Expectación de la Tempestad

Identificador: DM-090.
Publicación original: Novedades, 18 de abril de 1950.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Hispanoamérica, crisis social, comunismo, democracia, tempestad histórica y acción política.
Ilustración de Expectación de la Tempestad

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

He aquí fragmentos de una epístola que nos envía fraterno amigo sudamericano. No requieren más comentario que el decir que, en lo que sus alusiones tienen de panorámico reproducen la realidad de la mayor parte de nuestros países; el cuadro de actitudes espirituales y prácticas que por hoy se dan ante la inminencia de supremos aquilones históricos. Escrita “a la disparada”, como por aquellos lares suele decirse, esta carta es, sin embargo, un verdadero, vivo y vigoroso testimonio para quien en el futuro quisiese dar una interpretación verídica del “interregno” que estamos viviendo:

“Aquí las cosas van siguiendo el proceso previsto. El malestar social se acentúa, situación de la cual el comunismo está sacando gran provecho. Varios gremios han ido a la huelga, y hasta decretaron un paro los funcionarios de (aquí el nombre de vital servicio público) del Correo, que como empleados públicos están impedidos de hacerlo. Además, el comunismo arrecia sus ataques contra el Tratado de “Amistad y Comercio” con los EE. UU., que el Parlamento no ha aprobado aún… Se han descubierto algunos chanchullos en la Administración pública, algunos de los cuales asumen proporciones escandalosas. Las actividades políticas giran en torno a los acuerdos… de dos grandes partidos históricos divididos en diversas fracciones. Los dirigentes de cada uno de ellos procuran ir a las elecciones próximas formando un frente unido contra el adversario tradicional… El temor es que haya presión internacional y que la guerra venga a complicar el panorama doméstico. El partido del poder…, que está respaldado por la oligarquía industrial y financiera…, lucha desesperadamente por afianzar su posición que se halla muy desmedrada.

“En el ambiente hay ya síntomas de subversión. Algo raro se está gestando en lo más hondo del cuerpo social. En días pasados un diputado católico señalaba el peligro de que no pudiese sobrevivir nuestra democracia parlamentaria, al embate de esas fuerzas que la están presionando. El tal legislador no ocultaba el temor que lo embarga ante una posible marcha hacia el totalitarismo. Como solución proponía, con la mayor candidez, que las fuerzas políticas se espiritualizasen. A mi me pareció su discurso un sermón protestante. Y no creo que con sermones se tuerza el rumbo de los sucesos, mucho menos con los socorridos expedientes de la política liberal. Esto no se arregla con razones ni mañas políticas, ni con pequeñas dosis de moralina más o menos cristiana: porque casi sin darnos cuenta, vamos entrando en una etapa de convulsiones jalonada de sucesos que escapan al contralor humano. La Política, como arte y como ciencia, tan “racional” ella, está siendo desplazada por la Zoología y por la Geología…

“Hasta ahora hemos creído arreglarlo todo con política de cabotaje; pero para lo que se viene será menester la pericia de los navegantes oceánicos. Me da lástima el ver a todos estos enanos aterrorizarse ante la grandiosa tempestad que se anuncia, tempestad en la que nos será revelado nuestro destino……”

¡Conformes! ¿No es así, lector amigo?... Creo que tú y yo, como la voz sudamericana que te he puesto a escuchar, podemos suscribir lo de otro gran espíritu –éste, español- cuando afirma que entramos a una “época dura, angulosa y violenta; época de problemas y luchas elementales en que me temo que la mitad de nuestra bella y armoniosa cultura no nos va a servir para nada. Temo que en las veredas y en los caminos va a haber que hacer ahora mucho más que en las bibliotecas. Si ahora tuviera yo… que hablar a las masas, no les citaría doctrinas de economía política ni tesis de derecho público; no les hablaría del partido tal o de la política cual. Les hablaría con tonos duros, antiguos y olvidados, con tonos de víspera de cruzada, y les diría: “Tú, fraile, toma tu báculo y tu alforja; y tú, caballero, tu yelmo y tu lanza; y tú, trovador, tu guitarra morisca, porque es hora de salir todos por esos caminos de Dios…”

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