En Torno a Fátima

Identificador: DM-451.
Publicación original: Novedades, 5 de agosto de 1957.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Fátima, Virgen María, fe católica, Portugal, apariciones, cultura cristiana.
Ilustración en blanco y negro de En Torno a Fátima, artículo de LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES


Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Si algo merece ser meditado y ponderado en toda su anchura y profundidad es la magna irrupción de lo sobrenatural acaecida en Fátima, Portugal, hace cuarenta años. Pero hacerlo con hondura, con “garra” conceptual y literaria, calando con penetrativo amor en lo que tiene de misterio y en lo que tiene de claridad, no es privilegio de todos.

El privilegio se le ha dado a Rafael Aguayo Spencer en su recién publicada Nuestra Señora de Blanco. Meditaciones en torno a Fátima.

He aquí la proyección de un espíritu en el que los dones de la alta cultura se conciertan admirablemente con la sencilla diafanidad de la fe. Sin antítesis lacerantes, antes en fecunda armonía vital, una y otra cosa se prestan recíproco aliento y confluyen sus luces propias en un solo haz intelectual. Substancialmente uno. Con la unidad que a sus elementos otorga la misma Fuente Primera de que dimanan y la intransferible personalidad humana en que aquí se manifiestan, en concreto, vivientes, desplegando en ella con sabia coordinación sus peculiares dinamismos.

Es esto, cabalmente, uno de los aspectos cardinales de atracción por los que el libro habrá de obtener éxito peregrino y sobresaliente. Por lo que tiene de revelación de la psicología del cristiano auténtico y cultivado para el no cristiano o para el que, siéndolo, navega en las aguas quietas de una mediocridad cómoda y consigo misma satisfecha.

Pero, por supuesto, sobre este apasionante interés de subjetividad, priva aquí la poderosa y primordial hipnosis de lo objetivo, de los hechos escuetos al través de los cuales es llevado el lector por la sucesión –de polifórmica maestría literaria- de los capítulos del volumen a partir de esa convincente y desgarrada explosión. De humanísima y cristianísima sinceridad que en el prólogo estalla.

Así, el magistral cuadro histórico lusitano, y el pictórico vigor del escenario físico y sociológico delinean estupendamente el trasfondo temporal en que se enmarcan los sucesos milagrosos que tuvieron por personajes a La que es bendita entre todas las mujeres y a tres niños aldeanos, de pastoril ejercicio, cuyos nombres son hoy día conocidos e invocados por la cristiandad entera. Sucesos de cuya final espectacularidad fue testigo una muchedumbre de decenas de miles en la que se enlistaron no sólo la expectación creyente y la indecisa y titubeante, sino también la frialdad escéptica y aun el odio irreligioso de no pocos de esos cuyo oficio y profesión es la de declarar fuera de la ley a lo sobrenatural.

He aquí la urgencia que en este libro se ve cumplidamente satisfecha: dar a conocer el sentido de lo acaecido en Fátima y de lo que ahí fue dicho. Subrayar el trascendente reproche a una civilización que ha convertido el instrumental crematístico y tecnológico en servidor de la opresión del hermano y en base de una existencia sin proyecciones ultraterrestres, emponzoñada de darwinismo utilitario e infrahumanamente afrodisíaca.

He aquí también la vuelta al sentido y visión de la realidad total en que el hombre se mueve y la historia se desarrolla. Realidad total en la que, según el certero sentir agustiniano, se entremezclan sus dinamismos lo temporal y lo preternatural en la batalla, que aún no termina al presente, entre las dos potencias elementales: el Bien y el Mal.

De ahí la importancia decisiva que libros como éste tienen para el porvenir mismo de la especie humana y para el de los logros –penosa, secularmente obtenidos- de la cultura. Mientras no recobremos ese enfoque cabal del orden de lo existente, mientras persistamos en romas perspectivas que se estrellen en la barda grosera del materialismo o se agoten en la contingencia de lo humano, mientras no reaprendamos a dilatar nuestros horizontes hacia la esfera infinita de lo intemporal persistirá sobre nuestra cabeza el presente amago de autodestrucción moral y física del hombre que sólo la estulticia o la soberbia pertinacia antropocéntrica pueden negar.

Urge enterarnos de ese “benigno reproche”, escuchado en Fátima hace cuarenta años.

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