El Primer Claustro Universitario
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: universidad, educación, historia de México, cultura y fe.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
El 21 de este mes de julio, las altas autoridades de la Universidad Nacional en solemne acto nocturno en el anfiteatro Bolívar, y antes, la tarde de ese mismo día, en el venerable recinto de Mascarones, la Facultad de Filosofía y Letras y la ameritada Asociación Fray Alonso de la Veracruz, conmemoraron con gran decoro y emotividad el cuarto centenario de un acontecimiento de subidísimos quilates históricos, y honraron unos nombres ilustres vitalmente insertados en ese fasto.
Este y aquéllos se vinculan a los comienzos de la cultura superior en Méjico, que tanto contribuyó en nuestros orígenes a la definición del perfil patrio. La fecha corresponde a la de instalación del primer claustro universitario continental. Los nombres, preclaros, son puntualmente los de los miembros de ese primitivo cuerpo docente entre los cuales fulge, con esplendor singularísimo, el de quien fue lumbrera y florón de esa entonces naciente Alma Mexicanensis: el maestro y doctor fray Alonso de la Veracruz.
En efecto, fundada nuestra Universidad por real cédula el año 1551, son propiamente los meses de junio y julio de 1553 los que la ven empezar sus actividades como una positiva corporación de maestros y alumnos. Sus primeras cátedras fueron las de Teología, Sagrada Escritura, Artes (Lógica), Cánones, Decreto e Instituta (Leyes), Retórica y Gramática. Los titulares de ellas, respectivamente, fray Pedro de Peña, prior de Santo Domingo de Méjico; el ya dicho y eximio agustino fray Alonso de la Veracruz; el doctor don Juan García; el doctor don Pedro Morones; el de igual grado Bartolomé Melgarejo; el licenciado Bartolomé de Frías y Albornoz, el también licenciado Francisco Cervantes de Salazar, y, finalmente, el bachiller don Blas de Bustamante.
Las clases de cada una de esas cátedras se inauguraron no en forma simultánea, sino en diversas fechas a partir del 5 de junio del citado año, esto es, dos días después de la apertura de los estudios, en la que Cervantes de Salazar pronunciara su siempre recordada y dilecta oración latina.
Este proceso fundacional cerró su ciclo el día 21 de julio con la solemnísima y formal instalación colegiada del primer claustro de profesores, suceso al que ejemplarmente también autorizaron y dieron brillo las personas del virrey don Luis de Velasco y de los miembros de la Audiencia, dos de los cuales, don Antonio Rodríguez de Quesada y don Gómez de Santillana, fungían ya como rector y maestrescuelas, respectivamente, del flamante instituto universitario. En tan memorables circunstancias y ambiente tocóle al nombrado fray Alonso lo capital y señero del acto: la primera “lectio” y “expositio” de otra nueva cátedra denominada de Santo Tomás que por cierto, ahora, en Mascarones, tuvo una viva y cálida evocación en la pulcra elocuencia del doctor don Federico Gómez de Orozco.
No es fácil ceñir la emoción ante la remembranza de aquel virtuoso y sapientísimo disertante de hace cuatrocientos años. Si su espíritu adquirió el temple famoso del acero de la comarca toledana en que vio la luz, no obstante ello, más que peninsular es nuestro por la americana madurez de sus frutos, porque aquí cumplióse la plenitud de su ciclo vital como ocurrió con todos los primeros grandes forjadores de nuestra América. Eso, en viviente símbolo, lo expresa su toma del hábito agustiniano; precisamente en y con el propio nombre de su punto de arribo a nuestras tierras: Vera Cruz. Ya esta voz era por sí sola un providencial signo emblemático de lo que aquí venía a cumplir, medularmente, el quehacer histórico de la hispanidad; dar vida a una patria nueva al través de la pasión redentora implícita en la Cruz, que es oblación de sí mismo por el prójimo, y que en la esfera del espíritu tan excelsamente se manifiesta en ese cabal sacrificio que es la religiosa austeridad del magisterio genuino…
Desde la modestia de nuestro rincón periodístico nos unimos a la recordación del fasto y de los nombres que han sido objeto del homenaje universitario. Con respetuosa y visceral emoción. Con encendida fe en que la levadura con que en esa fecha tales personajes contribuyeron a amasar nuestra autenticidad, sigue intacta. Convencidos de que esa levadura seguirá dando nobilísimos fermentos de virtud y ciencia a todo lo largo de la dimensión temporal y del ámbito geográfico de la patria.
Ya de ello es prenda firme el dato de esa congregación de espíritus universitarios de lo más selecto de hogaño, que se han reunido en un ahincado quehacer de realización y exaltación de los valores nacionales en uno de los planos más augustos: el de la alta cultura.
Y eso precisamente bajo la égida de fray Alonso de la Vera Cruz, figura que es en sí misma una bandera, un santo y seña de la más depurada e inobjetable mejicanidad.
27 de julio de 1953
Novedades

Comentarios
Publicar un comentario