La Elocuencia de los Síntomas

Identificador: DM-324.
Publicación original: Novedades, 25 de octubre de 1954.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: política mexicana, oposición cívica, intolerancia, electoralismo y democracia.
La Elocuencia de los Síntomas

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

El parlamentario maratón de insultos contra los miembros y jefes de una importante organización cívica de ideario definidamente mexicanista, ha tenido en la opinión pública el más desfavorable de los ecos. Ha fallado así el demasiado obvio designio de formarle a esa agrupación un clima de odiosidad popular.

No podía ser de otra manera, dados la arrebatada ligereza de esa reacción ante supuestos hechos que fueron suficientemente desmentidos y su carácter predominante de gravísimos desafueros verbales. Entre otras cosas, por las bajunas formas de expresión de que se echó abundante mano, resulta penosísimo considerar lo que por las detalladas informaciones periodísticas al respecto podrán pensar de nosotros quienes, gente culta y de bien, reciben y leen en el extranjero los diarios mexicanos.

Pero entre las reflexiones que el lamentable episodio suscita, seguramente tiene el mayor interés práctico su índole aleccionadora para el consumo nacional lo que, por supuesto, importa más, muchísimo más, que cualquier prurito –aun, como en esta ocasión, justificado- acerca del “qué dirán las naciones extranjeras”.

Al pueblo, desde luego, se le ha dado una clara coyuntura de conjeturar al menos la persistencia fundamental del ánimo represivo de que tan pródigo en muestras ha acostumbrado ser el oficialismo mexicano hacia todo lo que pueda significar una oposición medular y efectiva a su ideología y métodos.

Desde este punto de vista, no es del todo despreciable la posible resonancia del suceso en orden a sacudir el espíritu público y evitar ciertos espejismos que pudiesen haber interpretado con demasiada esperanza determinadas suavidades que en las formas ha cuidado en los últimos años el sector político en el poder.

Por otra parte, no sabemos si el régimen concederá el registro –en trámite hasta el momento en que esto se escribe- del partido en que quieren canalizar su acción política los miembros de la agrupación cívica que fue objeto de las fobias parlamentarias. O si, como no pocos auguran, lo negará tomando por pretexto expreso o tácito el acto público que motivó la poca avisada oratoria de los denuestos.

De cualquier manera, en uno u otro caso, dada la disposición de espíritu manifiesta en esa oratoria del recinto de Donceles –termómetro que todos saben de gran sensibilidad de reflejo de las condiciones del ambiente-, cabe preguntarse con toda franqueza hasta qué punto tenga interés práctico una oposición en el terreno electoral y en la realidad mexicana cuando lo que menos desea el antagonista para los mantenedores de tal oposición es el cadalso.

Es de pensar, dadas viejas prácticas, que los participantes en tan significativo desembozo congresional de la intolerancia política no habrán incurrido en responsabilidad ante su propio partido al desviarse de las últimas tácticas seguidas por éste. También es de pensar si, aun a posteriori, habrán medido todo el alcance de la hilvanada serie de conclusiones lógicas a que puede dar pie su intemperante actitud; conclusiones a cual más graves y fundamentales no sólo para los directamente ofendidos por ella, sino también para todo aquel –cualquiera que sea su línea de pensamiento- que hubiese llegado a tomar en serio, siquiera en alguna medida, la posibilidad de una expresión, ya que no constructiva, al menos pacífica y legalista de la democracia liberal en México.

Lo que sí interesaría saber es la reacción no ya del elector sujeto posible de consignas coercitivas, sino del numeroso electorado sin afiliaciones y del que forma en los cuadros opositores genuinos. ¿Cómo interpretarán la evidencia de los síntomas?

Ninguna ley ni ningún criterio tolerante y comprensivo podría incriminarles –ni a nosotros por decirlo- si, por ejemplo, sacan la obvia inferencia de la inutilidad del electoralismo en las condiciones que tales signos revelan. Si se reservasen, por consiguiente, sus derechos de acción decisiva para un momento de mayor madurez de las circunstancias procurando, mientras tanto, acelerar el proceso por una actividad intensa, sostenida y valerosa, pero de orden exclusivamente cívico, que encauzase el espíritu público por rumbos ideológicos y tácticos precisos, a la vez que, por supuesto, abiertamente consubstanciales con las esencias mexicanas, porque nada hay más impráctico que las verdades a medias.

Personalmente y sin pretensiones magisteriales, respetando opiniones contrarias, nuestra creencia coincide con otras que pensamos autorizadas y con el sentir que es fácil comprobar como convicción general en el sentido de que, en estas circunstancias que todavía se viven, una inteligente y patriota actividad de orientación básicamente cívica –en la acepción restringida del vocablo- resultaría por ahora algo no sólo más congruente, sino inclusive más fecundo en orden al final enderezamiento del derrotero histórico nacional.

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