El Misterio del Hombre-Rana

Identificador: DM-405.
Publicación original: Novedades, 14 de mayo de 1956.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Guerra Fría, Unión Soviética, Khrushchev, Bulganin, Gran Bretaña, comunismo, espionaje, coexistencia pacífica.
Ilustración en blanco y negro de El Misterio del Hombre-Rana, artículo de LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES


Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Dentro del ambiente especial originado por la campaña antistalinista en Rusia, por el nuevo lenguaje soviético sobre las posibilidades de cooperación entre países capitalistas y comunistas, al mismo tiempo que por la “chantajista” intervención rusa en la disputa árabe israelita, la reciente visita de Khrushchev y Bulganin a la Gran Bretaña ha dado lugar a una larga serie de interrogaciones que no por intencionadas dejan de ser legítimas.

Las preguntas se refieren lo mismo al porqué de la inconmovible actitud del Soviet en punto tan vital para el logro de una coexistencia pacífica con Occidente como el de la unificación alemana, que al de la razón para que permanezcan en prisión los líderes de los partidos socialistas y socialdemócratas de Europa oriental. O bien al porqué del envío de armas soviéticas a Egipto en tanto que por otro lado se insiste en el ánimo pacifista de la URSS. O a cómo se explican las confesiones de culpabilidad hechas en tiempos de Stalin por muchos personajes comunistas que ahora han sido rehabilitados. E incluso esas preguntas curiosean acerca del papel que desempeñaban en vida y dentro del régimen de Stalin los que ahora exhiben como un déspota ególatra y sanguinario al que los corresponsales yanquis de tiempos de guerra nos pintan como un “anciano y bondadoso caballero universitario”.

A todas esas interrogaciones bien podría agregarse la que indagase sobre cuál sea la clave de ese hecho con ribetes de novela de misterio consistente en la desaparición de un hombre rana británico que fue visto por última vez cuando buceaba en las cercanías del crucero que condujo a Inglaterra a los jerarcas soviéticos. ¿Se lo tragaría un tiburón o serían escualos humanos con la insignia de la hoz y el martillo?

Haya sido esta postrera excursión submarina del infeliz hombre rana fruto de una curiosidad privada o cumplimiento de una misión de los servicios de inteligencia ingleses, la verdad es que el indiscreto nadador se ha evaporado. Y el sólo hecho habla elocuentemente de lo caro que se siguen pagando las indiscreciones que de algún modo afectan el interés comunista. De la desconfianza alerta y eficaz del comunismo así en los detalles pequeños que en los de mediana o grande importancia.

Esta lección es la que no se ha querido aprender en Occidente. Los soviéticos barren tranquilamente con toda clase de opositores dentro de su propia casa. En plenas aguas territoriales de un país occidental, y mientras en tierra se desarrollan corteses conversaciones diplomáticas, un ciudadano del propio país desaparece por la intervención eficaz de bestias marinas o de quién sabe qué seres invisibles, pero desde luego como una reacción expedita contra su impertinente curiosidad. En los países occidentales, en cambio, pululan los hombres ranas que bucean constantemente en los secretos de Estado con una impunidad que en otras circunstancias resultaría divertida. La ineficacia de las leyes para reprimirlos sigue dando la razón al viejo dicho de Mussolini de que la democracia liberal no es arma que valga en contra del bolchevismo del mismo modo que no lo son las buenas y comedidas razones para librarnos de un asaltante de camino real.

Si bien se mira, los occidentales están obligados a sacarle toda su miga a la frase dicha por los primates soviéticos en el momento de iniciar su visita a Inglaterra: “No nos pidan ustedes cosas imposibles”. Esta es la verdadera respuesta a las preguntas a que ha dado lugar el viaje de los que no se está seguro si son duunviros o triunviros del Kremlin. No es posible pedir al comunismo y sus militantes que sacrifiquen cosas que les son consubstanciales. Ni su meta de dominación mundial. Ni su férreo aplastamiento de la libertad en las zonas sujetas a su control. Ni su recurso constante a la mentira, que ahora asume las formas de insistir en los temas engañosamente esperanzadores de la liquidación en Rusia de la dictadura autocrática, de las posibilidades de cooperación y coexistencia pacífica de los mundos que están a uno y otro lado del telón de acero.

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