Hispanoamérica y la Productividad

Identificador: DM-433.
Publicación original: Novedades, 25 de marzo de 1957.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Hispanoamérica, productividad, relaciones humanas, nivel de vida, administración, economía.
Ilustración en blanco y negro de Hispanoamérica y la Productividad, artículo de LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES


Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Hay un evidente acierto en la parte medular de las opiniones recién manifestadas por el Presidente de Costa Rica a un periodista mexicano. Existe, en efecto, la urgencia obvia de elevar los índices de productividad de las economías hispanoamericanas.

El que esto escribe ha insistido una y otra vez en la necesidad estricta de que Iberoamérica permanezca fiel a las esencias de su cultura, que constituyen una vocación peculiar a la vida superior del espíritu. Esa fidelidad se impone, en primer lugar, por una clara estimación del valor intrínseco de las cosas. En segundo término, porque es una condición de nuestra supervivencia y de nuestro peso en la balanza internacional.

Pero esta fidelidad al Espíritu lleva implícita la decisión de establecer y consolidar los presupuestos de carácter material que hagan posible la plenitud de nuestro destino histórico, dando al mismo tiempo una muestra objetiva y espectacular de cómo sí es realizable en la vida de los individuos y de los pueblos la armonía entre los postulados económicos y los principios espirituales de la cultura.

¿Qué significa elevar los índices de productividad?

En términos llanos y directos, lograr un mejor aprovechamiento de los elementos del proceso productivo.

A primera vista, esta sencilla noción no deja quizá adivinar todo el formidable panorama de repercusiones sociales e históricas en ella implícito.

Vayamos por partes. Una alta productividad puede significar en ciertos casos un aumento del volumen de producción económica. Sin embargo, ello no es de suyo esencial para que esa alta productividad exista. La productividad, dice un organismo tan autorizado como la Organización Internacional del Trabajo, es “la relación que existe entre los bienes y servicios producidos y los recursos invertidos en su producción”.

Esto quiere decir que un país, una zona económica, un ramo industrial, un negocio, un departamento fabril, una máquina e incluso un operario pueden aumentar su productividad aunque el volumen de lo producido permanezca el mismo, siempre que, mediante un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles, cambie la relación entre la producción y sus factores materiales o humanos: finanzas, materia prima, máquinas, herramientas, instalaciones, por una parte, y, por otra, conocimientos, destrezas, energías y aptitudes de elemento humano.

Precisado el concepto, fácilmente se echa de ver que una elevada productividad repercute necesariamente, de una manera inmediata, en una reducción del costo unitario de los bienes y servicios. Esta reducción de costos, a su vez, tiene un reflejo directo sobre los precios al provocar su baja muchas veces en grado extraordinario.

Los efectos subsiguientes son varios y trascendentales. El fundamental consiste en contribuir de manera decisiva al alza de nivel de vida de la población, porque hablar de más bajos precios en los mercados significa forzosamente un aumento del poder adquisitivo del público. Y ésta, cabalmente, es una de las metas más apremiantes de los países hispanoamericanos: elevar económicamente su nivel de vida; aumentar y diversificar su consumo de bienes. Que sus grandes mayorías no sigan confinadas al marco presente de consumo precario de los solos satisfactores elementales, sino que ese consumo se amplíe cuantitativamente y cualitativamente. Sólo así se hace más fácil el acceso más generalizado a la vez que más profundo a esos dones superiores que nuestra propia cultura nos ofrece, pero cuyo disfrute tantas veces no es posible poner al alcance de ingentes sectores por la falta de un suficiente soporte material.

Dejando, por brevedad, a un lado, aspectos estrechamente ligados con éste, cabe agregar que para nuestras economías de moderada potencialidad –si hablamos en términos generales- encierran los principios y técnicas de la productividad un peculiar interés y lecciones prácticas de inestimable valor.

Por ejemplo, cuando nos muestran que no siempre es aconsejable la modernización de maquinaria para obtener una elevación de los índices de productividad, elevación que muchas veces es vital para la supervivencia de ciertas empresas. Puede en muchas ocasiones bastar la renovación parcial del equipo. Puede, en otras, ser suficiente la del instrumental, renovación que resulta incomparablemente menos costosa. Y en muchísimas otras sería bastante un cambio de organización combinado con una concienzuda simplificación de métodos y procesos, utilizando el mismo equipo de que siempre se ha dispuesto, y, sobre todo, una sagaz aplicación de políticas y técnicas derivadas de la moderna administración de personal.

Esto último, más que nada, puede evitar el tremendo aumento de inversiones acarreado por la modernización de maquinaria; inversiones que, dicho sea de paso, muchas veces significan un alto porcentaje de capital amortizado e improductivo en razón de la falta de capacidad de absorción inmediata de nuestros mercados. Las técnicas nuevas de administración de personal, orientadas en un sentido humanista, o sea, como apunta el Presidente Figueres, sin mengua de la libertad y de la justicia social, son eficacísimas para obtener del potencial humano mayor eficiencia y colaboración sin aumentar la carga de trabajo, porque eso sería lo más contrario al espíritu e intención de la productividad.

Y vale recordar aquí la enfática afirmación de los actuales grandes capitanes norteamericanos de empresa: más que los admirables aspectos tecnológicos, son los avances en materia de relaciones humanas en el trabajo, que se aplican hoy día en los Estados Unidos, el factor que explica la asombrosa productividad en ese país.

En suma, hay una singular perspicuidad en la opinión del mandatario costarricense. Nos hacemos eco de su expresión de que requerimos no precisamente “menos poesía y más creación material”; pero sí me atrevería a decir que sin menos poesía, necesitamos más creación material”. O sea, que Hispanoamérica debe resolver al más corto plazo posible el problema de su baja productividad, declarando una guerra técnicamente programada al desperdicio de sus recursos materiales y humanos.

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