Fidelidad a lo Hispanoamericano

Identificador: DM-310.
Publicación original: Novedades, 19 de julio de 1954.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Hispanoamérica, Guatemala, antiintervencionismo, catolicismo y unidad cultural.
Fidelidad a lo Hispanoamericano

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Los recientes acontecimientos de Guatemala han venido a poner más de bulto la urgencia de hacer vigente una autónoma posición iberoamericana ante los conflictos de la hora. De hecho, no han sido escasas las voces que han dado fe, en esta coyuntura, de un limpio a la vez que avisado antiimperialismo que se halla vivo en toda Hispanoamérica.

Ello, por cierto, no significa –como algunos corresponsales norteamericanos de prensa han querido apuntar- que las fuerzas hispanoamericanistas hayan caído en el garlito de una propaganda marxista de la que, inadvertida y estúpidamente, sólo habrían sido eco subsidiario e instrumental. Más bien, lo que el régimen y la opinión de allende el Bravo deben considerar es lo invencible de nuestro sentimiento antiintervencionista; la indudable importancia de ese sentimiento, reflejada por el hecho de que a él se haya apelado pretendiendo orientarlo a las turbias finalidades específicas del comunismo, y el interés obvio que reviste el no lastimar ese punto a todas luces neurálgico de nuestra sensibilidad.

La conclusión justa a la vez que práctica para la política norteamericana resulta así evidente. Para conjurar el riesgo bolchevique en este hemisferio no precisa una intervención estadounidense, sino que basta una conducta que se abstenga de dar lugar –directa o indirectamente- a las condiciones propicias al comunismo, y que se exima a la vez de oponerse –también directa o indirectamente- a los grupos y movimientos de opinión que, celosamente nacionales y sagazmente iberoamericanistas, no significan por ello un designio de xenofobia antiyanqui, sino –diáfanamente- una legítima afirmación de nuestro ser cultural e histórico. Afirmación, ésta, que no excluye antes más bien supone una voluntad de entendimiento con todo aquel cuyo ánimo no sea el subordinarnos de manera abierta o con disimulo sino el tratarnos en pie de igualdad jurídica. Bastaría esa abstención para que el libre juego de las fuerzas políticas internas de Iberoamérica decidiese la partida y liquidase con bastante facilidad el peligro comunista, incluso en aquellos países como México, en que los elementos de ese signo ideológico siguen reteniendo determinadas y fortísimas posiciones claves.

Lo que consuela un tanto es que, aunque todavía con exigua eficacia, a pesar de muchas circunstancias adversas –nuestra gran dosis de recíproco desconocimiento no es la menor de ellas-, el latido de la unidad iberoamericana golpea cada vez con mayor fuerza los espíritus. Y que ello, entre otras cosas, se expresa en el dato que es patente al viajero o al observador alerta: la creciente e inequívoca confluencia en un pensamiento común, cada vez más claramente perfilado y concreto, de nuestras minorías selectas, y la convicción de éstas en las –quizá inminentes- posibilidades históricas de Iberoamérica.

Ello permite que ya se avizore en cierta medida la acción conjunta de salvar, a la vez que de poner en trance vigorosamente operante, todo lo que nuestras comunidades representan para lo futuro de la especie.

Para nosotros, la lección que subrayan y esclarecen más aún los sucesos guatemaltecos, es también obvia. “Los hispanoamericanos, en la mitad del siglo XX, nos encontramos ante un dilema. Debemos elegir entre la dura fidelidad a nosotros mismos que conduce a la grandeza, o la resignada claudicación que termina en el anónimo. Entre que el mundo moderno –ni creado ni sentido verdaderamente jamás por nosotros- nos arrastre en su caída, o formar, gracias a una lúcida y dinámica fidelidad, la vanguardia de un mundo nuevo en el que el hombre no llegue a abominar de su propia existencia. Ese “nosotros mismos” es EL CATOLICISMO ENCARNADO EN UNA DETERMINADA REALIDAD TEMPORAL, NO SÓLO COMO CONJUNTO DE DOGMAS SOBRENATURALES, SINO -puesto que rechazamos el divorcio entre la religión y la vida- COMO FUENTE DE NUESTRAS FORMAS NATURALES DE EXISTENCIA Y DE COEXISTENCIA, DE NUESTRO SENTIDO DE LA FAMILIA, DEL TRABAJO, DE LA CULTURA, DE LA POLÍTICA”.

Porque lo cierto es que en un momento histórico de encrucijada como el actual no es lícito echarse a andar por el camino más fácil, simplemente por eso: porque se cree más fácil. Por consiguiente, quienes juegan su destino a la carta de la autenticidad hispanoamericana no han de luchar “para lograr un “confort” y al mismo tiempo la posibilidad de alcanzar la vida eterna, sino para poder llegar a ésta por el camino que nos enseñaron nuestros padres; sin ser traidores a todo lo temporal que lleva el hombre dentro de sus venas; sin violar la ley del compromiso con el tiempo. No queremos SOLO REZAR, SINO QUE QUEREMOS SEGUIR REZANDO EN ESPAÑOL”.

“La afirmación a “ultranza” de este ser, aparte de constituir, hoy, la única manera de no caer a la larga en un concepto marxista de la vida, nos conduce a desear la unidad con todos aquellos que de aquél participan.

“La gran tarea de nuestras minorías es obtener que de esta revolución que se opera en los estratos más profundos de la sociedad y en lo más íntimo de cada ser humano, salga una Hispanoamérica fiel a ese “subsuelo de creencias vitales e irremisiblemente adscriptas a su origen histórico”.

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