La Estandarización del Espíritu

Identificador: DM-415.
Publicación original: Novedades, 16 de julio de 1956.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Ronald Knox, radio, BBC, medios de comunicación, cultura de masas, pensamiento crítico, estandarización.
Ilustración en blanco y negro de La Estandarización del Espíritu, artículo de LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES


Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

De Ronald Knox es una de las más sesudas consideraciones que se han hecho a propósito de esa perniciosa tendencia que en el mundo occidental se significa por la creciente estandarización de los espíritus. Nos lo ha recordado el haber escuchado casualmente parte de una conversación entre personas de las que en nuestro medio solemos tener por cultas, pero que por los temas y opiniones sacados a relucir en su plática se nos revelaron como un grupo más de víctimas de ese hoy extendido género difusivo de vulgaridades científicas y de vulgaridades pseudofilosóficas en el que toda mediocridad intelectual tiene su asiento.

Hace una década que Knox escribió su Broadcast Minds (Mentalidades de Radio), que en nuestra lengua publicóse con el rubro de Los Omnisabios. La coyuntura fue el influjo de cierto grupo preponderante de comentaristas al través del monopolio radiofónico inglés de la B.B.C., iniciales famosas de la British Broadcasting Corporation.

“El peligro inmediato que preveo –decía- es lo que llamo Mentalidad de Radio. Con esto quiero designar, ante todo, el hábito de tomar, de mentores autonombrados, una filosofía de la vida estandarizada y de pacotilla, en lugar de construírsela por sí mismo… El hombre, siempre que se le deja solo, se fabrica una filosofía de la vida que nunca concuerda enteramente con la del vecino… Y es esta natural independencia de la vida humana la que se ve amenazada cuando en medio de la polémica nos interrumpe una voz salida de un tubo en el rincón del cuarto, la cual nos asegura, con marcado acento oxfordiano, que The Sewer no es, como acabamos de afirmar, una presuntuosa insensatez, sino que (en opinión de los mejores críticos) es un aporte literario que hará época. Se nos amenaza con una especie de ostracismo cultural si sostenemos una opinión que, por muy superficial que fuera, era la nuestra”.

Knox endereza su crítica contra los expertos o semiexpertos que nos sugestionan al través del radio o de la letra de imprenta –hoy, diez años después, también a veces en el video- haciéndonos adoptar una cultura de segunda mano. Son los que llama los “omnisabios”. En Inglaterra, especímenes como Lord Russell, H.G. Wells, Huxley, Mencken, Heard o Langdon Davies. Personajes de los que hay vivientes copias casi fotostáticas en los diversos medios occidentales, y a los que nosotros hemos designado alguna vez “los especialistas en generalidades”. Tipos como lo fue Wells, capaces de tratar cualquier tema y que por peculiar don literario pueden “hacer parecer probable cualquier tipo de improbabilidad”.

Nuestro escritor hace resaltar cómo esos pseudosabios, curiosamente, invierten lo que podría considerarse el objetivo normal de una popularización de la ciencia, a saber, enaltecer al hombre común por un aumento de su ilustración sobre los temas realmente vitales. Más bien pretenden abrumarnos con los enigmas del universo, humillarnos con el peso de lo que ignoramos, lanzándonos al rostro, como en ciertos socorridos desvanes de las páginas de diarios y revistas, una larguísima serie de “¿Sabía usted que…?”, acerca de “hechos o supuestos hechos, escogidos más por sorprendentes que por importantes”, o que asientan en calendarios para niños afirmaciones como ésta: “La rosa que vemos no tiene color propio. El rojo que vemos en ella estaba en el sol diez minutos antes, a 90 millones de millas de distancia”. O bien, lo que dice otra publicación en un encabezado: “El Amor Maternal es Manganeso”. “Parece, dice Knox, que alguien que cría ratas les quitó de su dieta todo lo que contiene manganeso y las ratas madres, sujetas a ese tratamiento, no mostraron deseo de comer sus crías”. La observación, de ser cierta, podría probar que el amor maternal es un instinto que para manifestarse necesita la presencia del manganeso en los alimentos, pero no que el amor maternal sea manganeso, ya que son “hechos que pertenecen a dos órdenes diferentes de experiencia”.

“El encabezado no era cierto, pero se redactó en esa forma para sorprender y deslumbrar al lector; para darle la sensación de que el mundo es un lugar extraordinariamente raro y de que los camaradas sabios saben acerca de él mucho más que nosotros…”. Esto lo hace el “omnisabio” con la mira de “producir el efecto calculado de antemano. Desea que sus lectores se avergüencen de su escasa capacidad cerebral y deleguen la tarea de pensar en cabezas más sabias que la suya”.

Y la auténtica sorpresa y la realmente curiosa verdad es que “los omnisabios no son, por lo general, especialistas. Con una sola excepción en cada caso, puede decirse que los escritores que examino en este libro no saben más que el A.B.C. de la Filosofía y quizá sólo el B.B.C.”, concluía Knox ironizando a propósito de las iniciales de la gran radiodifusora británica.

Quitémonos telarañas y complejos de inferioridad en el espíritu. No ayudemos a los “omnisabios” a convertirnos en masa. Persista en todos nosotros la modesta pero válida estima de nuestras posibilidades y de nuestra personalidad. Fiemos más en nuestro sentido común que en la cultura estandarizada y barata que en vez de elevar nos adocena dentro del rebaño de lo intrascendente y mediocre.

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