La Emboscada de Dios
Publicación original: Novedades, 23 de abril de 1956.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: José Mojica, conversión, vocación franciscana, autobiografía, Yo pecador, gracia, Editorial JUS.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Que la gracia no tiene fronteras históricas podría ser una de las principales conclusiones de la recién aparecida autobiografía del que fue sobresaliente figura del arte operático y del cine: José Mojica. Lo mismo que en el lejano siglo IV, el siglo de Agustín de Hipona, Dios sigue estando en acecho de los corazones de los hombres en esta era atómica que se nos inicia enigmáticamente preñada de amenazas y promesas. Hoy, como ayer, la frontera irremisible e intraspasable sigue siendo nuestro libre arbitrio. Todas las redentoras emboscadas de Dios siguen teniendo ante sí la disyuntiva del buen éxito o del fracaso ante la constante posibilidad de que cada hombre diga una sola palabra: “¡No!”.
Como espejo de muchos de nosotros, Mojica pronunció innumerables veces el rotundo y tajante monosílabo. Después, ante la reiteración de las divinas emboscadas, esa barrera fue desmoronándose hasta que sobre sus escombros de mundanidad la Gracia fue levantando la noble arquitectura de una conversión y, lo que es más, de una vocación religiosa a la que las circunstancias especiales del personaje –en el cenit de la fama y la fortuna- dieron resonancia y vibración de ejemplaridad.
Todo esto se dice en muy pocas palabras, pero para abarcar en lo humanamente posible su verdadera dimensión es necesario asomarse personalmente a estas páginas autobiográficas de un hombre de carne y hueso de nuestros tiempos. Páginas excepcionales por su soltura y vivacidad literaria que expresa una vez más lo polifacético de una extraordinaria disposición artística. Excepcionales por su lenguaje llano y directo en que la verdad rezuma sin obstáculos con una libertad que asombra y conmueve por lo que entraña de varonil desasimiento del “yo”, la ferocidad de cuyas exigencias suele tan fácilmente llevar hogaño, en materia de achaques autobiográficos, o al cinismo de egotistas fines publicitarios o a los silencios calculados del “qué dirán” o de la hipocresía.
YO PECADOR… es el breve rubro de vastas sugerencias que el hoy fray José Francisco de Guadalupe Mojica da a sus “confesiones”. Pero lo que el título no deja adivinar es el creciente vigor sugestivo con que el libro va apoderándose del espíritu con una facilidad mayor que el de las mejores novelas. No es posible soltarlo de las manos porque cada capítulo, y casi siempre cada página, solicita con un magnetismo propio, nuevo e inesperado. Lo trivial y lo trascendente mantienen aquí una liga natural y espontánea, de admirable equilibrio, cada uno con su singular significación y su peculiar “por qué” para insertarse en el relato. Y una gran variedad de situaciones, detalles, sucesos, personajes y ambientes renueva sin tregua la acción de este drama vital sostenido entre un hombre y su circunstancia –si hablamos a lo Sartre- y el dinamismo sobrenatural de la Gracia.
De la pueblerina primera infancia, cuya descripción tiene entre otras cosas una impremeditada pero notable enjundia sociológica mexicana, a la mocedad y a la juventud vividas en los capitalinos días de las postrimerías porfiristas y de las turbulencias de los primeros años revolucionarios. De las incidencias escolares con su perdurable influjo psicológico al ingreso al mundo encantado del arte en cuyas luces arden las posibilidades de sublimación o de perdición que encierra lo meramente estético. De la complicidad en mojigangas espiritistas a las duras realidades del lavaplatos neoyorquino y a las cumbres de la celebridad y del éxito dinerario. Del trato con mundanerías del arte al encuentro de la tumba apostólica de fray Junípero Serra en un camino altacaliforniano, o el de una inusitada Santa Teresita del Niño Jesús II a bordo de un barco que surca las aguas del Mediterráneo. Todo, todo asume en YO PECADOR… un interés inédito y fresco, un mensaje humanísimo hecho de esas luces y sombras que en cada uno de nosotros batallan y pugnan cada día por vencerse recíprocamente en la perpetua contradicción íntima que dura hasta que morimos.
Como notable acierto de este “hit” editorial que se apunta la empresa mexicana JUS, hay que subrayar el nutridísimo apéndice gráfico que habla con voces de un documental insobornable. Su inclusión en el volumen pudiera parecer impropia a un espíritu estrecho o a ciertos tartufos del mundanismo antirreligioso. La verdad es que todas esas fotografías rinden por sí solas el testimonio original y viviente de lo que es la soberana acción transformadora de la Gracia cuando se tiene la fortuna de caer en el lazo –el lazo franciscano, esta vez– de la Emboscada de Dios.
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