadrones de un mismo ejército-; y toda pupila se dilatará ante el asombro de que son ellos quienes abren la marcha de las huestes que vuelven a cerrar el poder de las tinieblas. . . .
Y entonces el Dios de los ejércitos dirá: “No prevalezca el malvado y no quede de él memoria sobre la haz de la tierra”.
Y Santo Santiago clavará la espada “que es la afirmación heroica de la Cruz”.
Y esta habrá de levantarse otra vez en lo alto del Gólgotha y atraerá todo a sí. Las gentes se abrazarán a ella y dirán un canto de exultación y alabanza, porque en ese abrazo los filos de la Cruz-Espada penetrarán sus carnes y habrán abierto en ellas las vías por las que se inocule en sus venas la Sangre de Dios.
Y acaecido esto, llegará a sus sentidos un suave olor. E inquiriendo por el origen, percibirán que es fragancia de rosas de Castilla; y al volver el rostro para mejor gustarla, sus ojos subirán de las rosas a una tilma indiana. Y en la tilma hallarán a la señora que no tiene la tez de doña Isabel ni la tez de Marina, sino la tonalidad canela de la mejicanidad.
Y crecerá el asombro de las gentes al ver las profecías cumplidas. Y una sola voz se levantará en aquel día de grande gozo. Y dirán todos:
“¡Gran verdad fué dicha a nuestros mayores! ¡Verdaderamente María ha sido la PRENDA ASEGURADORA DEL SER, DEL CRECER Y TRASCENDER DE MÉXICO!. . .”
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