El Riesgo de la Civilización Hedonista

Identificador: DM-377.
Publicación original: Novedades, 31 de octubre de 1955.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: hedonismo, socialdemocracia, comunismo, cristianismo, libertad interior, tecnocracia, apostasía.
Ilustración de El Riesgo de la Civilización Hedonista

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

El escandinavo paraíso terrestre socialdemócrata aludido en nuestro anterior artículo no ha podido socializar la felicidad entre quienes disfrutan de la pasmosa eficacia del orden que en él priva, que reciben los beneficios de su culto a la higiene y al deporte; de sus minuciosos mandatos y restricciones reguladoras de la vida social; de la ingente cantidad de agrupaciones para un sinnúmero de fines en que se expresa su afán de organizarlo todo; del matemático funcionamiento de sus servicios públicos; de un presupuesto cuyo 50% en números redondos se aplica a los cuidados de la infancia y a los seguros sociales que, entre otras cosas, han prácticamente desvanecido el fantasma de la miseria.

Todo eso, decíamos, no ha podido evitar lo que subrayan los visitantes objetivos: la neurosis de los espíritus insatisfechos a pesar de un orden tan simétrico y de las extendidas facilidades para poner en práctica un hedonismo a ultranza. Quizá inadvertida incluso, hay un hambre de libertad en la que afirmar y desarrollar los atributos personalísimos que, al expresarse con autonomía, producen en la vida de relación una variedad a un tiempo sedante y creadora. Se adolece –también inadvertidamente– del mismo mal que otras colectividades occidentales descristianizadas: la ausencia de una tónica sociológica vivificada por la vibración, no convencional sino operante, de lo religioso, de lo que hace referencia a la más íntima, a la más vital y elevada proyección del hombre que toma impulso de sus mismas raíces ontológicas.

En cuanto al otro ensayo de paraíso terrestre, el del mundo soviético, ni qué hablar, porque de él abundan fehacientes testimonios. Es pasar del claroscuro psicológico resultante del paternalismo social-demócrata –que yerra por lo que tiene de excesivo y por lo que tiene de incompleto– a un mundo de sombras declaradas.

Y es que ahí no se trata del juego de un paternalismo equivocado. Se trata de un hipócrita pero inexorable designio de esclavización del hombre; de su aplastamiento brutal e inmisericorde en nombre de unas premisas filosófico-científicas también ayunas de sentido crítico y que, para colmo de ironía, dizque quieren llevar a la humanidad a una etapa de libertad perfectísima en que ni siquiera la existencia del Estado sea necesaria para el cumplimiento de los fines sociales.

Es cierto que en el mundo comunista priva la incertidumbre, el ansia y la angustia. Que “la alegría se ha vuelto difícil, lo mismo que la esperanza”. Que “un peso paralizador abruma en cada pensamiento, en cada palabra, en cada acción”. Que “es necesario desplegar una desproporcionada dosis de energía simplemente para sobrenadar”.

A pesar de todo ello, el escritor católico checoslovaco Jan Cep puede decir a sus hermanos que no han podido trasponer la cortina de hierro: al cristiano no sólo le es preciso permanecer enhiesto, sino que le es de todo punto necesario no dejar de enriquecerse a sí mismo creciendo “en sabiduría y en amor”. Para eso, la primera y magna tarea de conservar a toda costa su santa libertad interior frente a la asfixiante realidad que lo circunda. Y luego superar el desafío –el “reto”, que diría Toynbee– que esa realidad supone, y hacer crecer el espíritu puntualmente al través de su áspera, de su “dura e hiriente substancia”. Tarea ésta, recuerda Cep, que verdaderamente sobrepasa las fuerzas humanas. Frente al más terrible sistema de crueles circunstancias históricas adversas de que tenga memoria –concluye patéticamente– la autenticidad del cristianismo puede seguir floreciendo victoriosamente en los espíritus sólo si el cristiano busca apoyo en aquello que tiene de más profundo y firme, en sus más hondos recursos y certezas de índole sobrenatural.

Ahora bien, y ya en este punto, a pesar de todo lo que de inhumana pesadilla tiene el mundo comunista, no puede menos que quedar al cristiano esta incertidumbre trascendental: ¿cuál será de hecho para él lo más peligroso: el socialismo tecnocrático paternalista en que parece desembocar la trayectoria de los Estados liberales si antes no se produce en Occidente una autocrítica revisionista y salvadora, o el socialismo comunista, también tecnocrático por supuesto, pero a base de látigo y de hierro?

Nos sentimos inclinados a pensar que en ambos cuernos del dilema –sobre las divergencias accidentales– hay una sustancial equivalencia. En las dos hipótesis hay el riesgo del anonimato igualitarista, del cercenamiento de horizontes para el espíritu, y, en último término, el riesgo de la deshumanización. Porque al través de eficacias diversas puede llegarse a resultados semejantes. Por la agresión brutal cuya intensidad llega al satanismo, es posible lograr la apostasía expresa. Por el halago del paternalismo laico, sin aliento religioso positivo, se puede llegar a la apostasía: primero, tácita; después, expresa. Y hay veces en que la inseguridad suscita el empleo de energías y recursos de que no se tiene sospecha hasta el momento en que un peligro claramente supremo los pone en juego, en tanto que la seguridad siempre lleva aparejado el riesgo del enervamiento. Porque el asalto a mano armada provoca en el no pusilánime la reacción defensiva. El halago, en cambio, puede hacernos caer tranquilamente en una trampa mortal. En este caso, el halago de un seductor hedonismo supercivilizado que, además, promete desterrar al máximo posible el sufrimiento y aun la mera incomodidad, pero que de todas maneras nos haría perder, por una parte, la herencia de afirmación de la persona que hemos recibido de nuestra civilización, y, por otra, nuestra autenticidad de cristianos, esa que nos enseña que el hombre no sólo vive del pan de los servicios públicos eficaces, de la higiene y de los seguros sociales, sino también de valores que se insertan en el orden de lo sobrenatural.

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