Dos Gemas
Publicación original: Novedades, 22 de septiembre de 1947.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Hispanidad, igualdad cristiana, raza, provincia mexicana, poesía y tradición.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Dos gemas. Distinta talla. Diversas luces. Pero es un mismo sol –el de la Estirpe- que en ellas fulge.
I.- RITORNELO.
Ese canto a la igualdad esencial de los hombres, que a todos unimisma en pareja posibilidad de salvación y mejoramiento, de acuerdo con sus obras, es el meollo redentor del mensaje de nuestros pueblos hispánicos al mundo. A todo lo largo y lo ancho de las regiones señoreadas otrora por España, lo mismo en el laberinto tropical que en la sabana o el desierto, hallamos y oímos el mismo ritornelo vital.
Siempre idéntico impulso difusivo de civilización y de espíritu, con ambiciones ecuménicas: ya no hay judío, ni griego, ni romano, ni escita, porque todos somos uno en Cristo y en la cultura –la sola que tal hombre merece en plenitud- de la que El es alma. Ese dulce ritornelo redentor lo advertimos, una vez más, en mención incidental pero significativa, en el huerto poético colombiano de don José Joaquín Casas, en la composición “El Arboloco”, de sus “Cantos de la Patria Chica”:
“Indígenas pardales
cantaron sus letrillas,
y con los indios, ante cristo iguales,
cayeron los hidalgos de rodillas…”
La insistencia de este mismo tema en todos nuestros pueblos, ¿no abrirá los ojos al mundo respecto a dónde hallar salud y remedio al problema del racismo y las discriminaciones?
II.- GOTA DE AGUA.
Nos encontramos –tres meses sin vernos- a la vuelta de la esquina tumultuosa, ensordecida del bocinar de los automóviles, al amigo escéptico que no creía ni en la mujer ni en la Patria (¡Pobre amigo nuestro, sin un destello de fe!) Pero hoy había lumbre de transfiguración en su rostro…
-¡Las encontré! –me dijo por todo saludo.
-¿Tan pronto? –respondimos sin mucha sorpresa.
-Sí –reiteró-. Estaba ciego. Pero fui a la Provincia. Ahí di con ambas… Una, mínima y suave; pero con fortaleza de virtud en el alma exquisita y diáfana. Y ella me dio la revelación de la otra… Fue como en la gota de agua del poema de Ojeda que un día no muy distante me leíste.
“Era pequeña y breve
(¿no son así todas las gotas de agua?,
pero en aquella pequeñez magnífica
-urna divina y clara-,
como en lago sereno que no altera
ni el fugitivo roce de unas alas,
el azul de los cielos palpitaba.
¡La inmensidad, envuelta en lo infinito
de pequeñez, de una gotita de agua!”
En esta femenina gota de agua provinciana, se reflejaba México, Descubrí a “nuestra” mujer. Y en ella, luminosamente azul, ¡el deslumbramiento de la Patria, en toda su dimensión trascendente, en toda su inmensidad espiritual!
- o -
Dos gemas. Distinta talla. Diversas luces. Pero en la misma diadema lírica del hispanoamericanismo.
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