Hombres y Sistemas
Publicación original: Novedades, 23 de abril de 1945.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: moral pública, sistemas políticos, responsabilidad personal, servicio público, México.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Hay algo que la Revolución no puede lograr, porque habría en ello una rigurosa contradicción intrínseca: resolver los problemas de México en su médula, que es de índole moral. La existencia misma de la Revolución es, ni más ni menos, uno de los dos o tres problemas mayores que agobian al país.
Pero, por otra parte, los revolucionarios sinceros, patriotas, decentes –no por revolucionarios, sino a pesar de ello-, sí pueden hacer mucho por la Nación, cuando se empeñan en dar al pueblo el servicio a que obliga, por naturaleza, el hallarse adscrito a los cargos públicos. Y eso, aunque al actuar de tan encomiable manera, crean –con disculpable error, muchas veces- estar haciendo obra revolucionaria.
No se puede menos que aplaudir siempre la honradez y las buenas intenciones de quienes –cualquiera que sea su signo ideológico- laboran, en la órbita de acción que tienen asignada, por llenar sus funciones con dignidad de propósitos para transportar la política y la administración a sus planos naturales de inteligencia, de austeridad de estricto, sobrio, elemental sentido de servicio; en lugar de incurrir en las extendidas prácticas de esquilmo en los sistemas impositivos, de ignorancia de lo que se trae entre manos, de despreocupación por las necesidades reales que deben satisfacerse, de ningún escrúpulo en el manejo de los dineros del pueblo.
Viene todo esto a cuento porque –alejados en lo personal de la política de la hora-, no puede menos que ser para nosotros motivo de atención, desinteresada y a distancia, el advertir tan plausible actitud en la gestión de sus cargos por parte de determinados gobernantes que, desde nuestro punto de vista, siendo revolucionarios merecían no serlo, dada su indudable, sana aplicación en procurar el bien común, luchando contra la deletérea atmósfera del oficialismo, contra las estructuras de acero y concreto –maginots defensivas de lo turbio, de lo incofesable-, que protegen el feudo de los eternos “mangoneadores” e impreparados.
Tal ocurre, hoy día, a nuestro entender, en varias decisivas facetas del trabajo de dos gobiernos locales, cuya importancia corre parejas con la de entidades respectivas. Nos referimos al Estado de México y al de Guanajuato.
Desde luego, sabida es la no común prestancia cultural de los sendos titulares del poder ejecutivo. Tal hecho ha motivado en la opinión –acostumbrada a lo cardinalmente opuesto-, un asombro del que no acaba de salir. Y sorpresa no menor le ha sido comprobar, entre otras circunstancias, en ambos gobiernos locales, la moderación, el tacto, la pulcra distribución de los gastos públicos; la exaltación de lo atañedero a la cultura; la no usada inquietud por informar de sagacidad técnica y de previsión lo referente a las obras públicas. Todo ello es realmente insólito.
Tenemos noticia de que las cabezas gubernamentales de uno y otro Estado, han sabido canalizar su impulso constructivo al través de la colaboración –inmediata a su persona o, en puestos de menor importancia, pero siempre con responsabilidades efectivas-, de personalidades jóvenes, de un dinamismo fresco y prometedor, poseedoras con frecuencia de una alforja cultural de contenido universitario; elementos incontaminados por el desenfreno de venalidad ambiente. Esto es, cabalmente, una juvenil razón de éxito, digna de hacer escuela.
Ello comprueba que aun en la triste realidad revolucionaria, el decoro, la buena voluntad, la preparación y el espíritu de trabajo, pueden triunfar sobre las fuerzas contrarias. O sea, que más que los sistemas –buenos o malos-, importan los hombres para la felicidad de un país.
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