La Cruz de las Comunicaciones
Publicación original: Novedades, 17 de junio de 1957.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: comunicación empresarial, relaciones humanas, organización, jerarquía, psicología social, administración.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
En nuestro anterior artículo dejamos establecido que el problema de comunicar eficazmente a los elementos humanos de una empresa se presentó, en un momento dado, en dos aspectos básicos. Por una parte, era preciso superar las barreras que para ese relacionamiento significaban la magnitud del negocio moderno y su especializada complejidad. Por otra, era obvio que había que enfrentarse al problema con una actitud rigurosamente técnica, que en este caso consistía en tomar en cuenta los atributos y condiciones reales del hombre en su expresión psicológica y sociológica.
Así se hizo en efecto, y tal es el secreto de los éxitos obtenidos. La primera manifestación de este enfoque científico –que persigue un objetivo humanista a la vez que de eficiencia- fue el logro de una clasificación fundamental de las comunicaciones interhumanas en la empresa. Después, se procedió al estudio analítico de cada una de sus formas. Este análisis, al entregar a la investigación los datos relativos a la naturaleza misma de cada forma de relacionamiento de los miembros del personal, era, en rigor, lo que iba a permitir tecnificarlas.
El acierto de este punto de vista era evidente. En seguida de la sistematización general se impone la consideración analítica. Cuando se sabe la índole, la finalidad funcional específica de un instrumento –y las formas de comunicación en los negocios son eso: instrumentos administrativos- es cuando se empieza a saber de qué manera es preciso emplearlo y de qué otra resulta inconveniente, antitécnico. Y es, además, cuando se está en el camino de mejorarlo en su estructura, en su diseño o en sus formas de aplicación para obtener de él su máxima eficacia. No de otra manera que como sucede al tratarse de herramientas materiales, en las que muchas veces pequeñas modificaciones o agregados a su diseño habitual les perfeccionan o multiplican su aplicabilidad concreta en las diversas tareas mecánicas.
O sea, que en éste, como en todos los renglones de la moderna administración de negocios, se trató decididamente de desechar el empirismo en uso y substituirlo por una actitud estrictamente científica.
La sistematización más usual, la llamada “cruz de las comunicaciones”, ha clasificado a éstas en verticales y horizontales, entendiendo estas palabras en función de la posición de los puestos dentro de los diferentes niveles jerárquicos de la organización de la empresa.
Así, se consideran verticales aquellas que se establecen entre las personas que ocupan puestos de niveles diferentes, y pueden ser de carácter descendente cuando se trata de formas de comunicación por las que los jefes entran en contacto con sus subordinados, o bien de carácter ascendente si el movimiento comunicativo parte de éstos hacia aquéllos. Por su parte, las comunicaciones horizontales son las que se establecen entre personas de distintos departamentos de la empresa cuyos puestos están ubicados en un mismo nivel de importancia.
Y aquí cabe subrayar una importante y necesaria distinción que ya hemos apuntado en anterior artículo. Los diagramas o cartas de organización, al expresar gráficamente las distintas funciones y niveles jerárquicos que existen dentro de un negocio, están indicando también las líneas de comunicación y autoridad, es decir, un conjunto de relaciones. Pero se trata de relaciones entre los puestos, los que, como ya dijimos en su oportunidad, son unidades abstractas e impersonales. El problema que nos está ocupando ahora no es el de tales vínculos abstractos sino el de las relaciones concretas entre las personas reales que de hecho desempeñan los puestos.
Porque bien ha sido expresado que la gráfica de organización es un esqueleto. Esqueleto necesario como estructura y soporte interno, pero que necesita “encarnarse”, ser revestido por el resto del organismo que lo complementa a la vez que se apoya en él. Analógicamente hablando, eso son, en este caso, todas y cada una de las personas reales y concretas que dan vida y realidad a la comunidad “empresa” y que la deben poner cotidianamente en movimiento.
Precisamente al puntualizarse esta distinción entre relaciones abstractas y relaciones concretas, hubo que considerar éstas a la luz de lo psicológico y de lo sociológico. Es decir, se dio el primer paso para situarse en la “verdadera realidad” de la empresa, que es, más que un esquema organizativo, una entidad social; y que jamás será un escueto funcionalismo mecanicista sino un organismo moral con una substancial palpitación humana.
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