Desiderátum de la Historia
Publicación original: Novedades, 16 de abril de 1945.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: comunicación, medios de difusión, influencia cultural, identidad nacional, cine, radio, prensa.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Las grandes rutas de comunicación terrestre, marítima y aérea, que constituyen uno de los más enérgicos rasgos que caracterizan la vida contemporánea; los poderosos vehículos de publicidad de que dispone el hombre moderno: libro, prensa, radio, cinematógrafo y –en franca inminencia- televisión, son cosas todas que, puestas de hecho por las actuales circunstancias al servicio principal de las grandes potencias, pueden conducir, por un uso equivocado de ellas, al mundo, a resultados indeseables.
Es tema éste de importancia suma, singularmente para los países pequeños o de escaso poder político internacional como el nuestro.
Porque a ningún espíritu alerta escapa el que, tanto las fáciles vías de comunicación como los instrumentos de publicidad, han ocasionado una extensa e intensa difusión, por parte de los grandes países al través de todo el universo, de sus peculiaridades espirituales, hábitos, modos de ser, estilos de vida y aun de sus propias instituciones sociales y políticas.
El cine y el turismo norteamericano son, quizá, los ejemplos clásicos que pueden traerse a colación. Ambos, en virtud de las leyes sociológicas de la imitación, han dado lugar a una vasta tendencia reproductora de lo norteamericano, en lugares y pueblos geográficamente remotísimos entre sí; y que se manifiesta en una amplia gama imitativa que va desde el beber “Coca Cola” hasta el repetir, en las estructuras políticas, el sistema federativo y presidencial yanqui.
Esto que se dice de lo norteamericano, alcanza también a lo ruso o a lo inglés; sobre todo para los tiempos de la próxima posguerra.
Semejantes influencias, excesivamente vigorosas –y haciendo abstracción del valor intrínseco de su contenido- traen aparejado el peligro de acarrear, tal vez -si otros factores de equilibrio no se utilizan con inteligencia-, un uniformismo poco provechoso para la existencia del hombre en lo porvenir. Esta puede tornarse, en lo anímico y en lo social, de una gris monotonía esteparia; falta de saludables diversificaciones, de contrastes, de variedad en las cualidades y estilos de vida de los pueblos, cosas que han dado precisamente a la Historia mucho de su grandeza y fecundidad. Tal “estandarización”, sin asomo de duda, frustraría una de las más espontáneas, arraigadas y encomiables tendencias de la especie: el de la defensa de la propia personalidad, si ésta se resuelve en concertada, fructífera asociación con las demás personalidades, ya físicas, ya morales.
Se trata, en suma, en el fondo, de la conservación de la diversidad objetiva de las naciones, dentro de la unidad moral y jurídica, y el acercamiento material, del género humano.
Bien lo ha expresado don Antonio Caso, en una de sus páginas más felices y profundas: “No es hacia una unidad incolora, fusión de todos los pueblos, hacia donde parece encaminarse la evolución histórica de la humanidad; sino, más bien, hacia una síntesis en que la armonía se produzca por la diversidad de los componentes y la solidaridad de la agrupación total; esto es, el ideal consiste no en suprimir las características de los pueblos, sino en sumarlas o combinarlas armoniosamente. En vez de una unidad pobre, una unidad varia, diversa, riquísima. Esta parece ser el desiderátum de la historia”.
Hacer frustráneo este desiderátum, por una desorbitada influencia de los países fuertes, encaminada a desleír peculiaridades de los débiles que podrían ser inestimables aportaciones, muchas veces, el patrimonio ecuménico, no puede resultar provechoso para nadie; ni siquiera para los fuertes, si entienden su verdadera convivencia. Deben, en consecuencia, los unos, reducir a términos de moderación sus influencia. Los otros, obrar sagazmente en todos los campos para afirmarse a sí mismos: en lo suyo, en sus perfiles y fronteras psíquicas e institucionales, en cuanto tengan de válido, excelso, digno de perennidad,
Si tal se logra, el mundo se habrá asentado en una solidaridad, en que lo vario y lo uno se vivifiquen en bella reciprocidad sinérgica.
Comentarios
Publicar un comentario